Decenas de personas observan con la mirada fija un agujero abierto en una placa de hormigón de uno de los edificios que se desplomaron el pasado miércoles tras el doble terremoto que afectó a La Guaira. El hueco lo han abierto durante dos horas un grupo de rescatistas llegados de EEUU. "¡Están vivos!", había gritado el traductor y acompañante de ese grupo, un policía venezolano, cuando mediante una cámara habían comprobado el hallazgo: un padre y su hijo de 17 años habían sobrevivido bajo la montaña de escombros y estaban a punto de ser rescatados. El momento es crítico y de ello son plenamente conscientes quienes observan la escena, que tuvo lugar este domingo en la mañana hora local, cuando ya habían pasado más de 72 horas desde el doble terremoto, una cifra que se considera clave. Transcurrido ese tiempo, las posibilidades de supervivencia se reducen drásticamente. El cuerpo comienza a exigir agua para sobrevivir y las heridas, traumas y también los posibles síndromes de aplastamiento, se complican de forma considerable. Entre los que observan el rescate hay una mezcla de sensaciones. La alegría es máxima para todos. Hay a quien se le saltan las lágrimas en mitad del silencio exigido por los rescatistas para no alterar a quienes van a salir de las profundidades. Otros que ya confirmaron el deceso de sus seres queridos hallan de alguna manera un atisbo de aliento. Otros se preguntan si los próximos podrían ser sus familiares. Rescatistas de EEUU sacan a una persona atrapada bajo el edificio. (Reuters/ Leonardo Fernandez Viloria) Enfrente del edificio derruido, en una zona conocida como Caribe de La Guaira, el epicentro del desastre, se apostan varios de los allegados a las personas que continúan sepultadas bajo el hormigón del edificio de 12 plantas y media decena de bloques. Han erigido ranchos improvisados con palos y sábanas para protegerse del inclemente sol de La Guaira. No son sus familiares los que van a ser rescatados, pero sí esperan que el próximo atisbo de vida que aparezca sea el de los suyos. En total, este fin de semana se logró rescatar con vida a apenas 33 personas, incluidos varios niños. Decenas de miles permanecen bajo los escombros. Las cifras oficiales cifran ya los muertos en 1.450. TE PUEDE INTERESAR "Me da esperanza que estén rescatando a personas con vida", asegura Aída Marina. Bajo los escombros está sus sobrinos, de 9 y 27 años, la madre y el abuelo de ellos. Lleva una camiseta en la que se ha pintado los nombres de sus familiares por si alguien los ha encontrado en cualquier otro lugar. "La espera es durísima. Se oye que hay vivos pero aún no logran sacarlos. Cuando dicen que hay vivos uno se emociona pero después se va pasando el tiempo y nos damos cuenta de que están bajo tierra y no sabemos cómo están realmente", lamenta Aída. Con los ojos fijados en el agujero está Diana Mendoza, que tiene un hijo bajo el hormigón y varios sobrinos y sobrino nietos. Confía en encontrarlos vivos. "La espera es dura. No duermes, no comes, pero hay esperanza", dice sin quitar la vista de las maniobras de los rescatistas estadounidenses que han trabajado durante toda la noche en sacar al padre y a su hijo. TE PUEDE INTERESAR En la zona no son pocos los que critican que nada se puso en marcha allí hasta que no llegaron los rescatistas foráneos. Hasta entonces solo había, aseguran, familiares de las víctimas y voluntarios locales intentando retirar los escombros. Se observan en la zona algunos policías, y militares participando -y con mucho ahínco- en las labores, pero también es cierto que hay decenas de funcionarios de la fuerza pública desplegados en el lugar solo mirando, y eso indigna a quienes tienen familiares bajo los escombros. Más cuando algunos de los familiares aseguran que horas antes de que llegaran los rescatistas pasó un señor con un camión que va moviéndose de zona en zona con un servicio de internet satelital libre y hubo gente bajo los escombros que mandó vídeos mostrando que estaban vivos, pero subrayando que les quedaba poca batería. Silencio, se rescata Una llamada a un silencio radical por parte de los rescatistas anuncia en el lugar que está a punto de sacarse del agujero a los rescatados. De la abertura, hecha una hora antes con taladros, sale primero el padre. Lo tienen que aupar porque casi no le quedan fuerzas. Su cara está blanca producto de los escombros. Le han dado un compuesto vitamínico y medicinal minutos antes de sacarlo para reducir riesgos de desfallecimiento en la extracción. El señor mira hacia arriba cuando sale. Solo ve desolación. Los edificios a su alrededor que sobreviven lo hacen sin las paredes. Se ven dormitorios, cocinas y cuartos de baño. Nada queda allá, más que destrucción. "Gente bajo los escombros manda vídeos mostrando que estaban vivos pero subrayando que les quedaba poca batería" El hombre es colocado sobre una sábana que previamente era uno de los techos de los ranchos improvisados de los familiares de los sepultados bajo los escombros y es llevado en una cadena humana hacia una ambulancia que marcha velozmente del lugar. A los pocos minutos vuelve a nacer al mundo el hijo, medio desmayado, con una mascarilla colocada en la boca y transportado con el mismo sistema mano a mano hacia la ambulancia. Parte el vehículo y varios funcionarios venezolanos corren a hacerse la foto frente al agujero. Ni rastro de los bomberos "gringos" en la instantánea. Ellos recogen sus bártulos y se esfuman rápidamente. TE PUEDE INTERESAR Pero la tragedia sigue en otra esquina del edificio derruido, simplemente a unos pasos de donde acaba de obrarse un rescate ya casi milagroso. Allí varios vecinos se afanan por abrirse paso hacia un hueco donde aseguran que están sus familiares, pero no han logrado completar la tarea en tres días debido a que necesitan maquinaria pesada porque retirar escombros con sus simples manos es una tarea titánica y que además complica el cansancio con el pasar de las horas y los días. "Aquí se necesita una grúa para ir levantando las capas de los apartamentos. Nadie la trae. Tengo aquí a mi hermano, a mi cuñada y a mis sobrinos, una niña de cuatro años y un niño de tres, pero necesitamos para llegar a ellos una maquinaria que nadie trae. Nosotros vemos que hay un hueco con los escombros que hemos sacado con nuestro esfuerzo", asegura Flor Ángel Martínez, mientras continúa las tareas de rescate de su familia. Un rescatista alemán se afana entre los restos de un edificio destruido en La Guaira (DPA/Javier Campos) "Aquí nadie oficial había comenzado a trabajar hasta que llegaron los extranjeros ayer por la tarde (el viernes por la tarde). Son de otros países. Por lado venezolano, es el pueblo el que ha estado buscando a sus familiares. Los días están pasando, hay cada vez menos posibilidades, también por el oxígeno, porque hay parte de las ruinas que se ha estado incendiando. Es demasiado angustiante esto", lamenta Flor. Ella intentó sin éxito por ahora lograr captar la atención de los rescatadores estadounidenses para que atendiesen su caso. Ellos le dijeron que estaban concentrados en el padre y el hijo. En un momento en mitad del rescate también llegó una muchacha asegurando que en otra parte del edificio se escuchaba un niño llorar. Pedía urgentemente a alguien que le pudiera traducir. Se fue con una respuesta similar. TE PUEDE INTERESAR En la situación en general, en cualquier caso, reina el descontrol. En un momento del rescate estuvieron en la zona unos rescatistas españoles simplemente mirando por unos momentos la operación porque nadie les había dicho dónde tenían que ir y estaban deambulando buscando trabajo. Misma situación de un grupo numeroso de rescatistas holandeses, vestidos todos con vistosos trajes naranjas. Se acercaron a los estadounidenses para preguntar dónde podían ayudar. Nadie les había dicho un sitio exacto para trabajar esa mañana. Los allí presentes intentaron dirigirles a la joven que había estado diciendo que escuchaba a un niño. Entre las ruinas trabaja también para sacar a sus familiares, vivos o muertos, Álvaro Herrera. Ha perdido a su suegra y a una ahijada en el derrumbe del edificio. Sabe que no han sobrevivido. "Me estoy manteniendo sereno, pero me voy a poner mal solo cuando consiga los cuerpos. Ahorita ando de metal. Vamos a conseguir la gente que se pueda, así sea mi familia o no. Lo que importa es que podamos sacarlos a todos por igual. Así sea hasta los animales", reclama. Juan García también tiene la certeza de que busca cuerpos, entre ellos el de un hermano y sus cuatro hijos. "Necesitamos que el cuerpo nos los ayuden a sacar. Ya no nos queda nada más. Fortaleza de Dios más nada. Solo eso", dice, mientras observa el rescate del padre y del hijo que tuvieron la oportunidad de sobrevivir.
4 días bajo los escombros, y todavía con vida: un rescate inverosímil en La Guaira
El Confidencial es testigo de un rescate con vida en La Guaira: después de las 72 horas de un terremoto, es cada vez más complicado encontrar personas todavía vivas bajo los escombros










