La carrera de Carlos Lozano (Madrid, 63 años) salta por los lugares más inesperados. Desfiló por todo el mundo con Versace o Armani; presentó programas icónicos todavía en antena como Operación Triunfo (incluso en Perú), La ruleta de la suerte o El precio justo; viajó a los Oscar con Almodóvar por Todo sobre mi madre, y, ya en otro capítulo, participó en realities como Supervivientes y Gran Hermano (que ganó en marzo). Entre tanto, incluso dio el cante con Chicago en los teatros españoles y Annie en Latinoamérica. Su “guapísima” o “cruza la pasarela” son latiguillos icónicos de los que todavía está orgulloso. Pero ahora, tras su prejubilación en El Berrueco con ovejas y gallinas y aunque reconozca que la vida la tiene “hecha”, el “gusanillo” le ha vuelto a picar, y trata cada tarde que otros encuentren pareja en Amor.. ¡o lo que surja! de Telecinco, si bien él reconoce que lleva cinco años “retirado del mercado y dedicado a ser pastor” y su contrato le prohíbe expresamente ligar en el programa. “Aunque si me ponen una silla, me siento”, asegura. En su trabajo ya no explota con la euforia que le dio la fama, aunque esta mañana en el plató lleno de sillas de su nuevo programa mantiene, entre café y café, su ímpetu a flor de piel. Y eso que en el pueblo vive “como un cura”, acostándose a las diez y amaneciendo a las seis. Pregunta. Pese a haber hecho tantos programas de éxito, la televisión puede ser una picadora de carne. ¿Se ve como un presentador de otra época?Respuesta. Lo soy. Incluso para muchos seré antiguo, estaré fracasado, tendré arrugas… pero me resbala desde que tenía 20 años. Es la seguridad que me ha dado el barrio. Yo nací con esa enorme seguridad, porque la vida me ha costado mucho. No voy a perder el tiempo por cuatro gilipolleces. A la mierda con todo.P. También dijeron que era machista.R. ¡Yo, machista! Qué poco me conocen…. Pero lo importante es que sepan que no lo soy quien me conoce y en la calle. A mí no me gusta presumir ni hablar de mí, pero comparas mi currículum con el de cualquier presentador y, como tú apuntas, tengo un carrerón.P. En Supervivientes fue criticado por decir “no al machismo y no al feminismo”. ¿Tiene miedo de que vuelvan a calificarlo así?R. Me pilló en una época muy mala, porque tuve una ruptura con quien ya sabemos y estaba muy cabreado. Veía cosas muy injustas cuando se hablaba de mí. Si alguien miente, en lugar de tragármelas, como soy muy echado para adelante, de barrio humilde y con mi corazón, salto y te insulto en público. Seas hombre, mujer o extraterrestre, todos somos iguales, y por eso dije eso. Fue mi error: tengo un pronto jodido y no puedo con las injusticias. Me daba igual mi trabajo, y sabía que me podía perjudicar. Me pasé y pedí disculpas. Y claro que en España ha habido mucho machismo y ha estado muy normalizado en gente de mi generación.P. Saltar a un reality tiene sus peligros… ¿tuvo miedo de no volver a presentar?R. Es lo que dicen, pero a mí me siguieron llamando de Telecinco para hacer programas. El secreto es ir al descubierto, sin importar que te conozcan. En esos programas hay que estar preparado para ser tú. Si no, te echan y te ponen fino. Si impostas, sales con peor imagen.P. ¿Cómo se planteó ese cambio?R. Me interesaba y, no nos vamos a engañar, influye lo que te ofrecen económicamente. Pese a la carrera que tienes y todo lo que has hecho, hay un momento cuando ya no llaman o te ofrecen cosas que no van contigo. Yo ya no me veía siendo colaborador y probé con Sálvame, pero le dije a Jorge que no estaba cómodo. No soy ágil ni rápido al hablar por encima de otro ni para aprenderme la vida de todo el mundo.P. ¿Cómo se sintió cuando no le llamaban?R. Internamente, te cabreas contigo. Ves un formato bueno y no cuentan contigo, y te das cuenta de que se acabó. Yo no iba a tocar ninguna puerta porque no lo he hecho nunca; es mendigar. A mí me gustaba que Versace dijera: quiero a Carlos Lozano. Entonces ya tenía una carrera, y eso ya no me iba a romper. Empecé de modelo a los 18. Conocí a Valentino, Armani… Fui catalogado entre los 10 mejores del mundo. Pensé en retirarme, pero estoy aquí por la gente que me ve, no hay más. No he hecho ninguna carrera para estar en la tele, pero la gente me quiere, tío, y me piden en redes. La gente te pone arriba o abajo.P. ¿Cómo es ahora Carlos Lozano?R. Tranquilo, que viene del campo, que ha asimilado toda su fama y ha vivido muchas cosas. Me retiré porque quise, hasta que Gran Hermano me trajo de vuelta, y me picó el gusanillo. Mi familia y amigos no querían, porque ya la lie una vez. Pero me ha salido bien, y la cadena vio una persona más humana, tranquila, sosegada, con mucho encaje… me ofrecieron este programa para tratar con personas, cuidar y ayudar. Resurjo con tranquilidad, no me agobio. Es un formato sin ese tono de fiesta. Ahora la ambición y las prioridades son otras: quiero vivir tranquilo con gente normal, ser feliz con mis ovejas, poder tomar un aperitivo, hacer una barbacoa con mis amigos del campo, irme de vacaciones cuando me dé la gana…P. ¿Qué hace en el pueblo?R. Me dejo mi barba y me da igual, vivo como un cura y duermo como un niño. La gente es amable, y existe el truque. Nos cambiamos huevos por pimientos, por lechugas. Es otro rollo y soy muy feliz. Me dicen que voy y que hablo muy deprisa por la vorágine de la tele. Y que ya se hará mañana. Vendí mis casas en Madrid y me había prejubilado, en paz y tranquilidad. Aunque me busqué mi granja y mi huerto, porque si no en el pueblo estás todo el día en el bar. Ya no salgo, no hay discotecas. Prefiero un tardeo, un aperitivo largo, porque el nocheo me confunde.P. ¿Por qué funcionan los programas de citas? R. Es la cadena del amor. La gente en casa vive las mismas historias y se identifica o ve a los mismos sinvergüenzas. Y se entretienen, es lo único que queremos. P. ¿A usted le ha tratado bien el amor?R. El amor me ha tratado como yo lo he hecho. Soy culpable, porque he sido un viva la Pepa y golfo desde pequeño. Ya me corté la coleta, pero he sido el que ha engañado, el que se ha portado mal, el que mentía... me han tratado como merezco. He corneado y me han corneado. El karma vuelve, y ahora vivo tranquilo, y tengo que tener cuidado para no volver al pasado. Cuando eres golfo, no te das cuenta, pero haces mucho daño.P. ¿Ha cambiado mucho la televisión desde que empezó?R. Sí, antes el que valía, valía. A la gente le costaba llegar. Y ahora hay de todo. La gente se desengaña de tantas mentiras y programas de política de broma, con muchos opinólogos sin idea de nada. Hay que dar oportunidades, pero la gente no está preparada, ni los periodistas son periodistas. P. Usted entró de modelo…R. Yo porque nací majete, si hubiera nacido feo, no estaríamos aquí. Ya me iba bien. Nací en un barrio, mis padres no tenían dinero para una educación, y en mi colegio público siempre estaban de huelga. Mi madre me enseñó que el respeto y la educación importan más que la formación. Eso lo vio el público.P. ¿Se ve presentando El Rosco? R. Me veo presentando grandes formatos, prime times, directos de muchas horas… Ahí vives el momento. Este es distinto, la cadena ha sido muy cordial conmigo, y muestro otra cara. Más calmado, pausado. Nada que ver con el guapísima, cruza la pasarela y loco de OT. P. ¿Por qué no hizo más cine después de Todo sobre mi madre o Marujas asesinas?R. Soy muy realista y conozco mis límites. No soy buen actor, pero los papeles que me daban eran de galán. Y eso para mí era fácil.P. ¿Cómo recuerda esos Oscar? Ese año fueron hasta Rodrigo Rato y Rajoy…R. … Y Loles León. En la alfombra yo me desmayaba con las estrellas. Fue un detalle de Pedro, porque yo era muy secundario. Recuerdo estar en la casa de Melanie Griffith y Antonio Banderas en un fiestón después de ganar. Y veo a un tío con pelazo, con pantalón roto… y ese chaval era, coño, Nicolas Cage. Me dice: es una mierda, ¿tú quieres una party?, pues vente conmigo. Yo tenía una limusina y nos fuimos de fiesta en Los Ángeles. Una máquina de hombre.No soy buen actor, pero los papeles que me daban eran de galán. Y eso para mí era fácilP. Otros presentadores han heredado sus programas. ¿Ha cambiado el modo de presentar? R. Cada uno le da un toque y lo lleva a su forma de ser, pero los protagonistas son los concursantes y la gente. Nunca puedes ir con el yo. Esa era mi forma y me fue muy bien. P. ¿Le pesa que no lo llamen para el 25 aniversario de OT?R. No me llaman desde hace tiempo, pero allá ellos. Es una gilipollez porque las mejores ediciones, de las que se sigue hablando, fue las que hice yo. Llegamos al 68% de audiencia. Yo me la jugué mucho con OT. No quería irme de El precio justo, vivía como un rey. El programa había estado en muchos cajones y nadie lo quería. Yo dije a la cadena que no me iba, pero me pidieron que confiara. Hacía de hermano mayor, era quien les ayudaba. No me ofende, uno ya tiene una edad, pero me sorprende. Sus razones tendrán, como que quieren extinguirme.