El 29 de noviembre de 2007, el biólogo Juan Sánchez Babilonia decidió que Suramérica debía vivir. Sudamérica, la manatí, tenía nueve meses y nadie sabía cómo cuidarla. Junto con Javier Velásquez y Carlos Perea pasó horas buscando respuestas y leyendo libros sobre vida marina. Aquella tarde nació una idea que terminaría convertida en lema: rescatar, rehabilitar y liberar. La joven vaca marina, en cuyo pecho estaba dibujada la geografía de este lado del continente, solo sería el comienzo, la primera de 70 manatíes que pasaron por el Centro de Rescate Amazónico (CREA).