¿Pero qué demonios está pasando aquí? Por instantes, en la central de Wimbledon cunde la sensación de que la mente de Jannik Sinner (que no el cuerpo) sigue todavía en París. Allí, el número uno del mundo sufrió un colapso físico monumental que le apartó de Roland Garros cuando a priori, tenía todas las de ganar. Sin embargo, el episodio le costó una despedida en la segunda ronda y ahora, en Londres, se teme por su continuidad durante una fase en la que le sucede un poco de todo: se queja, sangra del pie, se contorsiona en una caída que podía haberle costado alguna rodilla (o la cadera) y, por si fuera poco, el serbio Miomir Kecmanovic se ha situado dos sets a uno arriba. Rostros pálidos en su banquillo e incredulidad en la grada. ¿De verdad va a volver a caer? No, al final lo salva: 4-6, 6-3, 6-7(6), 6-2 y 6-3. Termina invirtiendo tres horas y media y, a pesar de que transmita una aparente tranquilidad, por la mente del campeón se esparce inevitablemente la inquietud. Las malas sensaciones que le condujeron al sumidero francés predominan en un debut que al final resuelve gracias a su formidable rendimiento con el servicio; en concreto, a los 31 puntos directos con el saque que equivalen a su récord personal. Traga saliva el de San Cándido y también lo hacen a coro los integrantes de su equipo, que anteriormente se temían lo peor. No terminaban de verlo claro en términos de juego y todavía menos cuando el tenista, maestro con los pies, ha sufrido un resbalón en un apoyo con el pie derecho y a continuación ha caído de mala manera en el transcurso del tercer set: rodillas hacia dentro, postura forzada y grito de dolor. ¿Es de goma? Así es, otro chicle, de la escuela elástica de Djokovic. La Centre Court se queda congelada, pero después de comprobar que no hay daño mayor, se incorpora y continúa. Metafórica imagen del presente de un tenista que un día arrasaba y al otro sufre, como si la desgracia de repente se hubiera apoderado de él, sin mediar demasiada explicación. Ocurrió en París (factor físico mediante) y finalmente lo evita aquí, pero el mal rato es de aúpa.“Estaba un poco tenso al principio, no he jugado a mi mejor nivel. En los primeros sets he cometido muchos errores con la derecha, así que trataremos de mejorar de cara al siguiente partido”, dice ante los presentes. “Pero estoy contento por cómo he digerido el haber perdido el tercer set [en el desempate, que partía con un 3-0 a su favor] y de haber ganado el primer partido en hierba. Ha sido duro, él [Kecmanovic] lo ha hecho muy bien. He tratado de aceptarlo y de subir el nivel cuando lo necesitaba. Esto es tenis”, valora, restándole importancia al pie sangrante: “Parece peor de lo que es”. Y bromea: “En realidad, estoy muy sorprendido de que me dejaran seguir jugando porque aquí se va de blanco [bajo estricta normativa]... y está un poco rojo”.El cambio climáticoSinner, de 24 años, precisa que se trata de una uña y que en un principio, no supondrá problema alguno para el encuentro del miércoles con Nuno Borges. En cualquier caso, vuelve a aterrizar otra vez en Wimbledon con la necesidad de sobreponerse a lo acontecido en Roland Garros. Hace un año lo hizo después de haber encajado un soberano golpe anímico, al caer derrotado en aquella inolvidable final contra Carlos Alcaraz, y ahora lo hace tras haber dejado escapar una oportunidad de oro para hacerse con el grande francés. El curso pasado se desquitó y confía en repetirlo, muy consciente de que toda ronda puede deparar sobresaltos y de que no debe bajar lo más mínimo la guardia.Solo dos defensores del título habían caído en el debut del año siguiente, Manolo Santana (en 1967) y Lleyton Hewitt (2003). Así que suspira. Podía haber sido mucho peor. “Las caídas son complicadas porque te puedes lesionar, pero en realidad, aquí son lo más normal del mundo y especialmente en los primeros partidos; la hierba está muy nueva y te resbalas un poco más de lo normal. He tenido suerte porque las cosas pueden torcerse muy rápido. Y he seguido confiando en mis movimientos. Antes del torneo hicimos mucho trabajo de prevención porque sabemos que este tipo de cosas pueden pasar”, concreta.El capítulo de Roland Garros sucedió a otros (Melbourne, Roma, Cincinnati, Shanghái…) en los que su chasis falló en circunstancias de máxima exigencia ambiental, sobre todo cuando golpean las altas temperaturas; por eso, a principios de mes viajó a Milán y se hizo un exhaustivo chequeo en el Hospital San Raffaele, en vez de jugar algún torneo preparatorio de la gira de hierba. “Queríamos asegurarnos de que todo está en orden, y así es. Las pruebas han salido muy bien”, explicaba el pasado sábado. Al mismo tiempo, Sinner detallaba que su plan de entrenamientos variará de aquí en adelante, en consonancia con los efectos del cambio climático. La Tierra sufre, y los deportistas también.“¡Wuuuuuuuuuuu!”“Estamos convencidos de que tenemos que entrenar en condiciones de más calor, creo que en todos los sitios donde juguemos va a hacer mucho calor. Cada año hace más y más calor. Es un tema muy importante”, recalca el líder del circiuto. Él, también tecnócrata. Pocos o ningún detalle al azar, así que tira de la tecnología: un sensor —en forma de parche circular en la parte posterior del brazo, empleados por los diabéticos— para medir en tiempo real los niveles de glucosa, cómo reacciona el cuerpo a los esfuerzos. Así le captaron cuando se afinaba en Montecarlo, antes de poner rumbo al Reino Unido. A ello se suman sesiones “más largas y sin pausas”.Y sin tregua emprende su andadura Novak Djokovic, quien harto de intentarlo una y otra vez, de que Yibing Wu le haya devuelto ya mil y una pelotas, sopla con rabia para que la bola rebase la línea de fondo. En ese instante, el duelo todavía está en al aire y los asistentes repiten una y otra vez el grito. ¿Abucheos? De eso nada. “¡Wuuuuuuuuuuuuuu!”. Se lo merece. Señor partido el del chino, quien por momentos ha tenido a Nole contra las cuerdas, no demasiado lejos de inclinarse: 6-4, 5-7, 6-4 y 6-4, tras 3h 11m. Noche para la diversión y a la que asisten celebridades como David Beckham, un fijo en Wimbledon, y Bad Bunny, al que el tenista había ido a ver el sábado en el estadio del Tottenham.“No parecía una primera ronda. Me ha presionado mucho”, transmite el serbio, todavía sofocado. “No había jugado contra él [15 aces y 54 tiros ganadores] y me ha sorprendido por el nivel de sus golpes. No tiene puntos débiles... Y por suerte ha fallado ese remate, tendría que haber perdido el cuarto set; por suerte tengo la experiencia de más de 20 años jugando, aunque estaría bien combinarla con un cuerpo más fresco...”, bromea. Le aplauden a rabiar su incondicional Jelena y sus hijos, Tara y Stefan: “Gracias a todos por aguantar hasta tan tarde. Tener a mi familia aquí es una bendición, aunque se haya pasado la hora de irse a la cama… Tendremos que hablar de ello”.