La sensación de la actual Bienal de Arte de Venecia se llama Florentina Holzinger y es la representante del pabellón de Austria. Tiene 40 años, hombros de boxeadora, melena rubia de princesa y mirada desafiante. Emergió de las gélidas aguas de la Laguna izada por una grúa, completamente empapada y desnuda, colgando boca abajo del interior de una campana de iglesia que hacía sonar sacudiendo su cuerpo de un lado a otro, como si fuera un badajo de carne. Ya en el edificio de los Giardini, mujeres desnudas trepan por un mástil metálico mientras otra artista derrapa a toda velocidad con una moto acuática que levanta olas negras en un estanque putrefacto, y otra, igualmente desnuda, está sumergida durante horas, con gafas y tubo de buceo, en el interior de un tanque al que van a parar los orines de los visitantes que se alivian en un lavabo portátil situado justo a su lado.Imagen de 'Ophelia’s Got Talent', que se presenta en el Lliure GrecPara el mundo del arte Florentina Holzinger ha sido poco menos que una revelación. Pero la austriaca, bailarina, coreógrafa, ex luchadora de artes marciales y kickboxing, goza desde hace años de una reputación de estrella, aclamada en teatros y óperas de toda Europa, donde, compitiendo con los aplausos, provoca olas de desmayos e indignación con espectáculos extremos que incluyen autolesiones, perforaciones y sexo en directo, violencia, desnudez y fluidos corporales como orina y sangre. En Tanz , el espectáculo con el que irrumpió en escena en 2019, una intérprete fue suspendida en el aire con ganchos de carnicero clavados en su piel y en A Divine Comedy , una intérprete se masturbó hasta alcanzar un orgasmo explosivo. Lee tambiénDe Ophelia’s Got Talent , la obra con la que este jueves y viernes debuta en Teatre Lliure, en el marco del Grec, no es fácil salir sin salpicaduras físicas o mentales, y en Sancta, su primera ópera, de 2024, desata la libido de un grupo de monjas patinadoras que se entregan a relaciones sexuales lésbicas sin simulación. Entre el deleite y el horror, como las rabiosas performances del Accionismo Vienés, nacido en 1962 cuando Hermann Nitsch, Otto Mühl y Adolf Frohner se emparedaron durante tres días en un sótano junto a un cordero que fue sacrificado y crucificado boca abajo y cuya sangre sirvió para pintar un mural de nueve metros.Florentina Holzinger provoca olas de admiración, pero también desmayos e indignaciónHolzinger, que siempre se ha mostrado más cercana a su también compatriota Valie Export, comparte con ellos su radicalidad y su gusto por la blasfemia, el sexo, la autoexposición, las autolesiones o los restos orgánicos, aunque en su caso es la desnudez de las mujeres (casi todas lo son en sus espectáculos) la que en sus obras continúa siendo el mayor elemento de provocación. Para la creadora, poner sobre el escenario sus cuerpos al aire es una forma de cortocircuitar la larga tradición misógina del desnudo femenino, convertirlo en algo menos impactante y poderoso, aunque en Venecia más de uno los despachó como un cebo para turistas voyeurs aficionados al Aperol.