AgenciasJohannesburgo 30/06/2026 13:32 Actualizado a 30/06/2026 13:52 Sudáfrica amaneció hoy en máxima tensión, con las calles más vacías de lo habitual y numerosos comercios cerrados ante las marchas convocadas por grupos antiinmigración. Tras protagonizar una ola de ataques xenófobos en los últimos meses, estos colectivos habían fijado este martes como fecha límite para que los extranjeros indocumentados abandonaran el país.El temor a que la convocatoria de hoy derivara en graves disturbios ha llevado a las autoridades sudafricanas a desplegar a la policía en ciudades como Johannesburgo, Pretoria y Durban, donde todo funciona a medio gas: incluso el transporte se ha visto afectado por las protestas, las cuales han congregado a cientos de personas armadas con bastones y escudos tradicionales zulúes.Los impulsores de las manifestaciones culpan a los migrantes irregulares de los problemas económicos de Sudáfrica, así como de la deficiente prestación de servicios públicos y las altas tasas de delincuencia.“Los empleos los están ocupando extranjeros ilegales. No es justo”, declaró a la agencia Reuters Silindile Xaba, quien este martes acudió a la marcha convocada en el centro de Durban.“Es mi obligación moral, como sudafricano, venir aquí y apoyar a mis compatriotas que están aquí para obligar al Gobierno sudafricano a hacer su trabajo. No somos xenófobos. No odiamos a los africanos”, aseguraba por su parte a Efe un manifestante de Pretoria llamado Tumisang Mabula.Policías ante un grupo de manifestantes en Durban este martesRogan Ward / ReutersSi bien el Gobierno sudafricano ha rechazado en repetidas ocasiones los actos xenófobos, también ha defendido la necesidad de combatir la migración irregular, y ha calificado como “legítimas” las quejas de la población. De hecho, el presidente del país, Cyril Ramaphosa, se reunió el lunes con los impulsores de las manifestaciones, con el objetivo de evitar que estas se desarrollen de forma violenta.Las protestas comenzaron en abril y hasta ahora se han cobrado la vida de cinco personas. Asimismo, durante este tiempo, miles de migrantes han sido expulsados de sus hogares, han visto dañados sus negocios y propiedades o se han enfrentado a obstáculos para acceder a los servicios públicos.Frente a esta hostilidad, varios países africanos de donde proceden estos migrantes, entre ellos Nigeria, Ghana, Mozambique y Malaui, han repatriado a sus ciudadanos.Esta ola xenófoba evidencia que Sudáfrica sigue siendo un lugar muy desigual treinta años después del fin del apartheid, y con serios problemas en el mercado laboral: la tasa de desempleo es del 32,7 %, una de las más altas del mundo. A pesar de eso, se trata de la mayor economía de África, y por eso atrae a personas del resto del continente que buscan labrarse un futuro mejor.Según las últimas cifras del censo, el país suma cerca de 2,4 millones de ciudadanos extranjeros, lo que representa menos del 4% de la población total, una proporción relativamente baja en comparación con los estándares mundiales. Sin embargo, los impulsores de las protestas aseguran que esas cifras no se ajustan a la realidad.Cabe recordar que Sudáfrica tiene un notorio historial de violencia antiinmigrante. En el 2008, más de 60 personas fueron asesinadas en una ola de violencia xenófoba que se extendió desde Johannesburgo. Desde entonces, se han producido estallidos intermitentes contra la población foránea.
Máxima tensión en Sudáfrica ante las protestas contra inmigrantes
Los convocantes de las manifestaciones habían establecido el martes como fecha límite para que los extranjeros irregulares abandonen el país










