La atracción por el crimen lleva décadas alimentando novelas, series y, más recientemente, documentales y podcasts de éxito. El interés por entender por qué alguien delinque ha sobrevivido a los cambios de formato, y en España esa curiosidad parece trasladarse también a las aulas. Criminología se ha consolidado como una de las titulaciones con mayor convocatoria entre los estudiantes y, lejos de apagarse, la demanda se mantiene firme incluso después de que la oferta se haya disparado. Algunas notas de corte de este año dan cuenta de ello: un 11,233 en la Universidad Complutense de Madrid, un 10,347 en la Universidad de Granada o un 9,78 en la de Barcelona. La carrera se imparte ya en 42 centros universitarios, entre públicos y privados, 10 más que en 2015, y reúne en torno a 20.000 estudiantes. “La demanda de estudios oficiales en criminología ha sido muy alta. Eso puede vincularse a lo que la gente llama el efecto CSI, pero también puede vincularse con que son unos estudios cuyo tema es apasionante”, explica Javier Guardiola, vicedecano de Estudios en Criminología de la Universitat de València (UV). Este interés, sin embargo, es anterior a las plataformas. “Mi abuela ya leía a Agatha Christie; ahora el true crime ha cogido mucho impulso, y es un fenómeno mediático que potencia esta tendencia”, razona.Cambio de imagen No obstante, la imagen popular de la profesión ha comenzado a cambiar. Abel González, vicedecano del Colegio Profesional de Criminología de Madrid identifica tres perfiles entre quienes llegan a las aulas: profesionales vinculados a las fuerzas de seguridad o a la Administración; jóvenes que aspiran a opositar y un tercer grupo solamente atraído por la naturaleza del crimen. “Hay mucha gente que dice ‘eso de los muertos y las huellas’, pero creo que son cada vez menos y se conoce más lo que podemos hacer”, sostiene.La transformación también se aprecia entre los estudiantes. “Muchos entran pensando que será todo como en CSI, cuando esta es solo una rama muy pequeña”, explica Èlia Ugal, alumna de la Universitat de Barcelona (UB). Su compañera Carla Martínez coincide. “Mucha gente influenciada por el entorno mediático piensa con morbo que se tratará todo de crímenes de sangre, pero luego descubren asignaturas y ámbitos alejados de esa imagen, como la victimología o la prevención”, aclara. La jefa de estudios del grado en la UB, Ana María Sanz, defiende que esta rama del conocimiento “es un instrumento de democracia, convivencia y paz social”. La disciplina también estudia la delincuencia ambiental, la corrupción o los delitos de odio, entre otros. “Nuestros jóvenes están preocupados por algo que están observando. La percepción de seguridad en nuestras sociedades cambia, hay un mayor interés en las víctimas y en las lógicas de prevención”, destaca. Reconocimiento relativoEl crecimiento académico de la disciplina no coincide con un reconocimiento equivalente en el mercado laboral. Un estudio elaborado en 2023 por el Colegio Profesional de la Criminología de Madrid reveló que solo el 19,9% trabajaba como criminólogo, aunque un 33,9% ocupaba puestos relacionados con la profesión. Esta es una preocupación frecuente en el alumnado; tanto Ugal como Martínez dan cuenta de ello al haber ejercido como representantes estudiantiles. “No es que no haya una necesidad social de criminólogos”, sostiene Guardiola. “Lo que pasa, probablemente, es que no hay un ajuste entre la oferta de egresados y las expectativas del mercado laboral”, detalla. Muchos puestos compatibles con la formación criminológica aparecen bajo otras etiquetas en el sector privado. “Si se busca: análisis de riesgos, gestión de conflictos o resolución de problemas de convivencia, sí que hay más oportunidades”, apunta. La principal reivindicación del sector sigue siendo la regulación de su práctica. Los colegios profesionales y el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes han concluido este mes los trabajos técnicos de una propuesta que pretende delimitar sus competencias y ámbitos de actuación. González sostiene que la barrera es que todavía no existen puestos específicos para criminólogos. “Con esta ley se busca explicitar cuáles son nuestras áreas profesionales para que quede claro donde podemos desarrollarnos y no colisionar”, concluye.Ciberseguridad y análisis de datos, nichos al alzaLas nuevas tecnologías están ampliando las fronteras tradicionales de la disciplina. Cuando la vida cotidiana se traslada a internet, también lo hace el delito. “En esa delincuencia hay un componente tecnológico, pero hay un componente humano y los criminólogos tienen mucho que decir sobre eso”, argumenta Javier Guardiola, de la UV.La ciberseguridad se ha convertido en uno de los nichos emergentes. “Se está contando mucho con criminólogos para toda la parte de análisis del factor humano, la concienciación y la educación en el ámbito de la ciberseguridad”, desgrana Abel González, del Colegio Profesional de Criminología de Madrid. Y añade prevención del fraude en entidades bancarias o auditorías algorítmicas, “revisando si los procesos cumplen con el reglamento general de protección de datos y qué vulnerabilidades pueden existir”.La revolución de los datos también ha llegado a estos grados. “Estamos modificando planes de estudios, todos estamos reforzándolos en ese ámbito”, menciona Ana María Sanz, de la Universitat de Barcelona (UB). “El análisis de datos nos ayuda a tener conocimiento y capacidad de elaborar políticas públicas basadas en evidencia científica”. En la UB, materias como Cibercriminalidad pasarán a ser obligatorias. Pese a que la alumna Èlia Ugal está segura de que su objetivo es llegar a policía científica, cree que en un futuro la carrera se va a enfocar mucho al ciberdelito. “La figura del criminólogo se va adaptando a veces más rápido que el propio sistema judicial”, agrega.Pese a que la fascinación por una fracción del campo de estudio de la criminología ha engrosado la demanda, el futuro de la especialidad parece jugarse menos entre escenas de crímenes y más entre algoritmos, bases de datos y nuevas formas de prevención.
Criminología, mucho más que huellas y cadáveres
La titulación retiene una fuerte demanda mientras reivindica nuevas salidas profesionales y avanzar en su regulación










