Una última vuelta de tuerca para reventar un país que es una olla a presión desde hace décadas por pobreza, por racismo de todos contra todos, por corrupción y por violencia. Sudáfrica vive desde hace semanas una nueva ola de violencia xenófoba que ha acabado con un ultimátum de patrullas vecinales: los extranjeros indocumentados deben abandonar el país como fecha tope el 30 de junio. Los que no lo hagan se enfrentan a ser asesinados, a que les quemen sus casas y negocios, a que los agredan… "Me preguntaron: ¿Cuándo vas a irte del país? Queremos arreglar nuestro país. Si no te vas ahora, te irás en un ataúd, porque no necesitamos a nadie después del 30 de junio", explica a CNN Kaunga Nyrenda, un inmigrante de Malaui que vive en Johannesburgo. Unos días antes, un compatriota suyo fue asesinado a pedradas en una protesta en la ciudad de Pietermaritzburg. Han muerto también mozambiqueños, ugandeses… Es una guerra de pobres contra pobres que lleva ocurriendo desde hace muchos años en Sudáfrica, pero que ahora se ha intensificado porque los mismos movimientos xenófobos y patrióticos que salen por todos los lugares del planeta afectan a este rincón de África. Aquí todos tienen piel negra, todos son pobres y todos enarbolan el mensaje antimigratorio de "Sudáfrica para los sudafricanos". Y muchos de esos sudafricanos creen que eso no ocurre. Las cifras sirven para enmarcar el problema. Es complicado dar una cifra exacta con fronteras tan permeables como las sudafricanas, pero los estudios apuntan a entre 3 y 5 millones de inmigrantes, más o menos un 5% de la población total del país. Los países fronterizos como Zimbabue, Mozambique y Lesoto son los principales focos de esa inmigración, peor también hay llegadas significativas desde Malaui, Ghana, Congo o Nigeria. TE PUEDE INTERESAR Opinión Normalmente, el fuerte sector de la minería y las plantaciones agrícolas suelen absorber esa mano de obra más barata que muchos empresarios usan. Eso va generando una bolsa de desempleo siempre creciente entre la población local. Los datos oficiales señalan ahora un 31,4% de paro en el primer trimestre de 2026, la tasa más alta del planeta tras Sudán (quedan fuera otros países sin mediciones fiables). En ese periodo hubo 301.000 nuevos desempleados. Todo eso ha generado este estallido actual, que en todo caso se lleva cociendo a fuego alto desde hace años. El proyecto Xenowatch de la Universidad de Witwatersrand, que es la fuente más rigurosa para este seguimiento, contabiliza 1.321 incidentes de estallidos de violencia xenófoba entre 1994 y junio de 2026, con al menos 698 muertes registradas, 128.858 desplazados y 5648 negocios de inmigrantes saqueados. TE PUEDE INTERESAR "No somos xenófobos. Lo que queremos es que los inmigrantes indocumentados regresen a sus países para que los recursos limitados beneficien a los sudafricanos, especialmente a los pobres, que son quienes más sufren. Todos los países dan prioridad a sus propios ciudadanos. ¿Por qué no iba a hacerlo Sudáfrica?", explica Jacinta Ngobese-Zuma, una de los líderes de March and March (movimiento civil que exige la salida de los inmigrantes ilegales), al medio sudafricano IOl. La hoy considerada principal instigadora de esta ola de xenofobia, que irónicamente fue nominada a un reconocimiento continental en los premios "Mujeres en los medios" de Ghana en 2024, un país que desde entonces la ha criticado duramente por el conflicto en torno a la inmigración, añade: "Estoy harta de que se me presente constantemente como la líder de un grupo de justicieros que se dedica a atacar a extranjeros. Nosotros no somos eso. Lo que la gente no sabe es que nos reunimos con los ministros de Salud y Educación, y acudimos a la Policía. Pedimos a las autoridades que nos acompañaran para verificar la situación de los extranjeros indocumentados, pero nos dijeron que no tenían capacidad ni recursos suficientes. Condenamos los ataques, los saqueos y la violencia. Lo digo siempre. Los responsables deben ser detenidos, ya que son oportunistas que utilizan nuestra causa y nuestro nombre para actividades delictivas", afirma la periodista y podcaster de origen zulú. Otro de los cabecillas de esta revuelta que ha puesto contra las cuerdas la estabilidad del Gobierno, y el frágil equilibrio social sudafricano, es Nkosikhona Ndabandaba. Un zulú, que usa sus vestidos tradicionales, y que junto a Jacinta se señala como el instigador del movimiento. En Facebook tiene 1,7 millones de seguidores. Ayer lunes 29 de junio, subía diversos videos de una intimidatoria manifestación de miles de zulús llevando sus varas de madera tradicionales. Sus mensajes, sin embargo, son "no odiamos a nadie"; "sólo queremos que el Gobierno nos escuche"; "que vuelva la dignidad a nuestro país", pero con siempre la fecha del ultimátum: 30 de junio. TE PUEDE INTERESAR En uno de esos mensajes, junto a su imagen en una botella de Coca Cola que parece cargada de gasolina, escribe un eslogan que quizá les suene: "We just want our country back" (sólo queremos recuperar nuestro país). Mientras, el Gobierno del Congreso Nacional Africano intenta detener el estallido social y recuperar el control de las calles sin acabar en un enfrentamiento interno que debilite del todo su ya frágil posición: "No se puede permitir que individuos o grupos tomen la ley por su propia mano. En nuestro país, la ley no la ejecutan grupos de vigilantes; la ejecutan las autoridades estatales. Aquellos que se dedican a intimidar a otros, a exigir documentos a la gente en la calle o a expulsar a las personas de sus hogares, están cometiendo delitos graves y serán tratados como criminales", ha dicho el presidente Cyryl Ramaphosa. Hay otras voces políticas que se han levantado en contra de este movimiento ultranacionalista. "Advertimos a Jacinta y a sus hooligans de March and March sobre el peligro de incitar a la violencia en las comunidades negras. Hoy, la tribu Vatsonga Machangani (tsonga) marchó en defensa de su pueblo contra la nación zulú. Los descendientes de Jan Van Riebeeck (primer colonizador holandés de la provincia del Cabo) se ríen de nosotros mientras estamos en guerra con nosotros mismos", decía el 26 de junio Mazwi Blose, parlamentario del grupo político Economic Freedom Fighters (EFF), liderado por el radical y racista Julius Malema. TE PUEDE INTERESAR El EFF, que lleva años reclamando que los blancos sudafricanos entreguen sus tierras e invita contantemente a echarlos del país e incluso a matarlos, aboga en este caso por la concordia bajo el paraguas de ese panafricanismo que defiende que "África es de los africanos negros nada más". "Cómo voy a mirar a la cara a mi propio hijo y sentirme un padre orgulloso si he echado de la escuela a otro niño negro como se hacía durante el apartheid. No voy a echar a una mujer negra embarazada de una clínica porque no es sudafricana", ha declarado Malema. Y es que ese es el foco de las protestas, el mismo que ocurre en todo el globo. Peores servicios, menos empleo y más delincuencia de la que se acusa a los inmigrantes. "Tenemos dificultades para que nuestros hijos entren en las escuelas. Tenemos dificultades para que nuestros ancianos ingresen en los hospitales", señalaba Mecha Ramorola, manifestante de una concentración March to March en Pretoria, a la BBC. TE PUEDE INTERESAR También se acusa a los inmigrantes de ser un foco de delincuencia. Otro viejo argumento del que siempre han sido especialmente señalados los nigerianos. El problema empieza a tomar un cariz que puede afectar a las relaciones diplomáticas entren ambos países: "Se están saqueando negocios legítimos, mientras que los niños se ven obligados a faltar a la escuela. La policía se negó a hacer nada. Nigeria no está satisfecha, ya que ha hecho grandes sacrificios por la lucha por la independencia de Sudáfrica. Mi propia generación portó pancartas y se manifestó frente a instalaciones sudafricanas; a veces, incluso fuimos detenidos", ha declarado la ministra de Asuntos Exteriores nigeriana, Bianca Odumegwu-Ojukwu. En los últimos días ha habido varios vuelos o convoyes de autobuses con repatriados a Nigeria, Malaui, Ghana o Mozambique y Zimbabue que huyen de las barriadas ante el incremento de las tensiones. ¿Qué pasará hoy? El país vive estas últimas horas de ultimátum con la sensación de una sociedad ya completamente partida. Los mensajes panafricanistas de la ultraizquierda, donde se apuntaba como foco de todos los males al apartheid y la herencia blanca, han dado paso a movimientos ultranacionalistas donde se exige cambiar la realidad de los barrios y no diferencian colores de piel. Las redes sociales estén llenas de videos e imágenes donde se denuncia la invasión de inmigrantes en las barriadas. El Gobierno parece desbordado. TE PUEDE INTERESAR La mecha que prendió de nuevo los ataques xenófobos fue el 17 de abril de 2026. Entonces hubo ataques con látigos y palos a comerciantes e inmigrantes extranjeros en las township de Durban. Eso generó un efecto dominó que se fue replicando en todas las grandes ciudades. Si el gobierno cede, y permite que patrullas ciudadanas impongan la ley, estará acabado. Si se opone con fuerza, y usa medios coercitivos, el estallido social es incalculable. Sudáfrica vuele a ser un barril de pólvora a punto de estallar. Una mirada atrás para entender todo Para entender cómo se ha llegado aquí es necesario mirar atrás. La llegada de la democracia se celebró en el país como un evento panafricano. Mandela lideró una revolución social en la que Sudáfrica se convirtió en el país del arcoíris, de la bienvenida. "Nosotros, el pueblo de Sudáfrica, nos sentimos realizados porque la humanidad nos ha acogido de nuevo en su seno, porque a nosotros, que no hace mucho éramos forajidos, hoy se nos ha concedido el raro privilegio de ser anfitriones de las naciones del mundo en nuestro propio suelo". Dijo el ya presidente Mandela en su discurso de investidura de 1994. TE PUEDE INTERESAR Opinión Esa puerta abierta, esa bienvenida basada en la filosofía del Ubuntu, fue masiva, y durante décadas llegaron al país, mucho más desarrollado que todo su entorno, inmigrantes de diversos países africanos. Eso hice crecer las llamadas Township hasta niveles desesperantes. Millones de personas hacinadas en condiciones de absoluta pobreza convirtieron aquellas barriadas en guetos de enfermedad, violencia y miseria. Los inmigrantes ilegales se instalaban y creaban sus propios barrios dentro de los barrios, y a la vez, especialmente aquellos que llegaban de Mozambique, Malaui y Zimbabue, accedían a trabajos peor pagados y con duras condiciones que los locales no estaban dispuestos ya a realizar. El desempleo entre los sudafricanos se contagiaba como se contagió el Sida. Eso generó desde ya la primera década del siglo XXI graves estallidos de protesta y revueltas que han sucedido regularmente hasta llegar al gravísimo momento actual. A esa compleja realidad de integrar la inmigración exterior, se une la compleja realidad sudafricana. Los zulús, especialmente asentados en la zona este del país, han sido siempre un foco de tensión interno. En 2015, cuando hubo también graves altercados xenófobos, fue el rey zulú, Goodwill Zwelithini, el principal instigador. TE PUEDE INTERESAR Opinión Ahora son también los zulús, aunque se han unido gentes de todo el país, los que lideran March to March y otras protestas similares. La diferencia ha sido la entrada de las redes sociales que han echado gasolina a un incendio imposible de apagar. Videos de agresiones, desinformación e información, y un último debate ya global: ¿cómo regular la inmigración en países donde hay problemas económicos o de violencia? ¿Las redes sociales son un peligroso vehículo de desinformación o de información seleccionada para lanzar un concreto mensaje? ¿La xenofobia es un problema internacional? ¿Lo es la inmigración ilegal? La nación arcoíris quiso ser el emblema de esa nueva África hermanada y libre, pero el fracaso de décadas de pobreza, violencia y corrupción ha estallado porque algunos exigen controlar el reparto de su propia tarta de pobreza.
"Sudáfrica para los sudafricanos": el país se blinda para intentar evitar lo peor de una 'caza al inmingrante'
El país enfrenta una dura ola de violencia y un ultimátum de grupos ultranacionalistas que exigen que salgan todos los inmigrantes ilegales antes del 30 de junio












