La probabilidad de hospitalización en el primer año de vida es mayor en los menores que en los primogénitos. El perjuicio se nota incluso en el éxito académico y los ingresos económicos, según un estudio en población danesa

Un hermano o hermana mayor puede ser faro y losa para quien vive a la sombra, o al amparo, de esta figura que siempre habrá llegado un poco antes a todo. Hasta ahora, muchos de los estudios sobre el orden de nacimiento han buscado diferencias de inteligencia o personalidad, con resultados más o menos claros. Un nuevo estudio, firmado por N. Meltem Daysal, experta en la relación entre salud, políticas sociales y economía familiar en la Universidad de Copenhague, desvela otra causa para la reiterada observación de que los hijos menores suelen tener peores condiciones socioeconómicas.

“A menudo, esto se ha atribuido a diferencias en la inversión de los padres en tiempo y recursos a medida que aumenta el tamaño de la familia. Por otro lado, la ciencia muestra que los impactos adversos en etapas tempranas pueden tener efectos duraderos en el capital humano y en los resultados socioeconómicos. Sin embargo, aún no se había planteado que la penalización asociada al orden de nacimiento pudiera manifestarse, en parte, a través de enfermedades y con los hermanos mayores como vectores de transmisión”, argumenta la profesora de Economía a EL PAÍS.