La reciente decisión de Washington de conceder a Anthropic 90 minutos para cortar el acceso a dos de sus modelos de inteligencia artificial más avanzados a todos los países del mundo salvo Estados Unidos se ha interpretado, con razón, como una advertencia del grado de dependencia del mundo entero respecto a la IA americana. Pero una advertencia solo importa si da lugar a un plan de respuesta y los que escuchamos parecen acabar en dos opciones poco convincentes: protestar contra el nuevo orden o intentar superarlo a golpe de gasto.La realidad es que protestar no va a ser suficiente para cambiar los incentivos de un Gobierno que trata el acceso a la IA como un instrumento de política de Estado, igual que las quejas sobre el privilegio de la moneda de reserva no cambiaron el comportamiento estadounidense durante la era de Bretton Woods. En cuanto a la segunda opción, gastar como locos para alcanzar el nivel de autonomía en IA que tiene Estados Unidos o China no parece factible puesto que estamos años luz de esas cifras y los presupuestos en Europa no tienen el espacio necesario para hacerlo.Esa falta de opciones nos llevaría a concluir que la brecha que Europa sigue acumulando en IA solo va a aumentar. Fingir lo contrario malgasta el tiempo que más importa: los próximos 18 meses, en los que se están fijando las normas, los contratos de suministro y las arquitecturas de datos de la era de la IA.En realidad, podría haber una tercera opción, que se inspira en dos precedentes. El primero es industrial: la forma en que Europa construyó Airbus. Ningún país europeo por sí solo habría podido igualar la escala de Boeing, así que Francia fabricó los fuselajes, el Reino Unido las alas, Alemania las secciones del fuselaje y España el empenaje de cola, todo ello coordinado bajo una única estructura de gobernanza y respaldado por un mercado lo bastante grande como para que las aerolíneas se tomaran en serio al consorcio. Cuarenta años después, Airbus vende muchos años más que Boeing. El segundo precedente es diplomático y, posiblemente, más pertinente: el Movimiento de Países No Alineados que la India, Yugoslavia, Egipto y otros construyeron durante la Guerra Fría. El no alineamiento no significaba negarse a tratar con Washington o Moscú; sus miembros comerciaban con ambos y los enfrentaban entre sí, al tiempo que cooperaban lo suficiente entre ellos como para que ninguna de las superpotencias pudiera tratar a ninguno como un cliente cautivo. Ese es el modelo más exacto en este caso. El objetivo no es romper los vínculos con la IA estadounidense o china, que seguirán siendo fundamentales para el funcionamiento de los sistemas de IA en el mundo entero. El objetivo es lograr que utilizar tecnología americana o china sea una elección y no una condición de supervivencia. Para ello va a ser necesario acumular suficiente capacidad alternativa de computación e infraestructura de datos, pero también de energía y minerales críticos, para que ninguna directiva aislada de Washington o Pekín pueda dejar a cualquier país fuera de la IA.La pregunta entonces es cómo se puede diseñar una coalición de este tipo. Para empezar parece importante que tenga un tamaño económico necesario para que sea de interés para las grandes empresas de IA o para que otras nuevas se creen. Una asociación entre la Unión Europea, la India, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Australia, Brasil, Indonesia y los Estados del Golfo tendría un PIB combinado de unos 42 billones de dólares, mucho mayor que el de Estados Unidos por sí solo. Si nos focalizamos en los siete aspectos que determinan la soberanía digital de un país concreto —desde la energía o los minerales críticos a la capacidad de cómputo, el talento o el capital— esta coalición podría alcanzar el poderío de EE UU si incluye a Taiwán y Corea del Sur en chips avanzados y memoria, los Países Bajos en los equipos de litografía de los que ningún fabricante de chips puede prescindir, la India en infraestructura de identidad digital, Japón en marcos de datos transfronterizos, el Golfo en capital paciente y la Unión Europea con el marco de gobernanza. Así, mientras que ningún miembro podría desarrollar una soberanía digital por sí solo, es cierto que pueden contribuir a la de una coalición de países interesados en cooperar. La única capa en la que la coalición va por detrás es la de los modelos, y aquí también se aplica la lógica de Airbus. En lugar de competir con los laboratorios estadounidenses y chinos por llegar a la frontera, la coalición debería hacer lo que mejor se le da: aunar esfuerzos, esta vez en torno a modelos de pesos abiertos [aquellos donde los parámetros numéricos aprendidos durante el entrenamiento se hacen públicos] que ya se sitúan, como mucho, a un año de los mejores sistemas cerrados, distancia que se ha ido acortando mucho desde la erupción de Deepseek en enero de 2025. Un programa conjunto de dicha coalición para desarrollar los modelos pertinentes podría ajustar y reforzar estos modelos hasta convertirlos en un verdadero competidor de frontera en pocos años, con una fracción del capital que exigiría un esfuerzo partiendo de cero. Entretanto, los gobiernos de la coalición deberían convertir los modelos de pesos abiertos en la opción por defecto para la IA del sector público: un modelo de un año de antigüedad es suficiente para la gran mayoría de los usos prácticos, desde la administración tributaria hasta la traducción o la atención al cliente, y adoptarlo ahora construye la base de usuarios, el talento de ingeniería y la confianza institucional que el programa conjunto necesitará.¿Qué debería ocurrir ahora? En primer lugar, tratar el liderazgo regulatorio europeo como un activo negociable, no como una posición moral. El marco normativo de IA de la UE ya condiciona la forma en que las empresas estadounidenses desarrollan productos para el mercado europeo, la misma dinámica que convirtió su legislación de protección de datos en un estándar mundial. Sería importante que este marco se pudiera extender al resto de miembros de la coalición.En segundo lugar, poner en común ya la infraestructura de cómputo, bajo una gobernanza conjunta, en lugar de esperar a un tratado. La red EuroHPC de Europa ya demuestra que esto es posible entre los Estados de la UE pero convendría abrirla formalmente a los socios dispuestos a aceptar normas comunes sobre el tratamiento de datos y la evaluación, a cambio de un acceso compartido a la capacidad de cómputo. El plan de la India de desplegar 100.000 GPU soberanas este año es un complemento natural, no un proyecto rival.En tercer lugar, respaldar el plan con capital. Noruega, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí poseen, entre todos, fondos soberanos por valor de más de cinco billones de dólares. Un compromiso coordinado del 2% destinado a infraestructura de IA movilizaría más de 100.000 millones de dólares al año, más que la inversión actual de la UE y China en IA juntas, y con la paciencia que la infraestructura de IA realmente requiere.En cuarto lugar, crear un único instituto de evaluación, no siete. El Reino Unido, la UE, Japón, Corea del Sur, Canadá y Singapur disponen cada uno de un organismo de seguridad de la IA que realiza, de forma aislada, un trabajo en gran medida similar. Fusionar sus normas y sus parámetros de referencia sería barato, rápido y útil: un activo de la coalición que no requiere hardware nuevo, solo la decisión de dejar de duplicar esfuerzos.Nada de esto restablece la plena independencia de la tecnología estadounidense o china, y sería deshonesto prometer que pudiera hacerlo, igual que los Estados no alineados originales nunca llegaron a independizarse de los dos centros de gravedad de la Guerra Fría. Lo que ofrece es lo mismo que ofreció entonces el no alineamiento: la posición para seguir tratando con ambas superpotencias en condiciones negociadas y no impuestas. Eso exige construir algo concreto entre los propios socios, no limitarse a declarar la intención de permanecer neutrales. La soberanía en la era de la IA no la ganará ningún país que intente construirlo todo por su cuenta, ni ningún país que intente desvincularse por completo de las dos superpotencias de la IA. La ganarán, si es que alguien la gana, las coaliciones que construyan alternativas reales sin dejar de comerciar, licenciar y cooperar tanto con Washington como con Pekín.
Aplicar el modelo de Airbus a la IA
La respuesta a los controles de exportación de EE UU se acerca más al viejo Movimiento de Países No Alineados que a una carrera armamentística














