La tarde futbolística comenzó enrarecida. Una tormenta eléctrica retrasó una hora el inicio del juego. La pausa hizo que la tensión creciera. Sin embargo, cuando el cielo se despejó fue el aviso de lo que sería una noche histórica para la selección. México tomó el balón, propuso el juego contra Ecuador y lo resolvió pronto con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez.Te puede interesar: México rompe la barrera de 40 años y vuelve a ganar una eliminatoria mundialistaAsí continuó con su sueño como anfitrión de la Copa del Mundo y dejó lecciones que marcan su camino hacia lo que viene.Los detalles de la última vez que México ganó un juego de eliminación directa se sienten muy lejanos. Era 15 de junio de 1986 en el Estadio Azteca: Manuel Negrete anotó una tijera que se ha convertido en una pieza de memorabilia para la FIFA. Minutos después Raúl Servín anotó de cabeza para sellar el 2-0 contra Bulgaria.Desde entonces, México quedó eliminado en siete ocasiones consecutivas en las rondas de vida o muerte. Esta vez el quinto partido no son los cuartos de final, sin embargo, México se quitó de la espalda una losa histórica.México continúa con marca perfecta en su Mundial. Cuatro juegos, cuatro victorias. Sin embargo, la hazaña va más allá, pues iguala marcas de equipos legendarios que están escritas en los libros de récords: en 1986 Brasil logró esa misma racha victoriosa con tres triunfos en la primera ronda y una más en su partido de octavos de final. Todo eso sin permitir gol. Lo mismo hizo Italia cuando logró cuatro victorias con su portería limpia en la Copa del Mundo que jugó en casa en 1990. Ahí se sitúa el buen paso de México, que ha operado con eficiencia su sistema defensivo y ha encontrado seguridad con Raúl “Tala” Rangel. México tiene ocho goles a favor y ninguno en contra.Con los goles de ayer ante Ecuador, la selección empató su mejor marca goleadora en la historia de las Copas del Mundo. El equipo nacional ha anotado en todos sus juegos. Primero, 2-0 contra Sudáfrica, 1-0 contra Corea, 3-0 ante Chequia y finalmente el doblete contra los ecuatorianos. Hasta ahora su cosecha más nutrida había sido en Francia 98, en la que anotó ocho veces. La balanza se vuelve virtuosa cuando se hace la cuenta de que México no ha recibido goles por primera vez, un hecho inédito en la estadística nacional.Los 90 minutos del juego contra Ecuador fueron una confirmación de la química interna que transpira el equipo nacional. Javier Aguirre ha puesto en el campo a 25 de los 26 jugadores convocados y esa gestión ha hecho que los jugadores declaren que son “una familia”. La cercanía entre el equipo mexicano y la afición crece exponencialmente cada partido. El gol de Julián Quiñones al minuto 22 marcó el apoyo incondicional del Estadio Ciudad de México. Sin embargo, el verdadero romance se hizo evidente tras el silbatazo final. Los jugadores se quedaron en la cancha cerca de 20 minutos y con ellos la afición apoyó, cantó y bailó. La fiesta apenas empezaba.