Bajad las armasLa oposici�n no tiene m�s remedio que presentarse como lo contrario de lo que hayAlberto N��ez Feij�o, en el Congreso.Actualizado Martes,
junio
22:33Audio generado con IASe acusa a la oposici�n de ser meramente reactiva. Se le advierte de que no podr� alcanzar esa dimensi�n m�stica que llaman �alternativa ilusionante� si se limita a reaccionar a los valores progresistas de Gobierno, entre los que ya nadie puede dudar que se encuentra la corrupci�n. Menos sonrisas: la corrupci�n era un valor para Robin Hood, que delinqu�a para redistribuir, y si atendemos a la biograf�a de Santos Cerd�n o Leire D�ez ser� obligado reconocer que lograron robar a los ricos para ayudar a los menos ricos, como ellos mismos. La SEPI sanchista, donde literalmente no cabe un imputado m�s, era en realidad el bosque de Sherwood. Y la �pera prima de don Santos, concebida como el Quijote en un lugar de Madrid de cuyo nombre no quiere acordarse, no afirma nada distinto de lo que argumenta hoy la jerarqu�a del partido que lo expuls�: no existe corrupci�n generalizada sino persecuci�n pol�tica, causa general contra los valores redistributivos de la izquierda.A la espera de las urnas donde los votantes podr�n pronunciarse sobre el prestigio sociol�gico del robo que los manuales de literatura rebautizaron como picaresca, la oposici�n no tiene m�s remedio que presentarse como lo contrario de lo que hay. Puede que no sea una opci�n demasiado creativa, pero tampoco cabe descartar que el pueblo a�n prefiera la higiene administrativa, el respeto a la separaci�n de poderes, la moderaci�n fiscal y otras bagatelas program�ticas en lugar del latrocinio desorejado, la burla al Parlamento, las cloacas contra los jueces y la plusmarca recaudatoria que se anota cada mes el Ministerio de Hacienda, del que por cierto depende la SEPI. La alternancia democr�tica tiene estas cosas: cuando rebosan las alcantarillas basta con prometer un humilde desatascador para cumplir con la misi�n que te encomienda la Historia.Pero pasaron los tiempos en que los espa�oles viv�an con saludable indiferencia o prudente expectativa la alternancia en el poder. Ahora todo se plantea como un agotador combate �pico con principio en el oto�o y final en primavera. La izquierda est� a punto de amurallar con sacos terreros las instituciones que previamente ha colonizado al grito de antifascismo o muerte. La derecha ya no sabe contener una ansiedad de reconquista que confunde la aridez del BOE con el altiplano de las Navas de Tolosa. Y el improbable centro menea la cabeza orteguianamente mientras musita no es esto, no es esto. No nos vendr�n mal unas vacaciones.






