Cuando el calor insoportable impide vivir, hay quien mata el tiempo en X, donde uno de los últimos debates es la relación sentimental que mantiene el (ex) candidato del partido xenófobo de Aliança Catalana en Figueres (Girona), Arnau Liesa, con una menor de edad. La controversia se sirvió en dos actos. Primero, el partido comunicó el domingo que lo expulsaba por una “situación personal” que tacharon de “incompatible” con sus principios. Dos horas más tarde, él mismo desveló a través de un tuit el motivo: mantenía una relación sentimental con una menor de edad (“mayor de 16 años”, apuntó) que había sido su alumna. “Es sencillamente una historia de amor”, defendió Liesa, que cumplirá 31 años en octubre. Con casi un millón de visualizaciones, el comunicado de Liesa ha sido leído del derecho y del revés en las redes sociales, con likes, comentarios y citas. En mi algoritmo, el sentir general apunta en una misma dirección: “¿Un señor de 31 años con una niña de 16 ahora se llama historia de amor? Quien vea amor tiene un problema muy grave”. Algunos lo expresan de una manera más directa: “Mayor de 16 años… ¿Estamos locos o qué?”. Otros optan por la lucidez del análisis sencillo y aplastante de los hechos: “Le doblas la edad, eres su profesor (diferencia de poder) y ella es menor”. Es cierto que también hay quien se han puesto del lado de Liesa. Como Gerard Juny, un responsable de comunicación comarcal de Aliança Catalana hasta hace apenas dos días: “¡Públicamente doy todo mi apoyo a Arnau Liesa! Es un error que se le aparte”. Unas horas más tarde, comunicó que dejaba el partido ultra, también como militante. ¿Sus motivos? “Aliança Catalana se me queda demasiado a la izquierda y demasiado acomplejada”. Como él, otros han defendido que no es para tanto. “Con 16 años ya se puede trabajar legalmente y pagar impuestos, pero los continuamos tratando como niños pequeños”, escribió Anthony Corey Sànchez, vinculado también a Aliança Catalana. Aunque luego lo borró.Pasado el tiempo, el poso que dejan las cosas permite calibrar mejor si fueron importantes. Como, cuando sin saber muy bien por qué, una conversación, una escena de un libro o un diálogo cinematográfico vienen a la cabeza. La aparición repentina revela la verdadera trascendencia de lo que supuso esa relación, esa novela o esa película. E incluso muchas veces obliga a cambiar de opinión: lo que en un primer momento parecía vulgar, se comprueba que se filtró por los conductos internos, y se asentó, a la espera de emerger en el momento adecuado. Me pasó con Caza de brujas, donde Julia Roberts interpreta a Alma Imhoff, una pedantísima profesora de Filosofía en la Universidad de Yale. Salí del cine convencida de que la película era más pretenciosa que brillante. Pero el paso del tiempo ha demostrado que caló más de lo que esperaba. Una de sus escenas se me ha pegado a la piel, y la revivo de manera periódica. La última vez, este fin de semana, después del affaire Liesa. Es cuando Alma Imhoff le confiesa a su marido que aquel amigo de su padre no la violó, que en realidad fue ella quien insistió hasta lograr que mantuviesen una relación sentimental. Alma tenía 15 años. Él, como mínimo, la edad de su padre. — “Alma, eras muy joven. Las chicas jóvenes siempre quieren que les pasen cosas de adultos, antes de estar preparadas para ello. Pero la obligación de los adultos es proteger la inocencia de una niña”— le replica su marido.—No, no le di a elegir” —insiste ella.—Siempre hay una elección. Da igual que lo quisieras, que te lanzaras sobre él, debería haberte rechazado —sentencia él.
Un profesor, una menor y Aliança Catalana
Las redes discuten si la legalidad basta para justificar la relación entre un adulto y una adolescente








