Esta Guerra total se presenta como la continuación del impresionante libro de relatos A sangre y fuego que en 2001 devolvió al periodista republicano Manuel Chaves Nogales a la actualidad literaria. Aquel volumen, publicado en 1937 por la editorial Ercilla de Chile, había sido rescatado en 1993 por María Isabel Cintas en el segundo tomo de la Obra narrativa completa (Diputación de Sevilla), pero solo al publicarse exento en 2001 produjo el efecto de una revelación ―y de la consiguiente y justísima restitución del autor― que, con el favor de muchos lectores, se ha mantenido hasta ahora y ha generado una pequeña industria editorial a su alrededor.Las nueve narraciones que integraban A sangre y fuego eran, a la luz de cualquier lectura, estética o ideológica, extraordinarias y habían ido apareciendo en el diario La Nación de Buenos Aires entre enero y junio de1937, salvo tres de ellas que verían la luz en la revista cubana Bohemia entre septiembre y octubre de aquel año. La misma revista en que aparecerían en noviembre y diciembre otros dos cuentos, El refugio’ y ‘Hospital de sangre’, que suelen añadirse desde 2013 a las ediciones recientes del libro. Ninguna de las once piezas de ese conjunto incurre en torpeza o endeblez de asunto, estilo o técnica narrativa y todas sin excepción suscitan conmoción y repulsa hacia las iniquidades y abominaciones que se perpetraron por unos y por otros, los rebeldes fascistas o quienes los combatieron en nombre de la causa del pueblo, fuera desde la legalidad republicana, fuera desde alineamientos revolucionarios anarquistas o comunistas. El propio Chaves Nogales lo dejó dicho en un prólogo admirable que ha sido interpretado a conveniencia de cada cual: la ancestral semilla española de la crueldad y la estupidez proliferó hasta llenar de asesinos e idiotas los dos bandos enfrentados y él, “antifascista y antirrevolucionario por temperamento”, cuando sintió que el terror lo ahogaba y no queriendo ser solidario con los criminales, optó por “echar a andar por el mundo”. Transcurridos veinticinco años de su consagración póstuma, Abelardo Linares, uno de sus valedores y editor responsable de buena parte del rescate de nuestra literatura exiliada, reúne en Guerra total diez cuentos antifascistas escritos pretendidamente por el periodista sevillano entre diciembre de 1937 y marzo de 1938, es decir justo después de los relatos de A sangre y fuego. Dos de ellos son los citados ‘El refugio’ y ‘Hospital de sangre’, publicados en números sucesivos de Bohemia con el antetítulo «Guerra total», del que se toma el título de este volumen. En ambos brilla el talento del escritor para registrar y trasmitir el terror de los bombardeos alemanes en Bilbao y cómo una monja sobrina de Indalecio Prieto le escribe a su tío una carta desde el hospital donde trata de aliviar el sufrimiento de los heridos. Son dos muestras de la maestría narrativa de Chaves puesta al servicio de su voluntad testimonial y de denuncia. De los otros ocho relatos, en cambio, no puede afirmarse lo mismo, porque ninguno fue firmado por Chaves, sino por periodistas que colaboraron, como él, en el semanario parisino Madrid en su corta vida de tres meses (desde el 30 de diciembre del 37 al 24 de marzo de1938). Fueron Eduardo Borrás, autor de tres de los cuentos, dos de ellos firmados con su seudónimo Enrique Albritt (si bien escrito con una sola ‘t’ final), Fernando de la Milla, Antonio Ruiz Vilaplana, Rafael Delgado, autor de dos cuentos, uno bajo el seudónimo Lumo Reva, y Rafael D. Almagro (que debió ser el propio Delgado, firmando con su segundo apellido, lo que supondría que él fue, como Borrás, autor de tres relatos). Se trata de cuatro periodistas que pudieron aceptar el envite de escribir reportajes novelados a la manera de los que Chaves ya había publicado (por ejemplo en la revista República, donde en julio y agosto volvió a aparecer «¡Viva la muerte!», publicado antes en La Nación de Buenos Aires). De él pudo partir la idea, puesto que en el número inaugural él publicó con su nombre ‘El refugio’ y, posteriormente, ‘Los caballistas’ y, con el seudónimo de Juan Martín, ‘Bigornia’ (este con el seudónimo de Juan Martín). Con el fin de evitar la repetición de las mismas firmas y dar impresión de pluralidad, tanto Chaves como Eduardo Borrás y Rafael Delgado habrían publicado cada uno tres relatos, aunque solo uno con su nombre propio. Esto, obviamente, es una conjetura, pero no más audaz que la que despliega Linares en el extenso epílogo con el que trata de fundamentar su hipótesis de que todos los cuentos fueron obra de Chaves Nogales, que habría utilizado el nombre y los seudónimos de sus compañeros de redacción, con su consentimiento, como seudónimos propios. Los argumentos que aduce el editor son desiguales en su plausibilidad, pero me parece que ninguno avala de forma irrefutable la atribución de todos los cuentos a Chaves. Al leer los ocho cuentos atribuidos he observado entre ellos una divergencia de calidad en la composición y en la prosa, pero también una notable distancia literaria entre estos (por lo menos cinco de ellos) y los que son inequívocamente de Chaves. Como aquí no es posible pormenorizar el análisis, me limito a ofrecer algún apunte. A mi juicio, el narrador más imperito es, con diferencia, Ruiz Vilaplana, que en ‘Tragedia’ incurre en clichés y repeticiones léxicas, resulta plano en el desarrollo narrativo y cierra con párrafos superfluos. Tampoco descuella Fernando de la Milla (‘Un excelente verdugo’), cuya sintaxis, vocabulario previsible y reiterado son poco compatibles con Chaves. Mucho más elaborados en su estilo y articulación son los tres cuentos de Borrás (‘El traidor’, ‘La última lección’ y ‘La tanguera’), en los que la atribución podría ser más defendible. Por último, los relatos de Rafael Delgado (‘Timidez’, ‘Carabinero» y, si es suyo, ‘Lo de Badajoz’) pecan de un didactismo propagandístico y una intencionalidad ejemplarizante en los que no es reconocible Chaves, aparte de la simplicidad de las estrategias narrativas. Y sin embargo… Sin embargo, el profesor Javier Blasco ha realizado un estudio estilométrico de cinco de los textos atribuidos (quedan fuera ‘Carabinero’, ‘La tanguera’ y ‘Lo de Badajoz’) y, hecha salvedad de «Un excelente verdugo’, concluye que “con un índice muy alto de probabilidad”, pertenecen al mismo autor de A sangre y fuego. La hipótesis de que estamos ante la exhumación de relatos desconocidos de Chaves Nogales sigue, por tanto, viva. Si fueron suyos, en algunos se mostró extrañamente desmañado; si no lo fueron, muy bien pudo corregirlos para insertarlos dentro de la serie de episodios bélicos de la revista Madrid. Por ahora, en rigor, es difícil considerar Guerra total una obra indefectible de Chaves Nogales, pero a Abelardo Linares hay que agradecerle este controvertido rescate.Guerra total. Episodios de la guerra civil española Manuel Chaves Nogales Renacimiento, 2026324 páginas, 24,90 euros