Actualizado a las 01:51h.
«Ahora somos campeones y es lo único que importa», concedía Alexander Zverev en su discurso de campeón de Roland Garros. Había alcanzado por fin un deseo que se le resistía desde hacía años. Bien por los rivales, bien por las lesiones, bien por ... sí mismo. Tres grandes finales perdidas. La etiqueta de eterno candidato, el mejor tenista sin Grand Slams. Una barrera mental que destruyó en París y que lo introducía en el grupo de los elegidos. A Wimbledon, que comienza este lunes 29, llega otro Zverev.
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