Hubo una generación que aprendió a amar el fútbol antes de entender una táctica o memorizar una alineación. Lo hizo frente al televisor, viendo a un niño de enormes ojos correr durante capítulos enteros hacia un arco que parecía estar al otro lado del planeta. Para millones de aficionados, Japón nunca fue únicamente la selección que comenzó a sorprender en los Mundiales del siglo XXI. Mucho antes de eso ya era el país de Oliver Atom, Benji Price, Steve Hyuga y de un sueño imposible: enfrentar a Brasil en la Copa del Mundo.