Colombia ha producido políticos camaleónicos, pero pocos con un recorrido ideológico tan extremo como el de Carlos Alonso Lucio. En una sola vida caben el exguerrillero del M-19, el congresista investigador, el asesor de los paramilitares, el condenado por la justicia, el activista cristiano y, ahora, el operador político de la ultraderecha. Hace casi diez años, el también esposo de la exfiscal Viviane Morales ya defendía en el Congreso con vehemencia que la familia solo podía estar conformada por un hombre y una mujer. Llegó luego lo que él y su círculo llamaban “ideología de género”, un argumento que parecía archivado y superado en una sociedad que ha ganado en derechos, pero que sirvió para impulsar la exitosa campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. Lucio, su portador, liderará ahora el empalme del primer gobierno de ultraderecha.En la campaña presidencial, Lucio fue uno de los voceros más agresivos de De la Espriella, con un discurso centrado en lo que llama la “milicianización” de la política por parte del petrismo. En una entrevista con Semana, definió ese concepto como “el uso de la violencia en la política”. Trazó entonces una línea directa entre el partido oficialista Pacto Histórico, las primeras líneas del estallido social de 2021 y lo que describió como un plan para desconocer una eventual victoria de su candidato, a quien apoya, según explicó en esa misma entrevista, tras una amistad de 25 años. “Cuando él toma la decisión de lanzarse a la Presidencia, pues la verdad es que yo no tuve ninguna duda en unirme”.El pasado 21 de junio, el ultra se impuso ante el candidato del continuismo de izquierda, el oficialista Iván Cepeda, con el 49,6 % de los votos contra el 48,7 %: una diferencia de menos de 250.000 sufragios. Fue la elección más reñida de la historia, en la que la mitad ganadora se construyó, en buena medida, en púlpitos como el que tiene Lucio. La campaña de De la Espriella encontró en las iglesias evangélicas una maquinaria electoral aceitada, una que años antes había movilizado millones de firmas contra la adopción igualitaria bajo el lema “Firmes por papá y mamá”. La “ideología de género” fue parte de esa estrategia que convirtió los templos en centros de campaña.Los comienzos de Lucio, sin embargo, estuvieron lejísimos de la derecha. A sus 15 años, se sumó en su natal Cali al Movimiento 19 de Abril (M-19), uno de los grupos guerrilleros más singulares que ha tenido el país y la misma estructura armada a la que perteneció el saliente presidente y motor político de Cepeda, Gustavo Petro. Hizo carrera en sus filas para ocupar cargos de comandancia, y vivió el proceso que culminó con la desmovilización de la guerrilla y la firma del acuerdo de paz de 1990, que abrió las puertas de la política electoral a él y sus compañeros.Tras la paz, la guerrilla se convirtió en el partido político Alianza Democrática M-19, una de las tres grandes fuerzas de la Asamblea que redactó la Constitución de 1991. Como una de sus cabezas que deseaba hacer política, Lucio fue elegido representante a la Cámara por Bogotá en 1994. En el Congreso, se ganó inicialmente la fama de ser un político incómodo, un orador notorio y una de las figuras del control político y de las críticas a un bipartidismo que parecía fuerte, pero estaba moribundo. Pese a sus insistentes críticas al sistema político, terminó defendiendo al entonces presidente, el liberal Ernesto Samper, cuando la Cámara estudió acusarlo formalmente por la infiltración de dineros del narcotráfico a su campaña de 1994, en el célebre Proceso 8.000. En 1998 fue elegido senador de su mismo partido, pero antes de posesionarse de nuevo, su vida dio un giro. En julio de ese año, la Corte Suprema le dictó medida de aseguramiento por los delitos de estafa y falsa denuncia, en un enredado caso vinculado a la financiación de su fallida campaña a la alcaldía de Bogotá de 1992. Lucio huyó a Cuba y desapareció de la vida pública. Reapareció de una forma sorprendente en 2000: los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) anunciaron que lo tenían secuestrado y le harían un juicio por supuestos vínculos con la guerrilla del ELN. El entonces comandante de ese grupo ilegal, Carlos Castaño, terminó entregándolo a las autoridades, que lo recluyeron en la cárcel La Picota, de Bogotá. Condenado a 30 años de prisión por la Corte Suprema por falsa denuncia, renunció a su curul y recuperó la libertad en 2011. De ese período data su matrimonio con la excongresista, exfiscal general y excandidata presidencial Viviane Morales.Lo que vino después fue otro giro inesperado: una vez libre, Lucio se convirtió en asesor de las AUC durante el proceso de paz de Ralito, en el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, confirmó en declaraciones divulgadas en su momento por W Radio que el poderoso grupo lo contrató como asesor, realizaron al menos tres reuniones y que en un viaje al sur de Bolívar le facilitaron un helicóptero. También narró un episodio más oscuro. Cuenta que Castaño, en un momento de ira, ordenó amarrarlo a un árbol. “Comenzó a insultarlo, a tratarlo mal, [a decirle] que él era guerrillero”, dijo. Según su relato, Salvatore Mancuso y otros paramilitares intervinieron para salvar su vida. “Simplemente había venido buscando la paz, que era un hombre convencido de que la paz es posible en este país”, dijo Don Berna.Mientras tanto, el exguerrillero y excongresista encontró en la fe cristiana el siguiente capítulo de su vida. Durante su reclusión recibió la visita del pastor Darío Silva Silva, antiguo director de un noticiero y fundador de la iglesia Casa sobre la Roca, con quien comenzó sus estudios bíblicos. Lucio se convirtió al evangelio y se hizo predicador en esa misma iglesia. La conversión no fue solo espiritual, también política. Junto a su esposa, impulsó luego el comité promotor del referendo que buscaba revertir el derecho a la adopción igualitaria, bajo el lema “Firmes por papá y mamá”, firmas que obtuvo en iglesias cristianas. Ese activismo quedó plasmado en su libro Cristianos, ¡Salid del clóset!, una crítica abierta a LGBTI. Con esa trayectoria entre la política, la fe, el compromiso por la paz y un viejo pasado guerrillero, en la campaña presidencial su amigo Abelardo de la Espriella lo incluyó en su círculo más íntimo. Así, el hombre que a los 15 años tomó las armas en la misma organización que Gustavo Petro será ahora una de las piezas clave para desmantelar su legado, el del primer gobierno de izquierda en la historia reciente.
Carlos Alonso Lucio, de compañero en armas de Petro a coordinador de empalme de De la Espriella
Quien fuera guerrillero de izquierda en los años 80 y congresista en la década siguiente, vuelve al centro de atención como operador político del gobierno de ultraderecha
Abelardo De la Espriella ganó la presidencia colombiana (49,6% vs 48,7%); Carlos Alonso Lucio, exguerrillero reconvertido, coordina el empalme. El giro ultraderechista impactará governance regulatoria, política de datos y compliance tech en Colombia y la región.















