En el parque Alí Primera en Catia, en la entrada de la autopista que conduce a La Guaira, han comenzado a llegar los heridos del terremoto que ahora también son damnificados. Johnny Monterola pasó horas con un brazo y una pierna aplastados bajo las paredes de su casa. Lo rescató un comerciante informal que pasaba por la zona. El joven se subió a los escombros sin herramientas para sacarlo a él y a su hijastro. Lo grabó agotado luego de jalarlo entre las rocas en un video que se hizo viral las primeras horas después de los sismos. Con suturas en el brazo y la cabeza y un dolor en la pierna trata de recomponerse sobre una colchoneta en el refugio donde han reubicado a 1.100 familias. Johnny está con su suegra, hijos y otros familiares que perdieron sus apartamentos en unos edificios de Misión Vivienda, la OPP 22, unas moles de cemento levantadas en la zona de Caribe que quedaron regadas sobre el litoral. Le falta su esposa, Lorena Clemente, a la que no pudieron rescatar con vida. “Yo sentía que me estaba subiendo la tensión, porque tenía la cabeza con un peso encima”, cuenta el hombre, de 55 años. “Me hice pupú, pipí y vomité mientras estaba ahí aplastado”, cuenta los detalles a sus hijos y la familia extendida que han ido a reencontrarse con el sobreviviente. El hombre llora a ratos, abraza los hijos, hace bromas. Luego piensa en lo que pensaba mientras estaba bajo los escombros, por ejemplo, en la sobrina que iba a visitarlos para ir a la fiesta de San Juan y luego canceló el viaje y se salvó. En que tres niñas de la familia que estaban en el edificio y siguen buscando puedan estar vivas. “Tengo el presentimiento de que están por ahí”, dice. En qué hubiese pasado si salía a tomar con los amigos como tenía pensado. “Si me hubiese ido a tomar mi esposa habría muerto sola”. También piensa en sus vecinos.—¿Y Pedro, del piso 5?—Quedó aplastado —le actualiza uno sus allegados.Para sacar el cuerpo de Lorena tardaron tres días, cuenta su hermano Richard Serrano. Bajo la mujer muerta encontraron personas vivas. Más abajo montones de muertos. A este lugar llegaron los rescatistas de Alemania y Brasil el sábado, cuando Richard ya había logrado sacar a su hermana con vecinos y familiares. Con las manos los que movieron los escombros. Ellos mismos la trasladaron en un carro y la cremaron. La ayuda nunca llegó a tiempo. Todo tardó demasiado. Johnny recuerda que con el brazo abierto esperó durante horas sobre unos cartones junto con decenas de heridos a la espera de ser llevado a un hospital o atendido por un paramédico. “Un cuerpo sacado la primera noche seguía tirado en la calle frente al edificio cuatro días después”, cuenta Raúl Ochoa, tío de Lorena.Personas buscan los nombres de las personas que se refugian en el albergue del Parque de Recreación Alí Primera en Caracas.Daniel EcheverríaHeridos esperan a sus familiares en el albergue del Parque de Recreación Alí Primera.Daniel EcheverríaPersonas esperan en el albergue en el Parque de Recreación Alí Primera uno de los primeros refugios que se habilitó en Caracas.Daniel EcheverríaLos refugios temporales están ocupados por personas cuyas viviendas sufrieron daños en sus hogares. Daniel EcheverríaLos damnificados instalaron carpas en las áreas abiertas del Parque Carabobo ubicado en el casco central Caracas.Daniel EcheverríaUna mascota en el campamento de refugiados en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda en Caracas, en Venezuela.Daniel EcheverríaLas restricciones que impuso el Gobierno para ir a la zona del desastre han complicado la búsqueda de cuerpos y sobrevivientes. El paso a La Guaira es limitado y se han instalado puntos de control en varios para chequear que solo accedan los que están autorizados con brazaletes de acceso con los que identifican a voluntarios y periodistas. “La policía tiene el paso cerrado y no hay salvoconductos para los que estamos buscando familiares”, se queja Ochoa, “pero tengo que hacer lo que sea por buscar nuestros cuerpos, todavía nos faltan tres niñas con su mamá”.Este es uno de los primeros refugios que se habilitó en Caracas y empieza a estar abarrotado, con los servicios sanitarios al límite. Está poblado de carpas en las áreas abiertas, como también se ven otros parques y aceras en las zonas de desastre, convertidas en ciudades campamento. Muchos de estos refugios temporales están ocupados por personas cuyas viviendas sufrieron daños y que todavía no han sido inspeccionados para saber si son habitables. Personas que prefieren plantarse ahí para eventualmente ser beneficiados con reparaciones en sus viviendas u optar por una nueva. “Nosotros no nos vamos a ir a un refugio”, dice Zoraida Martínez que ha pasado las noches en una carpa frente al edificio en el que vivía en la avenida Universidad, en el centro de Caracas. Un grupo de inspectores pasó por el inmueble y les dijo tiene daños reparables, pero el que está al lado fue desalojado por riesgos estructurales.La carga de la tragedia es pesada. Más de 12.700 personas han resultado desplazadas por el desplome de 774 edificaciones. El doble terremoto ha dejado 1.450 muertos y 3.150 heridos, según el balance del domingo dado por el Gobierno. Más de 2.600 rescatistas extranjeros están en el terreno, pero parece que todavía no alcanzan para llegar a todos los lugares afectados donde pudiera haber sobrevivientes. Unicef ha estimado que el desastre deja a 1,8 millones de personas con necesidad de asistencia humanitaria, incluidos 680.000 niños y niñas. Estos se suman a los cinco millones que Naciones Unidas ya calculaba que vivían con necesidad por la prolongada crisis socioeconómica que se ha enquistado en Venezuela.En los salones de una escuela dentro del parque Alí Primera han instalado a los que están llegando de La Guaira. Kenji Acosta, de 44 años, está sobre una cobija en la tierra. “Vi personas aplastadas, muchos muertos y a un muchacho que me gritaba desde un edificio que lo ayudara”, revive tras su salida de la zona del desastre. La mujer llegó a Caracas con sus tres hijos pidiendo colas: “He llorado demasiado. Nunca voy a poder olvidar lo que vi”. En el refugio ha recibido medicación y el Ministerio de Salud también ha comenzado a desplegar equipos de salud mental. En el lugar, hay gente tramitando su cédula, buscando ropa entre las montañas de donaciones, recibiendo cambures y agua en una frenética gestión de la crisis. En la entrada del parque han pegado las listas de los nombres de quienes han llegado al lugar. A los lados se multiplican mensajes con fotos de desaparecidos. Lejos de la zona del desastre, los recreadores disfrazados de Mario Bros o de payasos se cruzan con gente que se rompe en llanto en cada esquina del refugio.
El reencuentro de los sobrevivientes en los refugios de Caracas: “Pedro, del piso 5, quedó aplastado”
Los albergues comienzan a rebosar de rescatados de los escombros que no tienen a dónde ir. El retraso de las inspecciones a edificios afectados mantiene a la gente en campamentos en la calle













