¿Recuerda con nostalgia los años universitarios? No se preocupe. Su empresa quizás repita esa experiencia con todos los trabajadores. Loreto Sancho (37 años, Madrid), por ejemplo, posee dos másteres y once años de experiencia en el sector energético. Sin embargo, regresó a las aulas tras ser contratada por Repsol en 2018. Graduada en ciencias ambientales, tuvo que completar una serie de módulos tras incorporarse a la empresa, luego se matriculó en varias sesiones sobre desarrollo de negocio y actualmente cursa un programa para la “excelencia en ventas” que imparte la firma de combustibles. Es instrucción gratuita pero obligatoria para gran parte de la plantilla, directivos incluidos. La mayoría de los empleados de esta compañía han pasado por un proceso similar. La formación interna gana terreno ante una brecha creciente entre lo que enseñan las facultades y lo que exige el mercado laboral.BBVA, Telefónica, Repsol y Ferrovial —entre otras corporaciones españolas— han relanzado o reforzado en los últimos años sus propias universidades corporativas. El banco vizcaíno, por ejemplo, duplicó su apuesta por la capacitación interna con un salto de los 31 millones invertidos en formación en 2020 a 63 millones para 2025. Más infraestructura, más formadores, más asignaturas y sobre todo un plan que se actualiza con agilidad para cubrir las carencias en habilidades tecnológicas que, según los empleadores, no se adquieren tras el paso por la universidad y que hoy, con la irrupción de la inteligencia artificial (IA), son más urgentes cubrir. “Estamos notando que las facultades tienen cada vez más dificultades para adaptar sus planes de estudio al ritmo al que se renueva el conocimiento en el tejido productivo. Es ahí donde la educación in company puede responder más rápido”, sintetiza Josep Lladós-Masllorens, profesor agregado de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).La tendencia no deja atrás a las empresas medianas y pequeñas, que acuden a firmas especializadas en formación tecnológica para intentar ponerse al día. Anna Cejudo, cofundadora de Founderz, una startup que dicta programas para pymes, confirma que la búsqueda de formación interna crece con fuerza, especialmente en las pequeñas empresas. “La IA ha generado una sensación de urgencia. Los directivos saben que esta herramienta puede mejorar su productividad, pero también que, si no actualizan a sus equipos, pueden quedarse atrás”, detalla. Se estima que en España, 5,8 millones de trabajadores se educaron a través de la empresa en 2024, con crecimiento en todos los indicadores respecto al año anterior, según datos de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae).Sin embargo, Adrián Todolí, profesor de Derecho del Trabajo de la Universitat de València, advierte que los beneficios de la formación bonificable se concentran de forma desproporcionada en las grandes firmas. “Las pymes tienen menos tiempo, menos estructura y menos capacidad para planificar clases”, destaca. Esa asimetría puede agravar las desigualdades entre quienes trabajan en empresas que invierten en formación y quienes están en sectores precarios o en desempleo, argumenta el académico. Un reciente informe con datos de la Oficina de Estadísticas de Empleo de Estados Unidos señala que, al mismo tiempo, los másteres universitarios empiezan a perder peso en los currículos. El estudio revela que la tasa de desempleo en el país norteamericano entre menores de 35 años se sitúa en uno de los niveles más altos de los últimos 20 años. La institución que tradicionalmente ha servido de puente hacia un trabajo estable y mejor pagado parece ya no brindar las mismas garantías, asegura Lladós-Masllorens. “La universidad ahora te sirve para convertirte en un perfil dinámico, que se adapta al cambio y con las herramientas para seguir aprendiendo, pero cada vez se queda más lejos de captar las necesidades del mercado e incorporarlas a la formación”. Para Sancho, el máster universitario aporta una mirada más “generalista” del saber, mientras que la educación en el trabajo le permite aplicar ese conocimiento a un área laboral. “El comercial de hoy en día necesita estar siempre alerta, profundizando en estrategias, nuevas creaciones de la competencia y proponiendo alternativas. Es por ello que las formaciones en desarrollo de negocio y ventas son fundamentales”, defiende esta empleada.Habitualmente, las universidades corporativas se han caracterizado por instruir en conocimiento de aplicación inmediata. En el espacio formativo de BBVA, por ejemplo, se imparten clases de ciberseguridad, big data e inteligencia artificial. Otras como Repsol o Ferrovial han diseñado agentes de IA para agilizar esa experiencia, simplificando la teoría o creando caminos adaptados para cada empleado. Sin embargo, en los programas también han aparecido nuevas materias como pensamiento crítico, adaptación al cambio o ética en el uso de la tecnología. Un giro en el temario que se ha notado especialmente en los últimos dos años. “Las llamadas habilidades blandas redefinen hoy el perfil de un profesional valioso”, advierte Alberto González de Mena, director de formación en la entidad bancaria.González de Mena subraya que ya no es suficiente, por ejemplo, ser experto en Python o conocer al detalle el software interno. Lo decisivo, señala, es saber traducir ese conocimiento en una propuesta valiosa para el cliente, algo en lo que las habilidades de comunicación resultan decisivas y que pocas facultades enseñan con rigor. El Foro Económico Mundial calcula que el 85% de los empleadores a nivel mundial planea invertir en formación interna, y la consultora BCG advierte que el 66% de los perfiles laborales necesitarán un proceso de reskilling (actualización de habilidades) antes de 2028, dada la veloz transformación tecnológica.Una palanca claveAlgunas de las empresas que hoy relanzan sus programas de formación interna son las mismas que los cerraron hace apenas unos años. Repsol clausuró su centro de instrucción en Móstoles tras la pandemia. Ahora ha vuelto a abrir con el nombre de Universidad Repsol, inaugurada en enero de 2025. Algo similar ha sucedido en Estados Unidos con General Electric, Boeing o 3M, que vendieron sus universidades corporativas. Telefónica también cuenta con su espacio educativo conocido como Universitas con casi dos décadas de funcionamiento. Lucía Crespo, la principal responsable, considera que la formación interna se ha convertido en una estrategia innegociable para competir en el entorno actual y también una palanca clave de atracción y retención de talento. “La ventaja que disponemos como universidad corporativa es una gran cantidad de datos sobre nuestra actividad que escasean en las universidades. Todos nuestros cursos se aplican a casos reales”, explica Carlo Sanders, instructor de la Universidad Repsol, quien lleva décadas formando a empleados en la firma. Cuando la formación finaliza, el mismo equipo de trabajo se encarga de verificar que el aprendizaje se ha interiorizado, cuenta Marta Montenegro, subdirectora de aprendizaje de Repsol: “Evaluamos el nivel de madurez de las habilidades clave tanto a través de la perspectiva del propio empleado como de sus jefes”. El éxito de un programa, explica, no se mide en las horas completadas sino en si el temario impartido se traduce en la mejora de un proceso o en la resolución de un problema real de la compañía. Marta Vaquero, Global Head of Learning & Development de Ferrovial, estima que el sector se encamina a una formación cada vez más personalizada, pensada en competencias específicas que cada profesional elige según el proyecto que tiene entre manos y que la IA será protagonista en este proceso.Sin embargo, no será tan fácil. “El problema es que los trabajadores tecnológicos y cualificados ya no están tan protegidos como antaño porque ha surgido una herramienta que sustituye no solo los procesos rutinarios, sino las tareas más complejas”, advierte Lladós-Masllorens, quien al mismo tiempo defiende que la universidad sigue siendo insustituible para despertar la curiosidad y el hambre por aprender. “Son cuatro años difícilmente reemplazables”, zanja.