Dadas las circunstancias truculentas en las que se despidió de Hollywood, más las noticias que le pintaban trabajando de conserje en un hotel de las islas Caimán, cualquiera diría que Armie Hammer le habría dicho adiós al cine para los restos. Pero la realidad supera a la ficción, y este año le hemos visto regresar en Citizen Vigilante de manos de un charcutero del exploitation para protagonizar una de las cintas más polémicas de 2026.Dirigida por Uwe Boll, responsable de 'anticlásicos' como Postal, Citizen Vigilante pone al actor de Call Me By Your Name en el rol de un justiciero de ultraderecha embarcado en una guerra particular contra los inmigrantes musulmanes. Algo que quedaría como un caso aislado si no fuese porque Jonathan Majors, antigua esperanza de Marvel también destronada por un caso de abuso sexual, ha reaparecido en Run Hide Fight 2: Infidels, película que se mueve en parámetros similares. Debido a estos ejemplos, el sector de la industria dedicado a rodar filmes para el público ultra aparece como una tabla de salvación para parias de Hollywood. Algo que, como siempre, tiene su propia historia detrás y aspectos que conviene matizar antes de lanzarse a la piscina.No es un ultra: es un sinvergüenzaAcerca de Citizen Vigilante, conviene señalar que huele menos a una película elaborada desde postulados ideológicos que como un ejemplo más de una carrera presidida por el morro. Porque, aunque la película de Uwe Boll se haya ganado fans tan significados en el ramo como Elon Musk o Alex Jones, su director no tiene fama de propagandista político, sino de profesional de la serie Z capaz de sacarle dinero a una piedra.El currículum de Boll nos lo pinta como un experto en asegurarse a actores en horas bajas o con ganas de pasta fácil (Jason Statham, Ray Liotta y Michelle Rodríguez, entre muchos otros, pueden atestiguarlo) así como en en aprovechar premisas que atraen a espectadores incautos: durante muchos años, recordemos, el alemán se especializó en adaptar videojuegos como Alone in the Dark, Far Cry o BloodRayne.Esta vez, Citizen Vigilante recalienta una fórmula cuya eficacia ya está probada y que Boll conocerá bien: ese cine de ejecutores urbanos que ya hizo furor en los 70 y los 80 mediante títulos como El justiciero de la ciudad (con Charles Bronson), Joe, ciudadano americano, aquella Ángel de venganza de Abel Ferrara o la mismísima Taxi Driver. Solo que algunas de estas películas lucían méritos que las salvaban de quedar como meros ejercicios de cinismo. Si a esto sumamos que el cineasta tiene fama de espabilado en lo tocante a conseguir subsidios y ayudas públicas, su película con Armie Hammer quedaría como un filme pensado para generar publicidad gratis y conseguir que un cierto tipo de público pase por caja. Si es así, la maniobra ha salido a pedir de boca, puesto que (según fuentes de fiabilidad dudosa), la película habría cosechado 67 millones de dólares con un presupuesto de 5. Jonathan Majors, ¿nueva estrella del cine MAGA?El caso de Run Hide Fight 2 es bien diferente. La película que nos devuelve a Jonathan Majors es un producto de Daily Wire+, el conglomerado ultraderechista del locutor Ben Shapiro y responsable de títulos, estos sí, hechos por y para afines a lo MAGA y sus aledaños como los documentales Am I Racist? y What Is a Woman? (y próximamente, su propia adaptación de Blancanieves). El filme, que ya ha tenido problemas laborales por las condiciones de su rodaje, luce un argumento afín a estos postulados. La sinopsis habla de un campus universitario invadido por radicales islamistas dispuestos a enseñarles a esos rojos comeflores el lado más salvaje de su ley religiosa mientras "un grupo heterogéneo de estudiantes apasionados, un guardia de seguridad harto del buenismo y un veterano de la Delta Force" se encargan de salvar el día.Lo interesante de este caso es que Run Hide Fight 2 haya recurrido a Majors, un actor cuyo exilio de la industria se debe a su detención por violencia doméstica en 2023. Hasta ahora, esta clase de filmes había lucido un star system particular de intérpretes políticamente afines, desde el inefable Kirk Cameron hasta Gina Carano (protagonista de Terror on the Prairie, también con el sello de Daily Wire), pasando por Jim Caviezel o el mexicano Eduardo Verástegui. Hasta ahora, el caso más similar al de Majors había sido el de Cuba Gooding Jr. El actor de Jerry Maguire, que ha pasado varias veces por el banquillo desde 2019, fue uno de los protagonistas de The Firing Squad (2024), película de temática religiosa en la que también participaba un actor tan señero del trumpismo como Kevin Sorbo (Hércules). Pero ni este ejemplo ni los de Majors y Hammer aseguran que estos intérpretes vayan a centrarse en este sector del mercado. Si no hay presupuesto, recurre a la jetaEl circuito de las películas 'basadas en la fe' (es decir, orientadas a un público religioso y conservador) es un precursor directo del cine ultraderechista de hoy en día. Y gracias a él sabemos que sus responsables siempre están dispuestos a reclutar intérpretes y cineastas de renombre, siempre que ajusten sus salarios debidamente. Por ejemplo, la apocalíptica Megiddo: The Omega Code 2 (2001) pudo tentar al público con los nombres de Michael York, R. Lee Ermey, Udo Kier y Franco Nero pese a que su presupuesto se quedaba en 20 millones de dólares. Incluso tenemos casos en el cine español, como el de ese Roland Joffe (La misión) que se puso a sueldo del Opus Dei para convertir en Escrivá de Balaguer a un Charlie Cox pre-Daredevil (Encontrarás dragones, 2011).Así pues, los casos de Jonathan Majors, Armie Hammer y Cuba Gooding Jr. no son nada nuevo: la factoría de películas de extrema derecha no deja de ser una rama más de la serie B y, como tal, sabe que el morbo y el oportunismo pueden compensar los bajos presupuestos y una calidad que, en muchas ocasiones, tiende a lo nefasto. Otra cosa es que cierto público, ciertos medios y ciertos millonarios que se creen el doctor Strangelove logren para ella más atención de la que merece.
El cine ultraconservador, salvavidas para los parias de Hollywood: de Armie Hammer y Jonathan Majors a Cuba Gooding Jr.
La extrema derecha repesca a actores repudiados por la industria debido a escándalos de abuso sexual.













