Una quedada después del trabajo, una cena especial, una fiesta de verano o una escapada de fin de semana son momentos de desconexión en los que el alcohol es a menudo un invitado invisibilizado pero presente. Por eso, cuando uno de los miembros de una pareja decide dejar de beber, el impacto no es solo individual, afecta a rutinas normalizadas.

“Hay que entender que no es solo una decisión de abstinencia o moderación, sino un cambio en el contexto relacional”, afirma José Antonio Tamayo, psicólogo sanitario en Activa Psicología y especializado en adicciones. “Ese cambio necesita tiempo, comprensión y ajustes prácticos”, añade.

La comunicación

El primer paso importante es el modo en el que se comunica la decisión, para evitar que el otro se sienta juzgado o atacado, el psicólogo recomienda un enfoque personal. “Conviene explicar la decisión en primera persona: qué me preocupa, qué he observado, qué necesito cambiar y qué tipo de apoyo me ayudaría”, explica el psicólogo. “Es distinto decir: ‘tú también deberías dejar de beber’, que decir: ‘yo necesito dejar de beber porque me he dado cuenta de que no me está sentando bien”, matiza.

Explicar la decisión en primera persona y ser concreto sobre qué tipo de apoyo se necesita ayuda, según Tamayo, a que la pareja comprenda su papel. “Para que la pareja pueda ser un apoyo, necesita saber qué se espera de ella. Muchas personas quieren ayudar, pero no saben cómo. El apoyo no consiste necesariamente en controlar, vigilar o prohibir, sino en facilitar el cambio: respetar la decisión, no minimizarla, no presionar, no bromear con el tema y estar disponible en momentos de dificultad”, comenta el experto.