Lejos de las nuevas historias que se escriben en las tres sedes mexicanas del Mundial 2026, hay una historia en el Bajío del país que nació en 1986. En ella, el fútbol no es el protagonista, sino el origen de un lazo entre México y Alemania que sobrevive 40 años después, cuando una visita de la selección germana a un orfanato en Querétaro, su anfitrión, dejó una huella más grande que cualquier gol marcado en el torneo en el que quedaron subcampeones. “Vinieron a visitar a los niños, se encariñaron y dijeron: ‘Les vamos a ayudar’”, cuenta la Hermana Cristina Conde, directora de la Casa de Cuna Oasis. Este lugar, escondido entre las calles del centro histórico de la ciudad, fue el que recibió a figuras legendarias como Franz Beckenbauer, Toni Schumacher y Rudi Völler. Todo empezó con la invitación de una familia alemana que vivía en Querétaro en ese entonces. Conde asegura que estas personas ayudaban regularmente a la casa hogar, fundada en 1944, y que cuando llegó el Mundial, invitaron a la Madre Adela, encargada en ese momento, a uno de los partidos. “Se fueron al estadio, ahí estuvieron conviviendo y después fueron a saludar a los futbolistas. [...] Platicaron acerca de la casa, de los niños y pues a los futbolistas les interesó y dijeron: ‘Pues vamos a ver’”, narra.La visita de los teutones al orfanato lo cambió todo. Declaraciones de Völler y Beckenbauer recogidas en aquel tiempo apuntan a “una situación lamentable” y “condiciones catastróficas”, con los bebes durmiendo en huacales para naranjas a falta de camas. “Algo así no se conoce en Alemania”, señaló este último. Este primer encuentro llevó a otro más grande -el 2 de junio de 1986- con toda la delegación germana. Aquel día, Völler se convirtió en el primer donante de la casa de cuna -a cargo entonces de 150 niños-, en el marco de la relación con Alemania, con la entrega de 5.000 marcos alemanes (alrededor de 50.000 pesos mexicanos actuales). La Federación Alemana de Fútbol (DFB) también se comprometió a cubrir la colegiatura mensual de 10 niños con alto rendimiento académico y de escasos recursos durante toda su formación. La histórica y loable acción se sumaba a una donación de 4.000 marcos alemanes (40.000 pesos mexicanos) a un asilo en la misma ciudad y la entrega de 25.000 marcos alemanes (más de 250.000 pesos mexicanos) para un hospital infantil en Morelia (en el centro del país). Así, Alemania anotaba goles fuera de la cancha que cambiaban realidades. El equipo regresó a su país tras el final del campeonato, pero no se olvidó de Querétaro ni de México. El apoyo a la casa hogar se mantuvo cada año desde el programa México-Hilfe con ingresos provenientes de partidos benéficos, aportaciones de clubes teutones, donaciones de árbitros germanos y otras ramas de la DFB. Hasta el 2001. Ese año, México-Hilfe se integró a la Fundación de DFB Egidius Braun. Quien fuera responsable de la delegación teutona en 1986, y presidente de la DFB de 1992 a 2001, impulsó la creación de una organización que apoya causas sociales en todo el mundo, y cuya raíz se encuentra en la ciudad que los albergó hace cuatro décadas.Para Braun, el fútbol era más que un deporte, y así lo recuerda también Bernd Neuendorf, actual presidente de la DFB, en una publicación por el 40 aniversario del vínculo entre Alemania y México. “La ayuda a México no existiría sin Egidius Braun, pero tampoco sin Rudi Völler y Toni Schumacher, ni sin el director ejecutivo fundador de la fundación, Wolfgang Watzke. Muchos otros jugadores de la selección de 1986 han prestado su apoyo de forma continuada. También Franz Beckenbauer siempre estuvo dispuesto a ayudar”, manifestó. Los años han pasado, pero la conexión especial entre esta casa de cuna y Alemania no se ha borrado. A la entrada del lugar, un pizarrón escolar decorado con balones de fútbol y figuras de hombres vestidos con camisas y corbatas deja claro dos cosas sobre este día: el Día del Padre se acerca y es año mundialista. Al lado de las banderas de los tres países anfitriones de la justa en 2026 -México, Estados Unidos y Canadá-, los colores distintivos de Alemania también adornan un tablero que da la bienvenida a los visitantes. En el centro de esta gran casa, que desde la pandemia dejó de funcionar como orfanato y sigue su labor como guardería y kínder de aproximadamente 67 niños vulnerables, de entre 4 meses y cinco años, una combi con franjas negras, rojas y amarillas revelan el origen del vehículo. La Madre Conde, que lleva 10 años en la casa hogar, agradece la ayuda germana que les permite seguir apoyando a los niños que lo necesitan. “Son 40 años [de cooperación]. No se hace tan fácil, sobre todo el estar de diario en comunicación con ellos”, comenta. La labor social de la fundación se ha extendido a otras partes de México también. Este año, en celebración del aniversario de la iniciativa México-Hilfe, la selección teutona donó 86.000 euros para distintos proyectos sociales en Ciudad de México, Guadalajara y Querétaro. Según la institución, 10.000 niños en el país se han beneficiado hasta el momento del lazo que se tejió en 1986. La leyenda teutona Rudi Völler, quien ha regresado de visita a la casa de cuna al menos cinco veces, guarda un cariño especial con este sitio, que también le rinde un pequeño tributo en una de sus paredes. Un cuadro con la portada de un periódico local en la que aparecen él y el exdeportista mexicano Javier Hernández en 2015, año de su fichaje por el Bayern Leverkusen, club del que fue director deportivo, cuelga en una de las habitaciones. Debajo, una breve nota hace referencia a esa primera donación de 5.000 marcos alemanes que sellaron una unión que ha transformado vidas. “Ver eso, por supuesto, te alegra especialmente”, admitió Völler en una entrevista.