Dicen que nadie se baña dos veces en el mismo río. El universo está en constante transformación, y así me siento al reflexionar sobre mi mandato al frente de la Unión por el Mediterráneo, una organización que considero hoy más relevante que nunca. Actualmente se parece muy poco a la que encontré cuando asumí el cargo de secretario general hace ocho años. La región ha cambiado, la organización ha evolucionado y me marcho siendo uno de sus más firmes defensores. Me gusta verlo como un viaje hacia un destino aún por alcanzar, tras años navegando entre conflictos, crisis y disrupciones globales.Tenemos una historia que contar sobre cómo hemos consolidado nuestras capacidades y movilizado un ecosistema cada vez más amplio de socios, donantes y partes interesadas. Hemos elaborado conjuntamente informes sobre cuestiones que van desde el cambio climático hasta la integración económica, y hemos impulsado iniciativas como los programas de ayudas de la UpM, el Pabellón Mediterráneo en las COP o las Capitales Mediterráneas de la Cultura y el Diálogo. Hemos ayudado a movilizar más de mil millones de euros en inversiones para proyectos de economía azul sostenible en el marco de la Blue Mediterranean Partnership. Asimismo, hemos creado el primer Mecanismo Intergubernamental de Seguimiento en materia de Género, una herramienta para medir los avances y formular recomendaciones sobre igualdad en toda la región.Nasser Kamel habla durante la última edición del Foro de la Unión por el Mediterráneo, en noviembre del 2025Miquel MuñozParalelamente, hemos modernizado la Secretaría de la UpM para hacerla más ágil, más orientada al impacto y mejor preparada para responder a las necesidades cambiantes de la región. Hay mucho que celebrar, gracias en gran medida a la dedicación de nuestro equipo que, junto con nuestra capacidad de convocatoria, sigue siendo nuestro mayor activo. Sin embargo, sabemos que tendríamos que haber logrado mucho más.Más allá de los conflictos en nuestra región, que han adquirido una nueva dimensión catastrófica con la guerra en Gaza, otras presiones se están intensificando. El cambio climático, el aumento de las desigualdades económicas y las persistentes brechas sociales que afectan de forma desproporcionada a las mujeres, los jóvenes y las comunidades rurales son desafíos transfronterizos que debemos afrontar colectivamente. Respuestas cortoplacistas centradas exclusivamente en la seguridad, que no abordan la raíz de los problemas, nunca tendrán éxito a largo plazo. A pesar de que una mayor integración regional es condición indispensable para la paz, la estabilidad y la prosperidad, vemos una creciente preferencia por la inmediatez de agendas nacionales frente a la sostenibilidad a largo plazo.Una mayor integración regional es condición para la paz, pero se anteponen las agendas nacionalesTreinta años después del lanzamiento del Proceso de Barcelona, la cooperación al desarrollo no ha conseguido evolucionar plenamente más allá del bilateralismo, que con demasiada frecuencia sigue considerando a los socios del Sur como receptores de ayuda y no como coarquitectos de un futuro compartido. A pesar de la lógica incontestable de una integración más profunda, una cierta miopía estratégica continúa condicionando nuestras decisiones. Esta perpetúa una división artificial entre quienes son considerados socios convenientes y quienes son relegados a los márgenes, como si el hecho más elemental de la geografía fuera negociable. Los vecinos, sin embargo, no se eligen. En un contexto de «caos mundial», no podemos permitirnos respuestas fragmentadas cuando amplios sectores de la población seguirán cargando con las consecuencias de nuestra falta de preparación regional.Sabemos que nuestra capacidad para afrontar los desafíos del futuro dependerá en gran medida de nuestra disposición a actuar juntos a escala regional, pero aun así seguimos observando una falta de compromiso político por parte de muchos de nuestros Estados miembros. Por diversas razones, entre ellas la creciente percepción de excesiva regulación y complejidad de los instrumentos europeos de cooperación al desarrollo, continúan prefiriendo el bilateralismo frente al multilateralismo. En un momento en que los sucesivos mandatos ministeriales y la evolución misma de la región exigen una implicación más profunda y amplia, la UpM sigue viéndose limitada por la escasez de recursos y la incertidumbre presupuestaria que ello genera. Basta una mirada rápida a nuestro presupuesto anual para constatar un serio desequilibrio entre el nivel de compromiso esperado y el apoyo realmente recibido de los Estados miembros.Ningún país euro-mediterráneo puede afrontar las crisis actuales por sí soloTermino con una afirmación y una pregunta sobre las que invito a todos a reflexionar. La Unión por el Mediterráneo es el único vehículo para construir una región capaz de actuar como un bloque coherente en un momento de cambios globales irreversibles. ¿Están realmente los Estados miembros comprometidos con esta visión y dispuestos a invertir en ella?Hasta entonces, la Unión por el Mediterráneo seguirá cumpliendo con su misión y manteniendo los más altos estándares de compromiso, plenamente consciente de la creciente magnitud y complejidad de las crisis que ningún país euro-mediterráneo puede afrontar por sí solo.