Ciertos lemas libertarios fundacionales envejecieron mal. Y rápido. La lucha contra la casta. El Congreso como un nido de ratas. La irresponsabilidad de los gobernadores. Todo ello ha sido dejado de lado progresivamente, en nombre de hacer de Javier Milei un político profesional, cuya graduación quedó consumada con el ascenso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete. Acaso esa progresión mileísta resulta más producto de la necesidad que del convencimiento. Entre el dilatado escándalo en torno a Manuel Adorni y la proximidad del año electoral en el que se juega la reelección, sin que la economía “vuele” aún para la mayoría de los votantes, se pueden hallar algunas de las razones de la mutación. Tampoco convendría caer en la tentación de creer que recién ahora Milei se volvió pragmático. En todo caso, fue lo suficientemente hábil para disimularlo detrás de sus consignas económicas, en las que se concentra su dogmatismo. “Soy loco pero no como vidrio”, admitió en varias oportunidades siendo Presidente.
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