La Segunda República, tras el asesinato de Federico García Lorca, omitió su homosexualidad. Así, en la Elegía a un poeta muerto, obra de Luis Cernuda publicada en la revista Hora de España durante la guerra civil, una estrofa aparecía censurada por deseo del propio autor, que no quiso reproducir unos versos que aludían a los “desnudos cuerpos bellos” de “radiantes mancebos” que tanto había amado Federico. Tampoco al franquismo, claro, le interesó su orientación sexual. Aunque sorprende que, una vez muerto el dictador, ese silencio no solo se extendiese durante la Transición, sino hasta mediados de los años ochenta. ¿Por qué ocultar que Lorca era gay?PublicidadVarios autores coinciden en que esa experiencia es necesaria para comprender plenamente una parte de su poesía y de su teatro. Paul Binding, en Lorca: The Gay Imagination, reinterpreta su obra desde su identidad homosexual, cuya conciencia apuntala durante su estancia en Nueva York. Antes, según el crítico inglés, su deseo estaba reprimido, de modo que aparecía en sus textos oculto por el velo del simbolismo. Ángel Sahuquillo, en Federico García Lorca y la cultura de la homosexualidad, denuncia el mutis de la crítica ante las referencias homoeróticas, así como la censura y la destrucción de algunas obras. Y Carlos Jerez Farrán, en Un Lorca desconocido: análisis de un teatro irrepresentable, asegura que El público supone una confesión explícita de su orientación sexual.“La prueba acaso más elocuente de lo difícil e incómoda que resultaba la homosexualidad de Lorca, incluso para personas progresistas, fue el trato acordado a la magnífica Elegía a un poeta muerto de Cernuda”, escribe el historiador e hispanista Ian Gibson en el ensayo Lorca y el mundo gay, donde recuerda los elogios de Vicente Aleixandre a Sonetos del amor oscuro, “prodigio de pasión, de entusiasmo, de felicidad, de tormento, puro y ardiente monumento al amor, en que la primera materia es ya la carne, el corazón, el alma del poeta en trance de destrucción”. Versos que el granadino no vería publicados y cuya lectura llevaron a Aleixandre a exclamar: “¡Cuánto ha tenido que amar, cuánto que sufrir!”.El poemario tardaría medio siglo en imprimirse de forma clandestina bajo el título Sonetos del amor oscuro (1935-1936), lo que llevaría a la familia de Lorca, que conservaba el original, a publicarlo en el diario ABC meses después, en 1984, pero suprimiendo el adjetivo oscuro, cuando queda claro que la persona a la que se dirige el poeta es un hombre. “Hasta mediados de los años ochenta ningún crítico o lorquista español estaba dispuesto a decir públicamente que Lorca era gay, y que incumbía tener en cuenta tal circunstancia a la hora de analizar su vida, su obra y su muerte. La razón principal, inconfesable: si lo hacían se les cerraba probablemente el acceso al archivo del poeta”, asegura Ian Gibson en su libro, donde señala que el propio Francisco García Lorca se resistía a admitir la homosexualidad de su hermano, un tema “totalmente tabú” también para Isabel García Lorca.Resulta curioso cómo los firmantes en aquel número del suplemento Sábado Cultural del ABC dedicado a los Sonetos del amor prescinden en sus textos del término homosexual, pese a que el destinatario de los poemas era claramente un varón, probablemente Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y amante de Lorca. Un detalle que llamó la atención de Vicente Aleixandre, como atestiguó en Los cuadernos de Velintonia, que recogen las conversaciones entre José Luis Cano y el Nobel entre 1951 y 1984.Publicidad“Lo curioso es cómo en todos los artículos que acompañan a los sonetos se evita cuidadosamente la palabra homosexual, aunque se aluda a ello, pues nadie ignora que esos sonetos no están dedicados a una mujer”, afirma el autor del poemario La destrucción o el amor. “Se ve que todavía esa es palabra tabú en España, en ciertos medios, como si el confesarlo fuese un descrédito para el poeta. Todo eso viene de muy antiguo, de cuando la Inquisición quemaba vivos a los culpables del delito nefando”.También se quejó Alberto Lacerda en Los ‘Sonetos del amor oscuro’, casi cincuenta años después, un artículo publicado en 1987 en el Boletín de la Fundación Federico García Lorca. “Dirijámonos a los textos sin prevención, olvidando anécdotas, piraterías editoriales, olvidando de momento el adjetivo que lamentablemente uno de los comentaristas de este número de ABC encuentra degradante; el adjetivo es: homosexual”, escribe el poeta portugués tras denunciar la eliminación del término, pese a que Aleixandre negaba que "amor oscuro" tuviese una única connotación gay. También era, según el Nobel, "el amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, no correspondida o mal vivida”, como le comentó a Ian Gibson en una entrevista en 1982.La homosexualidad de LorcaA partir de mediados de los años ochenta, “la crítica lorquiana española empezó a superar paulatinamente su arraigado problema” con la orientación sexual del granadino, indica el autor del libro Lorca y el mundo gay, quien lamenta que en 1987 una prestigiosa editorial publicase dos ediciones críticas de Poeta en Nueva York y El público donde "se eludió rigurosamente cualquier comentario sobre la homosexualidad del poeta y su relación con la obra”.Publicidad“Durante décadas la homofobia u homoadversión imperantes en esta sociedad se encargaron de hacer dificultosa y arriesgada la tarea [de leer a Lorca con mayor conocimiento de causa, sin los remilgos y las pudibundeces de antes]”, concluye el hispanista. "Había que proteger el buen nombre del poeta, renunciar a hurgar en su intimidad, distinguir entre la obra y la vida, etc. El problema es que los coletazos están todavía con nosotros”, advierte Ian Gibson, en referencia al diario de Carlos Morla Lynch, "un remedo aguado y desangelado del original"."No es correcto que se le siga negando su sexualidad", cree Ian Gibson, quien recuerda en su libro las palabras de Jesús Generelo, en su día coordinador de Educación de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), respecto al “obstinado silencio oficial” sobre su orientación sexual: "En la mayoría de las clases se pasa de puntillas por la homosexualidad de Federico García Lorca o de Oscar Wilde, cuando es casi imposible entender buena parte de su obra si no se explica su identidad sexual".Pese a los avances, pasarán los años y nos encontraremos con exabruptos como el de Camilo José Cela en el centenario del nacimiento de Lorca en 1998: "Ojalá dentro de cien años los homenajes a Lorca sean más sólidos, menos anecdóticos y sin el apoyo de los colectivos gais. No estoy a favor ni en contra de los homosexuales, simplemente me limito a no tomar por el culo". Las reacciones contra el autor de La colmena fueron furibundas, como recuerda en su ensayo Ian Gibson, quien concluye: "Es hora ya de aceptar al poeta en su compleja y fascinante integridad. Solo así se le honrará como merece".