La inflación de la eurozona se moderó hasta el 2,8% en junio, según la estimación preliminar publicada este miércoles por Eurostat. La cifra pone fin a cuatro meses consecutivos de incrementos en el índice de precios al consumo (IPC) y llega apenas unas semanas después de que el Banco Central Europeo (BCE) elevara los tipos de interés por primera vez en casi tres años, una decisión adoptada en respuesta al repunte de los precios en lo que va de año y al riesgo de que las tensiones energéticas alimentadas por la guerra en Oriente Próximo terminen extendiéndose al conjunto de la economía.El dato supone un cambio de tendencia tras un arranque de año con aumentos continuos, que habían llevado a los mercados a descontar un endurecimiento de la política monetaria. Entre febrero y mayo, la inflación pasó de niveles próximos al objetivo del 2% a alcanzar el 3,2%, impulsada principalmente por el fuerte encarecimiento de la energía tras el cierre del estrecho de Ormuz y las tensiones en el suministro del petróleo y del gas. El temor del BCE es que esa crisis energética termine contaminando los precios de los servicios, los alimentos y los bienes industriales, lo que provocaría un nuevo incremento del índice general. Ese escenario es el que llevó al BCE a subir el precio del dinero en 0,25 puntos básicos, hasta el 2,25%, poniendo fin a un año de pausa en el ciclo monetario (los tipos se habían mantenido en el 2% desde junio del año pasado). La presidenta de la institución, Christine Lagarde, defendió la primera alza de tipos en tres años asegurando que era una “señal necesaria” y que “el principal riesgo sería no tomar este tipo de decisiones”. “Si dejas a la inflación avanzar sin control es más difícil hacerla retroceder luego hasta el objetivo. La decisión correcta es subir los tipos”. aseguró. La volatilidad que aqueja el escenario internacional ha llevado a la mayoría de organismos internacionales a anticipar en sus previsiones cómo se comportarían los precios en caso de que se mantuviese el fuego cruzado en Oriente Próximo. En el caso del BCE, señaló que un repunte en el barril de petróleo y el gas natural podría llevar el IPC hasta el 6,3% en el tercer trimestre de 2027, aunque de momento el brent está dando un respiro en los mercados internacionales.La moderación de la inflación en junio no elimina estas incertidumbres, pero sí reduce, al menos de momento, la urgencia de Fráncfort por ajustar los tipos de interés. El descenso hasta el 2,8% en el conjunto de la zona euro sugiere que el repunte observado en primavera podría haber sido menos persistente de lo que se temía. Pese a ello, la evolución de los precios energéticos será determinante para comprobar si la desaceleración responde a un cambio de tendencia o únicamente a una corrección puntual tras varios meses de tensión.La contención del IPC en junio ha sido visible en las dos mayores economías del bloque, un factor que contribuye a aliviar la presión sobre el conjunto de la eurozona. Según los datos publicados por Eurostat, la tasa de Francia descendió hasta el 2%, mientras que la de Alemania se situó en el 2,4%, ambas por debajo de los registros de mayo. Dado el peso que representan estas dos economías en el PIB del bloque, su desaceleración refuerza la idea de que las presiones sobre los precios podrían haber empezado a remitir. En España, la evolución ha sido menos favorable que en el conjunto de la eurozona. La tasa se situó en junio en el 3,2%, según el dato adelantado publicado esta semana por el Instituto Nacional de Estadística. Es el tercer mes consecutivo en el que el país registra el mismo nivel de incremento en los precios, esquivando el repunte que algunos analistas anticipaban tras la retirada parcial de las ayudas energéticas, pero a la vez manteniendo tasas superiores a la media del bloque, lo que resulta lógico porque también el crecimiento económico (que tiende a alentar la inflación) de España es muy superior al de la mayoría de sus vecinos. La subida del IVA de la electricidad y del gas y la recuperación del Impuesto Especial sobre la Electricidad elevaron la factura de los hogares españoles en junio, pero ese efecto se vio en parte compensado por el abaratamiento de los carburantes, favorecido por la caída del precio del petróleo tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán. El resultado ha sido una inflación más contenida de lo esperado, aunque la estimación armonizada de Eurostat sitúa a España entre las economías que registran las mayores presiones inflacionistas con un 3,6%. Lituania y Bulgaria, con un 5,5% y un 5,3%, respectivamente, lideran los incrementos de precios. Malta (1,9%) es el país donde parecen más controlados.El BCE ha insistido en que el ajuste monetario llevado a cabo el mes pasado no responde únicamente al nivel de inflación, sino al riesgo de que esta se enquiste en la economía. Si las próximas publicaciones muestran una continuidad en la moderación de precios, el margen para nuevas subidas de tipos podría reducirse. En cambio, si la energía vuelve a presionar los precios o la inflación subyacente mantiene una resistencia elevada, el banco central tendrá que hacer equilibrios para contener los precios sin asfixiar el crecimiento de una economía europea que todavía muestra signos de debilidad.