No necesitó Feijóo más que unas horas para ofrecer el pasado miércoles una demostración antológica de su método político: quejarse de lo que él mismo ha institucionalizado. Ese día denunció en el Congreso que Pedro Sánchez hubiese difundido la zona en la que vive, invocando la protección de la familia como un derecho inviolable, mientras mentaba al fallecido padre de Patxi López —encarcelado y represaliado por el franquismo— llegando a asegurar que, si se levantara de su tumba y viera lo que ha hecho su hijo en política, no le perdonaría jamás.

El método, en realidad, se comenzó a intuir hace unos veinte años cuando aspiraba a gobernar en Galicia. Era el año 2009 y José Luis Baltar era el hombre fuerte del PP en Ourense y, por extensión, una pieza central del engranaje que llevó a Feijóo a la presidencia de la Xunta, ese trampolín desde el que se construyó la imagen ficticia de gestor moderado alejado de las guerras sucias. Baltar insinuó en esa campaña atroz que Anxo Quintana, candidato del BNG, maltrataba a su mujer. Lo hizo basándose en “lo que se comentaba por todo Allariz”, rumores sin prueba, sugiriendo que alguien con responsabilidades en materia de igualdad no podía tener “los problemas de convivencia que tenía con su mujer”, y rematando la imprudencia con una frase que sigue produciendo bastante estupor: “Pusimos al ratón a cuidar del queso”. Es decir, el PP convirtió la vida privada de Quintana y de su familia en munición electoral lanzada desde el aparato del partido, sin que nadie allí le pusiera freno.