La cuesti�n es c�mo gestionamos una fuente de riqueza y empleo indudable, pero reconociendo sus impactos econ�micos y sociales.Cuando empieza el verano es habitual que los expertos en turismo se vean interpelados a contestar la pregunta cl�sica: �Cu�ntos turistas vendr�n a Espa�a este verano? El a�o pasado, el debate giraba en torno a si el pa�s lograr�a alcanzar la cifra de 100 millones de turistas internacionales. Finalmente, el a�o que se cerr� con 96,8 millones de visitantes y un crecimiento del 3,8%. Los �ltimos datos de la Encuesta de Movimientos Tur�sticos en Frontera reflejan que, en lo que va de a�o, el n�mero de turistas internacionales ha crecido cerca de un 3,4%. Si durante los meses de verano se mantiene esta tendencia, alcanzar los 100 millones dejar�a de ser una hip�tesis para convertirse en una realidad al cierre del ejercicio.Pero este no ser� un verano cualquiera. Confluyen diversos acontecimientos y fen�menos que no siempre se mueven en una �nica direcci�n. El primer elemento es la incertidumbre geopol�tica que el conflicto en Oriente Pr�ximo ha generado. La percepci�n de seguridad en destinos como Catar, Bar�in o Emiratos �rabes Unidos ha ca�do en picado, con un efecto contagio a pa�ses como Egipto y, especialmente, Turqu�a. Es importante destacar que buena parte de los viajeros que eligen estos destinos proceden de Alemania, Italia o Reino Unido, precisamente algunos de los principales emisores de turismo a Espa�a. En este contexto, es esperable un efecto sustituci�n: parte de esa demanda podr�a desplazarse hacia destinos percibidos como comparables en clima, oferta y conectividad, pero con una percepci�n de riesgo menor. Espa�a aparece bien posicionada para captar parte de este flujo adicional, lo que podr�a sostener -o incluso superar- el ritmo de crecimiento observado el verano anterior.El conflicto tambi�n tiene una cara menos favorable. La tensi�n en Oriente Pr�ximo encarece, de forma notable, el precio del combustible, con un impacto directo en lo que pagamos por las vacaciones. Antes del conflicto con Ir�n, el precio del combustible para aviones, el queroseno, estaba en 831 d�lares por tonelada, actualmente se sit�a cerca de 1.200 d�lares. Una parte del aumento del coste se traslada a precios finales. Las vacaciones se han convertido en algo a lo que no queremos renunciar, y es m�s f�cil que los turistas ajusten d�as de estancia, destino o recorten otros gastos antes que renunciar a unos d�as de vacaciones. Pero un mayor precio del paquete de servicios que el turista demanda tambi�n influye en c�mo se distribuye el gasto final del turista.El coste de la incertidumbreM�s all� del precio del transporte, la incertidumbre geopol�tica, en particular el conflicto en Oriente Pr�ximo se alarga en el tiempo sin vislumbrar un final claro. Esta incertidumbre pol�tica tiene un coste econ�mico directo, afecta a los mercados financieros, a la inversi�n, a las expectativas empresariales, y cuando el aumento del precio de la energ�a se traslada al conjunto de bienes y servicios que consumimos, erosiona el poder adquisitivo de las familias. Y ah� s� aparece un impacto en la decisi�n de gasto. Cuanto m�s dure el conflicto internacional, peor para el turismo y tambi�n para Espa�a.Otro elemento que influye, y de hecho ser� decisivo en largo plazo, es el cambio clim�tico. El turismo implica realizar muchas actividades de ocio al aire libre y cuando las temperaturas superan cierto umbral impacta de manera negativa en la experiencia del turista. El an�lisis de los datos de ciudades del sur de Europa, destinos tur�sticos de Espa�a tanto del norte como del sur para el per�odo 2015-2025 confirma que el aumento de las temperaturas m�ximas tiene un impacto sobre el grado de ocupaci�n hotelera. Una estimaci�n razonable apunta a que, en algunos destinos mediterr�neos, por cada 1�C de aumento de la temperatura m�xima, la ocupaci�n hotelera disminuye cerca de dos puntos porcentuales. Aunque el efecto parezca peque�o no dejamos de registrar aumentos de temperatura y olas de calor que pueden reconfigurar la competitividad de los destinos tur�sticos, con efectos asim�tricos, perdedores y ganadores. Por ejemplo, regiones del norte de Espa�a ya est�n observando un aumento del flujo de turistas y gozan de un modelo menos estacional que destinos de sol y playa.Comenzaba este art�culo hablando de los hipot�ticos 100 millones de visitantes, y ah� radica un problema a�adido: la m�trica para analizar el turismo. La contribuci�n econ�mica del turismo, en t�rminos de PIB y empleo, no depende solo del volumen, sino tambi�n del gasto por turista. El turismo impacta en el crecimiento econ�mico, pero no de forma lineal. Llegado un punto, la presi�n sobre recursos naturales, el impacto para los residentes, por ejemplo, en t�rminos de vivienda, lleva a que una parte de la poblaci�n cambie su opini�n con respecto al turismo.Por eso, el debate no es turismo s� o turismo no. La cuesti�n es c�mo gestionamos una fuente de riqueza y empleo indudable, pero reconociendo sus impactos econ�micos y sociales. La oferta tur�stica de Espa�a, tanto desde la perspectiva hotelera, como restauraci�n y servicios a�adidos ha dado un salto de calidad innegable en las �ltimas d�cadas. Somos una potencia tur�stica, eso es innegable. Ahora toca gestionar de forma eficiente ese �xito.Este ser�, probablemente, un buen a�o en t�rminos de cifras. Pero el verdadero desaf�o est� m�s all� del n�mero de visitantes: gestionar mejor la estacionalidad, avanzar hacia modelos tur�sticos m�s sensibles al bienestar de los residentes y prepararnos para afrontar retos ineludibles como el impacto del cambio clim�tico. En todo caso, queridos lectores, les deseo un muy buen verano y un merecido descanso.Pedro Aznar, Profesor del Departamento de Econom�a, Finanzas y Contabilidad de Esade
�Qu� esperar del turismo este verano?: geopol�tica, precios y cambio clim�tico
Cuando empieza el verano es habitual que los expertos en turismo se vean interpelados a contestar la pregunta cl�sica: �Cu�ntos turistas vendr�n a Espa�a este verano? El a�o...
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