Rufus, uno de los grandes protagonistas de Wimbledon (Crédito: REUTERS/Hannah Mckay)Hay federaciones que organizan torneos, certámenes que construyen campeones y, después, está Wimbledon. No se trata solamente del campeonato de tenis más antiguo del mundo ni de uno de los cuatro Grand Slams. Es algo diferente: un escenario suspendido entre el pasado y el presente.Cada año, cuando los primeros espectadores atraviesan las puertas del All England Club, sucede algo difícil de explicar. El ruido de Londres parece quedar atrás, los edificios pierden altura y el ritmo frenético de la ciudad se desacelera por unas horas.PUBLICIDADRodeado de calles serpenteantes que suben y bajan entre casitas de arquitectura y jardines de clásico estilo inglés, aparecen las canchas de césped más famosas del planeta. Allí se disputa un torneo que convive con la modernidad, pero que nunca renunció a su historia. Y quizás en ese equilibrio está el verdadero secreto de Wimbledon.Mientras gran parte del deporte profesional se volvió cada vez más veloz, ruidoso y espectacular, Wimbledon eligió conservar una parte de sí mismo que parece inmune al paso del tiempo.PUBLICIDADLa historia comenzó mucho antes de que existieran Roger Federer, Novak Djokovic, Rafael Nadal o Carlos Alcaraz. No había transmisiones radiales, mucho menos televisivas, y el tenis apenas daba sus primeros pasos como disciplina organizada.Fanáticos del tenis llegan para acampar en Wimbledon, antes del inicio de la edición 2026 (Crédito: Reuters)El club abrió sus puertas en 1869 bajo el nombre de All England Croquet Club, en Worple Road, cuando el croquet gozaba de una popularidad muy superior a la del tenis. Sin embargo, durante la década siguiente comenzó a expandirse por Inglaterra una nueva actividad que despertaba el interés de los sectores acomodados de la sociedad victoriana: el lawn tennis, una adaptación del antiguo tenis real practicado durante siglos por la aristocracia europea.PUBLICIDADPor eso, el 14 de abril de 1877 la institución incorporó oficialmente el tenis sobre césped y pasó a llamarse All England Croquet & Lawn Tennis Club. Nadie podía imaginar entonces que aquel paso sería el origen del torneo más prestigioso del mundo y de uno de los deportes más practicados del planeta.Aquel primer campeonato poco tuvo que ver con el actual. No había estadios, no existían las multitudes y las mujeres todavía no competían. Pero sí hubo un protagonista que se convertiría en un clásico de Wimbledon: la lluvia, que obligó a postergar durante varios días la definición.PUBLICIDADVeintidós hombres participaron de aquel torneo. La final fue observada por apenas 200 espectadores que habían pagado un chelín para ver al británico Spencer Gore derrotar a William Marshall en menos de una hora.Con el paso del tiempo crecieron las tribunas y aumentó la repercusión internacional. Después de la Primera Guerra Mundial, en 1922, el club se mudó a su ubicación actual sobre Church Road, dejando atrás el predio de Worple Road, donde hoy funciona el Wimbledon High School.PUBLICIDADUna vista panorámica del All England Club, sede de Wimbledon (Crédito: Wimbledon oficial)Más de un siglo después, algunas cosas siguen exactamente igual. Mientras la mayoría de los grandes torneos abandonó la hierba, Wimbledon permaneció fiel al césped.La decisión tiene mucho más peso del que parece. No se trata simplemente de una superficie de juego: es una parte esencial de la identidad del campeonato. Es el vínculo directo entre los tenistas actuales y aquellos pioneros que competían con raquetas de madera, ropa confeccionada artesanalmente y técnicas que hoy resultarían rudimentarias.PUBLICIDADMantener una cancha de césped en condiciones para el tenis profesional es una tarea tan compleja como obsesiva. En Wimbledon lo saben muy bien.Las 38 canchas que integran el predio -20 de entrenamiento y 18 destinadas a la competencia- reciben cuidados durante todo el año. Un equipo de 28 especialistas supervisa diariamente cada detalle.PUBLICIDADDesde 2001 se utiliza una variedad de raigrás perenne especialmente seleccionada por su capacidad para soportar el desgaste que provoca el tenis moderno, mucho más físico que el de décadas anteriores. Nada queda librado al azar. Apenas termina el torneo comienzan los trabajos de preparación para la edición siguiente. El proceso incluye nivelación del suelo, resiembra y un control permanente de humedad y compactación.PUBLICIDADRufus, el halcón utilizado para ahuyentar a las palomas en Wimbledon (Crédito: REUTERS/Toby Melville)Durante el invierno la hierba se mantiene a unos 13 milímetros. A partir de marzo comienza un descenso gradual de la altura, reduciendo apenas un milímetro cada dos semanas para no dañar la planta. En mayo alcanza la medida definitiva: ocho milímetros. Ni siete ni nueve. Exactamente ocho.A partir de allí el césped se corta día por medio y recibe un seguimiento constante. Los jardineros también cuentan con un aliado poco habitual: cada mañana, antes de la llegada del público, una figura sobrevuela el cielo londinense para proteger el césped más famoso del tenis. Se trata de Rufus, un halcón entrenado específicamente para ahuyentar a las palomas que podrían dañar las canchas.La escena tiene algo de surrealista. Mientras los mejores jugadores del mundo descansan en sus hoteles, el ave patrulla silenciosamente el complejo para garantizar que nada altere el estado de las pistas.Sin embargo, ni siquiera semejante nivel de cuidado puede evitar el desgaste natural. Al comenzar la segunda semana, las zonas próximas a la línea de fondo suelen perder buena parte de su cobertura vegetal, dejando al descubierto el suelo castigado por miles de desplazamientos, frenadas y cambios de dirección.La transformación modifica el juego. Encontrar sectores con césped intacto se vuelve cada vez más difícil y, en algunos puntos, la superficie termina ofreciendo una apariencia que recuerda más a la tierra batida que a la hierba con la que comenzó el torneo."Manténgase alejado del césped", ordenan los carteles en Wimbledon (Crédito: REUTERS/Hannah Mckay)
Rufus, las frutillas con crema y una regla que nadie se anima a romper: los rituales que hacen único a Wimbledon
Nació cuando el croquet era más popular que el tenis, sobrevivió a guerras, mudanzas y revoluciones tecnológicas. Las tradiciones que convierten al Grand Slam inglés en una experiencia única dentro del deporte mundial














