Bajad las armasNuestro murciano es un hombre sencillo que ha hecho sencillamente lo que hay que hacer: llamar a la Polic�a y comunicar el hallazgo del Sorolla perdidoAndr�s Hurtado, en su casa, con el Sorolla que encontr�.EFEActualizado Mi�rcoles,
julio
19:38Audio generado con IAEl h�roe de la historia naci� en Murcia hace 57 a�os y pasa unos d�as de vacaciones en Sevilla. Nuestro murciano cobra un subsidio porque ha perdido su empleo en el supermercado donde ha trabajado durante 33 a�os, as� que no va precisamente sobrado de dinero. Es un hombre sencillo, alegre y bueno en el buen sentido de la palabra, como se ver� a continuaci�n.Una tarde de s�bado pasea de regreso a su hotel soportando la can�cula sevillana cuando tropieza con un cuadro de Sorolla tirado en la calle. Es una de esas marinas que abocetaba a toda velocidad el artista valenciano, graduando en dos trazos la luz del crep�sculo sobre la espuma del mar. Pero a nuestro turista en paro no le llama la atenci�n la pintura tanto como el marco dorado. As� que lo recoge y se lo lleva. Intuye un cierto valor, aunque no sospecha la cifra. Al d�a siguiente, mir�ndolo con m�s calma, descubre la firma en la esquina inferior derecha. �Ser�a realmente un Sorolla?Primero recurre a la Inteligencia Artificial para descartar la hip�tesis m�s probable: una falsificaci�n. Despu�s manda unas fotos a una casa de subastas. Le responden con una oferta de 150.000 euros. No parece mala forma de tentar a un hombre que despu�s de tres a�os en paro ha perdido tambi�n la vivienda en la que viv�a. Ya se imagina pagando la entrada de una casa nueva cuando esa tarde lee en el tel�fono la noticia: matrimonio de Sevilla denuncia la desaparici�n de un cuadro de Sorolla que se dejaron olvidado en la acera mientras cargaban el coche para irse de veraneo. Su cuadro.Entonces el hombre sencillo hace sencillamente lo que hay que hacer. Llama a la Polic�a y comunica el hallazgo de la obra perdida, que este mi�rcoles fue devuelta a sus agradecidos propietarios metida en una bolsa que compr� en un bazar chino.Nuestro murciano se llama, por cierto, Andr�s Hurtado. Es el mismo nombre que P�o Baroja invent� para el protagonista de su mejor novela, El �rbol de la ciencia.-Lo que hace a la sociedad malvada es el ego�smo del hombre, y el ego�smo es algo natural, es una necesidad de la vida -le dice en un pasaje de la novela el t�o Iturrioz, que es un nihilista, a su sobrino Andr�s, que a�n cree en el progreso.Puede que el ego�smo sea lo natural. Pero hasta la legendaria misantrop�a de don P�o tiene que aceptar que no menos natural es el impulso �tico que anida en el com�n de los mortales. Esa secreta mec�nica del esp�ritu que mueve a la m�s ordinaria de las conciencias a hacer lo correcto.












