Vale empezar por una curiosidad. Diego Santilli, flamante jefe de Gabinete; y Adrián Ravier, nuevo vocero, tuvieron este martes su día de "gloria" en la administración mileista. El primero juró, y el segundo ofreció su conferencia inaugural. Quiso el destino que en el pasado ambos coincidieran como protagonistas en tuits de Milei. "El colorado hijo de mil puta de Santilli debería explicar cómo lleva el estilo de vida que tiene antes de ponerse a debatir sobre economía, de lo cual no sabe nada. Todos los opinólogos inútiles", había escrito el presidente el 26 de enero de 2023. "Siempre sostuve que Ravier era un imbécil total. Además es un chanta que habla de Keynes sin leerlo (aún guardo sus Tweets que lo prueban) y un pésimo economista que se la pasó pifiando todo. Al margen de pasarse de oficialista de Macri. Ahora el idiota se volvió a superar", escribió también sobre su vocero en marzo de 2020.La lista de insultados por Milei, antes y durante su gestión, es extensa y heterogénea, y su pulsión en X es reconocida, pero no deja de ser singular la convergencia entre los dos recientes ascendidos en el oficialismo. ¿Cambiaron ellos para lograr el reconocimiento del presidente? ¿O Milei habrá tenido que arrepentirse de sus descalificaciones?A propósito, el episodio tuitero invita a pensar en la liviandad de las definiciones en las redes sociales, donde el peso y la gravedad de lo dicho parece quedar minimizado por el sinfín de posteos (sobre esto escribió con lucidez Miguel Wiñazki). Pero ese es tema para otro día.Volvamos entonces a Santilli. Hay una imagen inicial descriptiva en más de un sentido: a su jura como jefe de ministros asistieron 14 gobernadores. No es un dato menor. En los casi tres años de gestión libertaria nunca hubo tantos gobernadores sentados en el salón Blanco de la Casa Rosada.El 25 de noviembre pasado, a Manuel Adorni, su antecesor, lo habían aplaudido y ¡vitoreado! los miembros del gabinete y su familia. Sin mandatarios a la vista, él encarnaba, justamente, el tono displicente y altivo poco adecuado para cualquier intercambio. Quizás lo revise ahora frente a los jueces.Una nueva coincidencia aparece entonces en escena. El grupo de mandatarios ausente ayer también lo estuvo en la asunción de Milei, en diciembre de 2023. Kicillof, Gildo Insfrán, Ricardo Quintela, Gustavo Melella y Sergio Zillioto. Kircherismo duro. Posiciones sin síntomas de plasticidad, al menos por ahora.Pero lo importante es lo que revelan las distintas expresiones de este martes. Una mutación en el oficialismo que dejó en claro el nuevo vocero. Dijo Ravier: "Se trata de alguien (Santilli) con amplio oficio político que como ministro del Interior venía realizando un importante trabajo..." Y agregó: "Santilli inaugura una nueva etapa política para el Gobierno, que se caracterizará por profundizar nuestros acuerdos políticos...".Dicho en criollo, rosca pura y dura, entendida virtuosamente como una disposición negociadora imprescindible.Muy lejos quedan los días de la intransigencia mileista. "No vinimos a negociar nada. No vinimos a entrar en el toma y daca de la política...", se había descripto a sí mismo el presidente en marzo de 2024, en el Congreso.Está claro que el Gobierno había negociado antes y así logró sancionar leyes importantes. Pero, culposo, se ponía colorado y estaba lejos de reivindicarlo como una virtud. Una tara autoinfligida que parece querer dejar atrás.
Santilli: ahora el Gobierno reivindica la rosca
El oficialismo justificó la llegada del nuevo jefe de Gabinete en su disposición negociadora, una característica antes rechazada por el propio presidente.











