Por Rayner Peña R. |
Catia La Mar (Venezuela) (EFE).- «La esperanza es lo último que se pierde, pero ya no tenemos muchas esperanzas», dice a EFE Leonela Delgado, quien continúa buscando a su hijastro entre los escombros de un edificio desplomado en Playa Grande, un sector del estado costero de La Guaira en Venezuela, después de cuatro días de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos el miércoles.
En la zona, una de las más afectadas por el doble terremoto que hasta ahora ha causado 1.450 fallecidos, los familiares de las víctimas fatales y heridos siguen trabajando junto a bomberos y algunas comisiones de rescate internacionales, aunque sin la presencia de gran maquinaria.
«Las personas que estaban con vida en el momento en que nosotros llegamos y los días siguientes ya no tenemos señales de ellas. Igual, ojalá sí podamos recuperar a alguien todavía vivo, pero la verdad es que al pasar el tiempo la esperanza disminuye ¿no? también por la circunstancia en las que quedó la edificación», añadió Delgado, de 38 años.
Rescatistas realizan labores de búsqueda de personas desaparecidas en una zona afectada por los terremotos, en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R.










