Es una madrugada dentro de la joyería Nunayú. A primera hora, las joyeras dicen sus oraciones juntas y leen la Biblia. Después, todas empiezan a tomar sus herramientas para ir creando collares, aretes, anillos, cadenas. Tras haber experimentado distintos tratos de violencia de género de gravedad, cuyos detalles prefieren no contar, han encontrado en ese espacio un trabajo estable dentro de la Ciudad de México. Se necesita de una gran habilidad motora para lograr cortes y encajes adecuados en porciones de material tan pequeñas. Es un esmero que tiene once años ya. Aunque, por supuesto, los orígenes nunca son sencillos. Nunayú es una palabra de origen mixteca. Las ocho joyeras que trabajan allí quieren encarnar su significado, lo que encontraron en su empresa social: la libertad. Nunayú está ubicada dentro de las instalaciones de la ONG Pozo de Vida. Beatriz De Luna, su coordinadora, es trabajadora social egresada de la UNAM. Cuenta que en el 2015 surgió la iniciativa como un proyecto centrado en dar empleo a un grupo de mujeres que buscaban una salida económica de su situación –antes, más de una consideraba imposible la idea de una salida económica convencional–. Lo primero fue ofrecerles formación y acompañamiento psicológico. La primera joyera en presentarse es Victoria, quien prefiere mantenerse anónima. Todas en realidad acordaron hablar mediante un mismo nombre que las represente. Dado que han conocido la victoria en este proceso, Victoria fue el nombre escogido como seudónimo grupal. Victoria contó que, en 2016, cuando ella estaba atravesando un momento complicado, recibió una visita de un par de personas de la fundación: la invitaron a participar en un club de rezo. En su primera visita la abrazaron, escucharon su historia y le dieron un obsequio. Al cabo de unos meses mencionaron una palabra que no esperaba escuchar: “joyería”. Ante ella, estaba un futuro laboral que nunca hubiera imaginado “No empecé sola: tuve ese acompañamiento, esa empatía de “Tú no sabes, yo te enseño’”. Teniendo su bachillerato inconcluso, ella no había pensado en la posibilidad de un empleo normal. Y ahora puede continuar con sus estudios. “Yo jamás pensé que llegaríamos a donde estamos ahora”.Recuerda su ansiedad inicial. Al principio no utilizaban materiales preciosos, sino plásticos, nylon o vidrios. Tampoco herramientas especializadas. Su primera pieza fue un collar que “quedó bonito pero rarito”. Al tomar los materiales, ejercer su fuerza sobre ellos para darles formas distintas sintió que “era increíble hacer algo con mis propias manos”. Hubo malentendidos, errores y frustraciones. Tras dos años de práctica comenzaron a incorporar la chapa de oro y plata, perlas de río y otros materiales preciosos. “Fue bonito porque me enseñaron a creer en mí misma”.Ahora unas se encargan de las ventas, otras del diseño, otras del control de calidad, almacenamiento, registro de las piezas. La primera colección estuvo compuesta por varias piezas, y una de esas se llamaba 8 en 1, pues son ocho integrantes que se sienten como una sola. “Hasta el momento sigue siendo una de las colecciones más vendidas”. Entre todas realizan diseños y luego los someten a votación, método que todavía siguen aplicando. Desde entonces, sacan una colección por año. Esa primera se llamó Metamorfosis, en honor a la transformación de sus vidas. “La mayoría de nuestras piezas tienen historias. Cada vez que vamos a sacar una colección nos reunimos a platicar qué se va a hacer, los materiales, en qué nos vamos a inspirar. Yo me inspiro en mi familia”. Cuando alcanzaron un nivel profesional en el oficio, recibieron una invitación para participar en un concurso para empresas. Debía evidenciarse el desarrollo de un modelo de negocio que fuera sustentable, y al mismo tiempo, ser de enfoque social. TOMS, una empresa social estadounidense con sede en Los Ángeles organizó la convocatoria. Era el año 2017, y les encargaron entregar 100 pulseras. Cada una realizó un diseño propio. Victoria sintió un agotamiento bárbaro. Tenía la sensación de que nunca terminarían. Recuerda que, en la noche, en su hogar, estuvo haciendo joyas para cumplir con la entrega. Semanas después recibieron una noticia: ganaron. El premio les permitió comprar computadoras y un televisor. Tuvieron que competir contra cientos de empresas, lo cual ayudó a reforzar su autoestima grupal. Nunayú no es una empresa tradicional. Claro que genera ventas, facturas e inversiones. Tampoco es una ONG: ese tipo de instituciones tienen objetivos de impacto social, pero no fines de lucro. Es más preciso decir que es una empresa social nacida de una ONG. Las empresas sociales enseñan a las audiencias a tener un consumo más consciente. En el mundo de la moda, muchas marcas se vinculan con el fenómeno de la esclavitud laboral por tener a proveedores poco transparentes con sus procesos de producción. Sucede mucho en países como Nepal, Vietnam, Malasia o La India. Acá son ocho mujeres que quieren mostrar que se puede salir de la violencia a una empresa solidaria, si lo hacen juntas. “Como consumidores es importante ver qué y cómo consumimos, y sumarnos a estos emprendimientos que están trabajando por hacer un cambio en el mundo”, comenta Beatriz De Luna, coordinadora de Nunayú. Tras años de práctica, Victoria sintió la necesidad de enseñar. Con algunas inseguridades, entró en el salón y comenzó a hablarle a un grupo de mujeres. Ellas mostraron entusiasmo. “Quiero ser la luz para ellas. Me encanta cuando me dicen que vuelva”. Diego Torres Pantin es periodista cultural y fotógrafo. Egresado de Artes, mención Plásticas y Museología en la Universidad Central de Venezuela. Ha colaborado con medios como Prodavinci o Coolt.Un video para la semana, por Camila OsorioEn medio de la fiebre mundialista que se ha tomado al mundo, ha llegado la inteligencia artificial a aguarnos el rato a las mujeres. Colegas de EFE Verifica descubrieron un grupo cuentas en redes sociales que aprovechan la viralidad del fútbol para repartir imágenes falsas de mujeres fanáticas hechas con IA. “Son las falsas fancams que sexualizan a las mujeres y explotan los estereotipos de la belleza femenina de cada país”, dice el chequeo sobre las falsas fans. “Una herramienta nueva es utilizada para una práctica antigua: cosificar a las mujeres para captar la atención”. Les dejo el video con más información:Nuestras recomendadas de la semana: