En febrero de 2024, el artista plástico malagueño Juan Manuel Reyes se llevó un palo tremendo. Cada mañana, cuando se levantaba, veía cómo unos operarios trasteaban la escultura ubicada en mitad de la rotonda que divisa desde su casa de Mijas. Primero le dieron una buena mano de pintura, y después le colocaron unos vinilos adhesivos. Decían darle lustre, pero él sentía que le estaban cambiando la esencia. Aquella escultura la creó él y le puso nombre como a una hija, La Veleta, y le dolía en el alma que aquellos hombres la toquetearan.

Al principio lo dejó estar, pero las pegatinas que simulaban unos antiguos relojes de cuerda fueron demasiado. Llamó al Ayuntamiento, pidió explicaciones y tuvo que registrar un escrito para que el Ayuntamiento retirase los adhesivos. Insistió, y también consiguió que devolvieran la obra a su color original.

Pero no se quedó ahí. Buscó asesoramiento de VEGAP, una entidad que ayuda a gestionar los derechos de autor de artistas plásticos, y se convenció de que debía hacer algo más para restaurar el atropello. “Sentía que me habían puesto un pie en el pecho. No podía mirar a otro lado”, comenta. Así que puso una demanda, en la que explicaba que se había vulnerado su derecho de propiedad intelectual sobre la obra, en sus narices y dándole publicidad, y que eso le había producido un daño moral que debía compensarse.