Las vacaciones en Brasil se torcieron para la turista española que el 24 de junio fue presa por un delito de racismo en el aeropuerto de São Paulo. La mujer, cuya identidad no ha sido revelada, fue denunciada por otros pasajeros tras proferir ofensas racistas contra los trabajadores de una aerolínea. "Ahí fuera solo hay monos", habría dicho la visitante, molesta con la demora en el desembarque causada por la falta de escaleras en el avión. La compañía Latam llamó inmediatamente a las fuerzas de seguridad y expresó su rechazo a cualquier manifestación discriminatoria. La española fue detenida en la misma pista del aeropuerto y fue conducida ante el Centro de Audiencias de Custodia del Tribunal Federal de Guarulhos, donde tuvo que prestar declaración. A las 21:40 del mismo día fue puesta en libertad, según informó la Superintendencia de la Policía Federal en São Paulo. Ahora tendrá que responder penalmente ante la justicia de Brasil, ya que desde 2023 el insulto racista ha sido equiparado al delito de racismo y es castigado con una pena de dos a cinco años de cárcel, además de una multa. Y ojo al dato: es un crimen que no prescribe. No es el primer caso protagonizado por extranjeros en Brasil. El 22 de junio fue la vez de una turista colombiana, que también ha sido imputada por racismo tras ofrecer un plátano a un bailarín de capoeira en la favela de Rocinha, en Río de Janeiro. Las cámaras de seguridad flagraron el momento en que la mujer intentaba colocar el plátano en la bolsa utilizada para recoger las contribuciones del público. El caso fue denunciado en una comisaría cercana a la favela. Dado que la ciudadana colombiana salió del país al día siguiente del incidente, la Policía Civil de Brasil solicitó que su nombre sea incluido en la lista roja de Interpol para localizarla y extraditarla. Suma y sigue. En enero, una turista argentina fue presa por imitar a un mono e insultar a los empleados de un bar de Ipanema, en Río de Janeiro. También en este caso, el comportamiento fue grabado por las cámaras. La abogada e influenciadora Agostina Páez, de 29 años, fue acusada de injuria racial. Tuvo que entregar su pasaporte y llevar una tobillera electrónica. TE PUEDE INTERESAR Juzgada en un tribunal penal de Río de Janeiro el 24 de marzo, tuvo que pagar una fianza de 97.000 reales (16.412 euros), equivalente a 60 salarios mínimos, para librarse del dispositivo de vigilancia electrónica. El 1 de abril pudo por fin regresar a su país, pero los medios brasileños publicaron que el mismo día de su llegada a la provincia de Santiago del Estero, su padre, el empresario Mariano Páez, imitó a un mono en un bar. Su hazaña también fue grabada por las cámaras. La lista de forasteros acusados o procesados por racismo no es pequeña. En noviembre de 2024, un turista israelí de 20 años fue detenido en la isla de Boipeba, en el Estado de Bahía, tras llamar "monos" a dos trabajadores negros e intentar sobornar a los agentes de la Policía Militar para evitar su arresto. El pasado mes de abril, otro argentino de 67 años fue detenido en el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro, por llamar "negra puta" a una mujer afrobrasileña que estaba en la cola de un supermercado. Y en mayo, un ejecutivo chileno fue arrestado tras aterrizar en São Paulo tras proferir insultos racistas y homófobos contra un azafato de Latam en un vuelo intercontinental. Estas detenciones de visitantes extranjeros engrosan las estadísticas oficiales. Tan solo en 2025 se registraron más de 7.000 casos de racismo, una cifra significativamente superior a la del año anterior, cuando se presentaron 4.205 casos. Estos datos del Panel de Seguimiento de la Justicia Racial, una iniciativa del Consejo Nacional de Justicia en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), revelan una política de tolerancia cero con el racismo en un país donde el 56% de la población se declara negra en el censo nacional. TE PUEDE INTERESAR "Brasil es, sin duda, un ejemplo en América Latina en la lucha contra el racismo, especialmente por sus políticas de acción afirmativa [como las cuotas universitarias para afrodescendientes], de educación antirracista y un sistema jurídico antirracista", afirma el abogado antirracista Bruno Cândido Sankofá. Sin embargo, el problema está lejos de poder ser considerado solucionado. En muchos casos, la Policía y los tribunales no cooperan con esta bandera, impulsada por el Gobierno progresista de Luiz Inácio Lula da Silva. "Como abogado, no es raro que tenga al menos 20 casos al año en los que preciso acompañar a mis clientes a la comisaría para asegurarme de que les dejen presentar sus denuncias", señala Sankofá. El racismo es un crimen en Brasil Desde 1989, el racismo es considerado un crimen en Brasil. El país tropical también tipifica la xenofobia como un delito, al igual que el racismo, gracias a una ley de 1997. Desde 2019, además, la homofobia y la transfobia han sido incluidas en el Código Penal. En breve podría acontecer lo mismo con la misoginia, si la Cámara de los Diputados ratifica una nueva ley que ya ha sido aprobada en el Senado brasileño en marzo de este año. Para la diputada trans Erika Hilton, también presidenta de la Comisión de Derechos de la Mujer de la Cámara de Diputados, la misoginia "es el combustible que mantiene a Brasil en los primeros puestos de las clasificaciones de feminicidio y violencia política por razón de género". A pesar de estos avances en el marco legal, la realidad es que el Poder Judicial brasileño no consigue actuar con eficiencia en la aplicación de la igualdad racial. En la actualidad, acumula 13.440 casos de racismo pendientes de sentencia. Además, los afrodescendientes representan tan solo el 26,82% de los profesionales que trabajan en el sistema jurídico, un porcentaje muy por debajo de la composición racial del país suramericano. De allí que varios líderes del Movimiento negro reivindiquen acciones más enérgicas a los poderes públicos, como la implementación práctica de políticas de reparación histórica y de lucha contra el llamado racismo estructural. El Movimiento Negro Unificado, por ejemplo, denuncia que el racismo en Brasil sigue arraigado y es sistémico, a pesar de la creación del Ministerio de Igualdad Racial, tras la victoria de Lula, y del lanzamiento de programas específicos como el ‘Plano Juventud Negra Viva’. En este sentido se encuadra la iniciativa del futbolista brasileño Vinícius Júnior, que en mayo de este año anunció la creación de un bufete de abogados antirracistas vinculado al Instituto Vini Jr. El delantero del Real Madrid, que a lo largo de su trayectoria ha sufrido y denunciado varios casos de racismo, explicó que esta iniciativa surge del deseo de apoyar la lucha por la igualdad racial y que está enfocada en la educación y el deporte. TE PUEDE INTERESAR El bufete ofrece apoyo y asistencia jurídica gratuita a víctimas de discriminación racial por casos ocurridos en Brasil. Uno de los objetivos es ayudar a las víctimas a comprender sus derechos y las vías legales disponibles. La iniciativa dispone de una red de asistencia legal gratuita, que proporciona a los denunciantes en situación de vulnerabilidad apoyo especializado en los procedimientos judiciales y en las investigaciones sobre delitos de carácter racial. Desde los años 2000, Brasil ha lanzado varias iniciativas para combatir la explotación sexual infantil y adolescente, como placas en los elevadores de edificios residenciales, en los hoteles o incluso en las autopistas. Es una forma de recordar lo obvio a los ciudadanos. De momento, ningún órgano federal de Brasil ha lanzado una campaña para alertar a los turistas sobre las consecuencias penales de proferir ofensas racistas. Por el ritmo de las detenciones de visitantes extranjeros, no sería de extrañar si la Agencia Brasileña de Promoción del Turismo Internacional (Embratur) se viese obligada a colocar carteles en los aeropuertos y los hoteles explicando lo básico: que no se puede llamar "monos" a los brasileños afrodescendientes y que, si lo hacen, podrían acabar entre rejas.
No es país para racistas: una española, detenida en Brasil por llamar “monos” a unos trabajadores (y no es la única)
Desde 1989, el racismo es considerado un crimen en Brasil. El país tropical también tipifica la xenofobia como un delito al igual que el racismo, gracias a una ley de 1997. Desde 2019, además, la homofobia y la transfobia han sido incluidas en el Código







