Tanto por su valía artística, así como por el ascenso de las obras contemporáneas en el mercado de las subastas y en el interés de los coleccionistas, el artista británico David Hockney –muerto hace pocos días- llegó a ver algunas de ellas entre las más cotizadas del mundo, con valores que en algún caso se aproximaron a los 100 millones de dólares.“Hay artistas capaces de crear imágenes bonitas para simplemente admirarlas y otros que consiguen cambiar nuestra manera de mirar el mundo. Sin duda, Hockney pertenecía a este segundo grupo. Fue uno de los grandes nombres del arte contemporáneo y una figura clave para entender la evolución de la pintura. Más allá de haber sido pionero en el uso de tecnologías poco frecuentes en la creación artística -como la cámara Polaroid o el fax-, si hay algo que destaca del artista es que su obra está asociada a algunos de los colores más reconocibles de la historia del arte contemporáneo: el azul intenso de las piscinas californianas, los verdes de los paisajes ingleses o los tonos vibrantes de sus icónicos retratos”. Así lo definió uno de los especialistas, Angel Pérez Viniegra (Interiores).Si su famosa “A Bigger Splash” (1967) se encuentra en la Tate Gallery, la obra considerada un complemento, “The Splash” (presentada tres décadas después) se vendió en Sotheby’s Londres en 2020 por 30 millones de dólares. La misma serie incluye a “A Little Splash”, que se encuentra en una colección privada y no salió a la venta.Aquellas obras singulares corresponden a la etapa de su vida en California a mediados de los 60, con las piscinas reflejando una vida entre hedonista, placentera y atisbos homoeróticos. Pero no sólo había piscinas en su intensa obra. Los cuadros de Hockney abarcaban interiores: habitaciones, estudios, ventanas, sofás, alfombras, plantas y objetos decorativos. Y allí los objetos transmiten una información entre sociológica y psicológica sobre los personajes.Ya en la última década de su vida Hockney se había convertido en un superventas y su “Henry Geldzahler y Christopher Scott” (obra de 1969) se subastó en US$ 49,5 millones en marzo del 2019. Se trata de un cuadro que exhibe a Geldzahler, curador del Met, junto a su pareja.A fines de ese mismo año “Nichols Canyon”, un paisaje que realizó cuatro décadas antes, se vendió en Nueva York por 41 millones de dólares. Es el único paisaje de Hockney que figura entre sus ventas altas y ya se había presentado en salas tan codiciadas como la Tate, el Pompidou y el Metropolitan de Nueva York. Inspirado en una carretera de Los Ángeles, el cuadro parece un mapa visto desde diferentes puntos de vista. Hockney buscaba romper con la perspectiva y representar cómo percibe realmente el ojo humano el espacio. Es una de las obras que refleja su constante afán por experimentar.Así como en aquellos paisajes o en las pinturas de interiores se había distinguido Hockey por su originalidad, lo mismo sucedió con sus retratos. Entre estos destaca “Mr and Mrs Clark and Percy”, de 1971: muestra a los diseñadores Ossie Clark y Celia Birtwell junto al gato Percy y, por distintos elementos como su complejidad simbólica algunos lo califican de “retrato renacentista” (algo que disgustaba a Hockney). Una de las mayores ventas de un retrato de Hockney se dio en noviembre del 2023 en Christie’s Nueva York: pagaron US$ 44,3 millones por el doble retrato “Christopher Isherwood and Don Bachardy” realizado en Santa Monica, California.Pero el mayor precio por una obra de Hockney corresponde al “Portrait of an Artist – Pool with Two Figures”, de 1972: se adjudicó en Christie’s Nueva York en 2018 por 90 millones de dólares, que significó el récord para un artista vivo en una subasta. La vendió el multimillonario Joe Lewis y la compró el empresario tecnológico de Taiwán Pierre Chen.Para Alex Vicente (El País) “la obra de Hockney puede leerse como una sucesión de ciclos temáticos desplegados a lo largo de más de seis décadas: las piscinas californianas, los interiores domésticos, los retratos de amigos y familiares, los paisajes de Yorkshire y Normandía, y una curiosidad constante por las herramientas técnicas, de la Polaroid al iPad, pasando por el fax y la fotocopiadora. En todas sus etapas, Hockney habrá sido un pintor de la vida moderna, casi un Manet de su tiempo, siempre atento a la perspectiva, la luz, el paso de las estaciones y el reverso melancólico del deseo”.Su interés por la tecnología fue incesante. Utilizó las cámaras Polaroid y Pentax, pero también fotocopiadoras, fax, computadoras, móviles, tablets. Ya en la década del 80, a través de programadores gráficos, produjo “Home made Prints” y la presentó en la Bienal de San Pablo. Otro de sus trabajos originales, "Pearblosom Hwy", está compuesto por múltiples fotos en una carretera del desierto de California, con un resultado que algunos comparan al cubismo.Como explicó Holland Cotter (The New York Times) “aunque su arte era conservador en la misma época en la que surgió el conceptualismo, fue progresista en otros aspectos, uno de los primeros artistas populares en posicionarse públicamente contra la censura de las imágenes con diversidad sexual”. Y agregó: “Que Hockney pudiera aportar un aire similar de ternura doméstica a sus retratos de otros hombres, mucho antes de la llegada del matrimonio entre personas del mismo sexo, y pudiera presentar esa ternura no como una declaración política sino como un hecho de la vida cotidiana, fue su logro más radical, y quizá sea precisamente por eso por lo que mejor se le recuerde”.Hijo de una familia de trabajadores de la ciudad industrial de Bradford, había nacido en 1937 y heredó de su madre –además de la inclinación artística- su vocación por causas pacifistas y la adhesión al laborismo. Ferviente admirador de Picasso, abrazó desde chico el arte e ingresó al Royal College, donde concluyó sus estudios con medalla de oro. Más adelante, ya consagrado, se extendió a la producción en teatro y ópera, con puestas igualmente originales.A pesar de que su salud se había deteriorado, siguió pintando casi hasta el final. Y el año pasado presentó una formidable retrospectiva en la Fundación Louis Vuitton, en París, que abarcó 400 obras.
David Hockney, el artista que pudo ver cómo su obra se vendía en cientos de millones de dólares
Falleció a mediados de mes, a los 88 años, y se mantuvo activo hasta el final. Mucho antes, sus cuadros alcanzaron cotizaciones de hasta US$ 90 millones. Innovó con el color y también con su posicionamiento político de género.






