Este julio que ya arranca se antoja un mes moralmente complicado. Se multiplican los dilemas. El viejo orden internacional multilateral acude al rescate de una Venezuela sacudida por dos terremotos; como si esta vez la desgracia hubiera querido asegurar el daño. El nuevo orden sigue naciendo a misilazos y dronazos en el golfo Pérsico al ritmo del precio del petróleo, tan rentable para la endeudada USA del emperador naranja. Así son las cosas ahora y así eran antes. Con el agredido o con el agresor, con el imperio o la colonia; el eterno dilema.
Las desgracias se socializan y los beneficios se privatizan, pero ahora, además, te las cobran dos veces porque, hasta cuando pierden, tienen que ganar. Al negocio del petróleo y la guerra sumen ahora el negocio de las reconstrucciones. El paraíso perdido de los emprendedores.








