Ciudad de México / 01.07.2026 16:34:00
M+.- La decisión de Estados Unidos de no extender el TMEC no debería sorprender a nadie: ninguna de las tres partes llegaba a este 1 de julio con un acuerdo cerrado. Lo relevante no es que Washington haya dicho que no —eso era el escenario más probable desde hace meses—, sino lo que ese "no" empieza a revelarnos sobre los escenarios que vienen.Primero, lo que no cambia. El tratado no se termina hoy. Al no confirmarse una extensión, se activa la cláusula de revisión que el propio Trump introdujo en su primer gobierno como una herramienta de presión permanente. En lugar de una prórroga de 16 años, entramos a un ciclo de revisiones anuales que puede extenderse hasta por una década, con la posibilidad de pactar una extensión en cualquier momento de ese proceso. Si para 2036 ninguna de las partes ha cedido, el acuerdo vence de forma automática. Cualquier país, además, puede retirarse unilateralmente con seis meses de aviso, aunque nada indica que sea la ruta que alguno de los tres busque tomar.Lo que hemos visto hasta ahora es un proceso desigual. La negociación sustantiva se ha dado casi exclusivamente entre México y Estados Unidos, con dos rondas ya cerradas y una tercera prevista para el 20 de julio, mientras Canadá ha quedado relegada a conversaciones informales. No es casualidad. Estados Unidos ha optado por negociar bilateralmente con cada socio —una estrategia que ya usó al cierre de las negociaciones originales del TMEC— y México y Estados Unidos están, hoy, unidos menos por una convicción compartida de integración que por una interdependencia económica difícil de desmontar y por una frontera de casi tres mil kilómetros que obliga a gestionar la relación día a día.Un futuro sin acuerdo sigue siendo el escenario menos probable. Los estados que respaldaron a Trump en 2024 son, en términos generales, más dependientes de la manufactura integrada con México que los estados demócratas. Romper el tratado sería costoso no solo para la economía estadounidense, sino políticamente para el movimiento MAGA de cara a las intermedias de noviembre.¿Qué podemos esperar entonces? El TMEC continúa vigente y México sigue gozando de sus beneficios. La gran mayoría de las exportaciones mexicanas que cumplen reglas de origen siguen entrando a Estados Unidos libres de arancel. Pero esa protección tiene límites claros. Los aranceles de la Sección 232 —justificados por seguridad nacional y aplicados a acero, aluminio, cobre, automotriz y madera— y los de la Sección 301 —dirigidos a lo que Washington considera prácticas comerciales desleales, sobrecapacidad industrial y triangulación de origen chino— siguen vigentes independientemente de lo que ocurra con el tratado. El TMEC protege el flujo general de comercio; no protege a los sectores que Washington ha decidido tratar como asunto de seguridad económica.Leer entre líneasPensar en un futuro sin estos aranceles sería ingenuo, incluso si en 2028 ganara la presidencia un demócrata. El mundo sin aranceles ya no existe, y el modelo económico que impuso Trump seguirá operando con o sin él en la Casa Blanca; lo que cambiará será la narrativa y la forma de administrar ese nuevo orden, no su sustancia. Prueba de ello es que la administración Biden, con un discurso mucho menos beligerante, mantuvo en los hechos una postura similar a la de Trump frente a China. Estamos ante un modelo económico distinto y probablemente duradero, y ahí es donde México tiene una decisión estratégica que tomar.El propio representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ha señalado su intención de preservar el TMEC como marco general mientras construye protocolos bilaterales adicionales con cada socio, precisamente para evitar el paso por el Congreso que exigiría una modificación mayor al tratado. Eso abre una puerta: México podría negociar un acuerdo bilateral que se construya sobre el piso ya existente del TMEC, capitalizando una ventaja competitiva frente al resto de los socios comerciales de Washington… incluida Canadá.Ese camino, sin embargo, no llegará gratis. Un acuerdo así limitaría el margen de México para diversificar sus relaciones comerciales, profundizaría una interdependencia ya de por sí asimétrica y trasladaría más presión a una relación bilateral que no siempre ha sido fácil de administrar. Y exigiría del gobierno de Morena concesiones que hasta ahora no ha estado dispuesto a ofrecer: no tanto económicas, como políticas.Yussef Farid Núñez es analista de riesgos políticos y geopolítica.






