Armando Valentín King fue uno de los personajes más singulares de la historia de Córdoba. Vivió durante décadas en barrio General Paz y alcanzó notoriedad nacional por su actividad como radiestesista y rabdomante, una práctica que, según sus seguidores, permitía detectar agua, minerales, objetos e incluso personas mediante el uso de un péndulo o una varilla.

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Su historia comenzó antes de su nacimiento. Su padre, Maquino Kinzo, fue el primer japonés que llegó a la Argentina, en 1886, y dos años después se radicó en Córdoba. Proveniente de Okinawa y con experiencia como samurái, hablaba inglés gracias a un viaje desde Liverpool, lo que le permitió incorporarse a los talleres ferroviarios instalados en la ciudad.

Al establecerse en Córdoba adoptó el nombre de Miguel King y formó una familia junto a Amalia Rodríguez. El matrimonio tuvo tres hijos: Roger, Pedro y Armando Valentín, quien nació el 14 de febrero de 1902, día de San Valentín.

Con el paso de los años, Armando descubrió sus habilidades en la radiestesia tras conocer al capitán británico Boothby, quien visitó una mina de oro en San Ignacio de Punilla donde King trabajaba como administrador. A partir de entonces comenzó a desarrollar esa práctica y ganó reconocimiento en distintos puntos del país.