La Galer�a en un espacio de arte peculiar. Sus fundadores, provenientes del mundo del tatuaje, exponen obra de los maestros de la tinta en otros formatos.El fen�meno del tatuador que da un golpe de tim�n para adentrarse en los derroteros de las artes pl�sticas supone seguramente una de las hibridaciones m�s potentes del arte contempor�neo. Es un giro que marca el desplazamiento cr�tico desde la piel (soporte vivo y sujeto a la voluntad ajena) hacia medios como el lienzo, la cer�mica, la instalaci�n o la escultura, en los que la libertad creativa se desprende de las limitaciones de la anatom�a humana. Lejos de suponer una ruptura, semejante transici�n constituye una expansi�n de su lenguaje.Al trasladar la iconograf�a del tatuaje a la tridimensionalidad del barro o a la textura del �leo, estos artistas desaf�an la jerarqu�a que situ� tan antigua pr�ctica como arte menor. "Esta disciplina ha cargado con un fuerte estigma, pero hoy en d�a goza de una mayor normalizaci�n. Eso facilita que el p�blico se acerque a ella, aunque es importante no perder de vista el esfuerzo, la t�cnica y la dedicaci�n que exige un buen tatuaje", aseguran Tamy Love y Rober Blanco. Formada en Bellas Artes la una y en Empresariales el otro, hace un par de a�os unieron fuerzas en La Galer�a, un espacio en la madrile�a calle de la Estrella alejado de las galer�as convencionales. "Nuestra idea inicial no era dedicarla en exclusiva al arte de la tinta, pero venimos del mundo del tatuaje y forma parte de nuestra identidad. Como amantes de esta disciplina, creemos que todav�a hay mucho por descubrir y acercar al p�blico como una expresi�n creativa m�s".Obras de El Rana, artista imprescindible en el universo del tatuaje y el arte urbano.LUIS DE LAS ALASExiste la creencia de que la labor del tatuador se limita estrictamente a los cent�metros de piel que ocupa su dise�o, aunque la realidad es muy distinta. Desde hace tiempo, la mayor�a de estos creadores no s�lo tat�an, sino que desarrollan su lenguaje art�stico en m�ltiples formatos. "A menudo se ignora que detr�s hay artistas con una trayectoria s�lida, capaces de dominar el �leo, el acr�lico y otras medios, logrando obras de gran calidad tanto en el cuerpo como en lienzo", contin�an. El fen�meno cuenta con el respaldo y el reconocimiento entre colegas."Hay tatuadores, muchos de nuestra generaci�n, a los que admiramos profundamente, no solo por su nivel est�tico, sino tambi�n por su trayectoria, su �tica de trabajo y su compromiso con el oficio. Para nosotros es un orgullo ofrecerles un espacio donde su obra se aprecie desde otra perspectiva y alcance a un p�blico ajeno al entorno del tatuaje", aseguran los responsables de La Galer�a. Enfrentarse a soportes diferentes a la dermis supone un reto estimulante. "No es m�s dif�cil trabajar en gran formato que sobre la piel: son expresiones distintas, pero el talento es el mismo. El cambio de soporte se convierte en una oportunidad para expandir su capacidad creativa", concluyen.Desde lienzos hasta serigraf�as y "art toys", La Galer�a permite iniciarse en el coleccionismo.LUIS DE LAS ALASArtista del tatuaje, andaluz y punkEsta ruptura de barreras entre soportes encuentra uno de sus m�ximos exponentes en Jorge El del Llor�n, un artista sevillano que ha revolucionado la iconograf�a andaluza. Formado igualmente en Bellas Artes, a lo largo de su carrera ha explorado formatos tan diversos como el v�deo, la instalaci�n o el grafiti. Interesado tambi�n en el tatuaje como herramienta expresiva, decidi� comprar una m�quina y empez� a practicar de forma autodidacta: "Ir�nicamente, buscaba refugio de la amalgama de capital social, ego y curr�culum que satura el �mbito del arte, encontrando en la tinta una v�a mucho m�s honesta y directa".Los mantoncillos de Jorge El del Llor�n mezclan los tatuajes tribales con iconograf�a andaluza como las golondrinas o los claveles.Tras residir en Reino Unido, Bilbao y Madrid, El del Llor�n experiment� un profundo reencuentro con su identidad. "Fue al salir cuando comprend� que ser andaluz es un pilar fundamental de mi ser", concede. A partir de entonces, se dedic� a investigar la historia, el flamenco y el rock de su tierra, integrando toda esa carga emocional lo mismo en ilustraciones que tatuajes: "Al regresar a Sevilla, mi evoluci�n convergi� de forma natural con el auge del llamado andalucismo joven, permitiendo que mi trabajo encajara en este nuevo contexto social. Mi obra no solo busca un desarrollo est�tico; es un camino emocional e intuitivo (y a veces pol�tico) que nace del deseo de expresar nuestras ra�ces a trav�s del dibujo".Bajo su mirada, los iconos andaluces adquieren un cariz reivindicativo. "Mi trabajo busca otorgar una identidad est�tica a toda una forma de sentir. Cuando una narrativa se materializa visualmente, adquiere una realidad mucho m�s tangible. Mi propuesta ha calado en mi generaci�n porque rompe con la representaci�n arcaica y desordenada del flamenco. Tradicionalmente, parec�a existir una �nica forma de pintar la pasi�n, anclada en marcos antiguos. Al descontextualizar esos elementos (fusionando la ilustraci�n contempor�nea y el tatuaje con iconos del punk, el anarquismo, alambres de espino o navajas), la gente se siente identificada. Mis flamencas no son figuras l�nguidas o ex�ticas del siglo XX, sino figuras poderosas y agresivas", explica.A Jorge del Llor�n le ha constado encontrar quien bordara los motivos de sus tatuajes en sus mantoncillos.Otra forma de coleccionarTan audaz artista trabaja activamente en la reconstrucci�n del imaginario simb�lico andaluz. El t�pico mantoncillo, por ejemplo, empez� siendo un elemento protagonista en sus dibujos sobre piel y papel para materializarse luego en seda. "Desde que introduje motivos tribales y elementos contempor�neos en mis dise�os de bocetos, all� por 2016, mi intenci�n siempre fue llevarlos al tejido. Sin embargo, ha sido un proceso lento y complejo. El mayor reto fue encontrar artesanos que dominaran la t�cnica y que, adem�s, estuvieran dispuestos a bordar motivos tan at�picos. Las formas de los tribales, con sus puntas afiladas y caracoles, resultan dif�ciles de ejecutar en el bordado cl�sico".Esta ambici�n por llevar su imaginario a objetos tangibles y artesanales coincide con una apertura sin precedentes en el mercado del arte. Porque, en s� mismo, el tatuaje supone una clase de coleccionismo muy particular, al tratarse de una obra que acompa�a al portador de por vida y de la que se presume all� donde va. "Existe una diferencia clara entre el p�blico del tatuaje y el del circuito art�stico tradicional. Nuestro objetivo es llegar tambi�n a personas que quiz� no se tatuar�an, pero que disfrutan de la est�tica y pueden conectar con la propuesta del autor en otros formatos", tercian desde La Galer�a. Para el caso, aunque existen creadores que realizan piezas incre�bles tanto en la dermis como en otros soportes, todav�a persiste un gran desconocimiento que dificulta que muchos aficionados descubran el talento oculto en este campo.El Rana trabaja con materiales recuperados y resignifica objetos con historia.LUIS DE LAS ALASA pesar de ello, el coleccionista de arte convencional empieza a mirar esta expresi�n creativa con asombro. "Cuando explicamos que una obra pict�rica de gran nivel est� realizada por un tatuador o tatuadora, muchas personas descubren un universo que ignoraban. Eso genera curiosidad, inter�s y, para nosotros, tambi�n un profundo orgullo", rematan Love y Blanco. Aunque es pronto para asegurar que el tatuaje es la nueva escuela del arte urbano, hoy la disciplina est� mucho m�s normalizada y resulta m�s accesible, tanto para quienes desean aprender como para quien sienten curiosidad por descubrirlo.
Obras tatuadas, el �ltimo objeto de inter�s para los coleccionistas
El fen�meno del tatuador que da un golpe de tim�n para adentrarse en los derroteros de las artes pl�sticas supone seguramente una de las hibridaciones m�s potentes del arte...










