La crisis del gas explotó en pleno corazón de la Argentina. A las advertencias tempranas de los empresarios tucumanos, desoídas por el Gobierno, por faltante y cortes del suministro en plena producción estacional, ahora se conoció que su reemplazo existe, pero es tan costoso que su precio se dispara hasta nueve veces del valor original. Pero ya no es sólo el Norte Grande que sufre hoy, incluso sin un invierno crudo, la interrupción del servicio, sino que Córdoba también está entrampada en una encerrona productiva, que obligó a apagar hornos y motores, en medio de denuncias por falta de seguridad jurídica por el incumplimiento de contratos firmes y semifirmes.

La Unión Industrial de Tucumán (UIT) advirtió que los faltantes en el suministro de gas “comprometen la producción, el empleo y la competitividad de las economías regionales”. Lo que generó malestar en la cúpula fabril es que estas restricciones ya ocurren incluso “sin registrarse temperaturas extremas que justifican una situación de emergencia”. Para las fábricas del Norte Grande, esta escena es recurrente y dejó en evidencia un déficit de infraestructura que el paso de las administraciones no logró subsanar.

Sucede que esa región argentina es la principal perjudicada por las falencias del sistema. La realidad que expusieron desde Tucumán es contundente: las empresas enfrentan “costos extraordinarios, llegando incluso a pagar por gas importado valores cercanos a los 27 dólares por millón de BTU, mientras en otras regiones del país ese mismo insumo ronda los 3 dólares”. Esta brecha de precios, que alcanza una diferencia de hasta nueve veces, expulsa a la producción local de cualquier esquema de competitividad y profundiza la asimetría histórica con el centro del país.