Taiwán. Corrupción. Ejército. Desarrollo tecnológico. El discurso del presidente chino, Xi Jinping, por el 105º aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, la organización que gobierna China desde 1949, ha tocado todos los grandes asuntos que obsesionan al líder que dirige de forma incontestable el gigante asiático desde 2012.“Resolver la cuestión de Taiwán y lograr la reunificación completa de la patria constituye una misión histórica con la que nuestro partido permanece inquebrantablemente comprometido”, ha señalado Xi en un acto conmemorativo celebrado este miércoles en el Gran Salón del Pueblo, el enorme edificio ubicado en un lateral de la plaza de Tiananmen y habitualmente reservado para los grandes acontecimiento políticos. Sus palabras sobre la isla autogobernada, que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio, y a la que Estados Unidos presta apoyo militar, no son en realidad nada nuevo. Pero, con el voluble panorama geopolítico actual, siempre conviene estar al tanto de los matices. A su homólogo estadounidense, Donald Trump, cuando estuvo en mayo de visita en Pekín, Xi le recordó que Taiwán es una línea roja gruesa e intocable, y el magnate republicano regresó a Washington asegurando que no tenía pensado dar alas a una eventual independencia de la isla. Xi ha reclamado este miércoles “combatir resueltamente a las fuerzas separatistas partidarias de la independencia de Taiwán” y “oponerse a la injerencia de fuerzas externas”. También ha hecho un llamamiento a unir a la amplia mayoría de los compatriotas de Taiwán y a profundizar la cooperación entre ambas orillas del estrecho. El discurso ha sido, como es habitual en el líder chino, profuso en mensajes sobre la dureza del camino y la necesidad de seguir plantando cara a la corrupción. Ha pedido “promover el espíritu de lucha”, ejercer el liderazgo de las masas, perseverar en una “gobernanza integral y rigurosa” del partido y “librar con determinación la batalla ardua, prolongada y general contra la corrupción”.Este asunto es uno de sus sellos. Desde el nombramiento de Xi, en 2012, más de siete millones de cargos públicos han sido hallados culpables de corrupción y sancionados por los órganos de inspección disciplinaria y supervisión. El golpe va de la base a lo más alto, alcanzando a ministros y a buena parte de la cúpula militar, en un movimiento que algunos analistas interpretan también como una forma de arrinconar a posibles rivales políticos, y de garantizar su legado. “Es imprescindible”, ha enfatizado Xi, “mantener la dirección absoluta del partido sobre el Ejército Popular”. El Partido Comunista Chino cumple 105 años al frente de un país de más de 1.400 millones de habitantes, la segunda potencia del planeta, cuya renta per capita ronda los 13.500 dólares anuales (unos 11.800 euros), según el Banco Mundial. Una máquina exportadora con un superávit comercial que ha rebasado por primera vez el billón de euros (lo cual se está convirtiendo, a la inversa, en un problema para los importadores, por los desequilibrios que acarrea) y un crecimiento económico en fase de desaceleración, pero aún bastante por encima del de otros grandes países.China está, en cualquier caso, en proceso de búsqueda de un nuevo motor de crecimiento vinculado a los avances tecnológicos, tras el pinchazo de una gigantesca burbuja inmobiliaria. Xi ha pedido en su discurso “acelerar la configuración del nuevo patrón de desarrollo y promover sólidamente un desarrollo de alta calidad”.Mucho ha llovido desde que, en 1921, un joven Mao Zedong y otros 12 delegados fundaran el partido, con respaldo soviético, en una residencia de ladrillo gris en la concesión francesa de Shanghái. El edificio sigue en pie y se puede visitar como una atracción turística más (que de forma notoria se salta los años más cruentos del liderazgo de Mao, de las hambrunas provocadas por el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural), y sorprende ver esa rémora comunista tan rodeada de tiendas de marcas occidentales y restaurantes con comida de todo el planeta. Corren otros tiempos, a los que Xi y el resto de la cúpula suele llamar “socialismo con características chinas”. Hoy, la organización, que sigue siendo de corte marxista-leninista, según su constitución, también cuenta con la guía de lo que denomina “el Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era”, igualmente inscrito en sus estatutos a la altura de las ideas de Mao. Tiene más de 101 millones de miembros y permea todas las capas de la sociedad, desde la cúpula política de la pirámide —comandada por el secretario general, Xi Jinping, al frente del todopoderoso Politburó— hasta los 4,7 millones de células del partido repartidas por toda la geografía china. El 31,5% de los miembros, según las estadísticas oficiales, son mujeres.