En la carta del 27 de abril de 1967 a Elizabeth Baker, editora de ArtsNews, Dan Flavin explicaba que “no me parece que el equipo que yo despliego sea ni feo ni lindo. No hay espacio para el misticismo en la denigración de Pepsi, es una cita mía para un estudio de artistas durante el año pasado. Quiero remarcar eso enfáticamente. Mis tubos fluorescentes nunca “se quemaron” deseando un dios. Prefiero el término “propuesta” y me esfuerzo por usarlo correctamente. No conozco otro “trabajo” que mi arte. Por algunos años, desarrollé un sistema de diseño por diagramas para luz fluorescente en situación”. En este fragmento está concentrada la mayor parte de las preocupaciones del artista que había nacido en Nueva York en 1933 y murió en 1996, no sin antes ser pionero del Minimalismo y el Arte Lumínico, célebre por transformar la historia del arte contemporáneo al utilizar exclusivamente tubos de luz fluorescente comerciales como medio escultórico. Mediante esas “propuestas” o “situaciones” hay un rechazo a la escultura tradicional y sus materiales. De hecho, ni siquiera los tubos fluorescentes son la “obra”, sino la luz radiante que sale de ellos, en varios colores y tamaños, es la verdadera obra de arte. Su idea fue más iluminar un espacio, modificar la visión de eso; fue cambiar la percepción que las piezas que usó para hacerlo. Para que algo sea una obra de Dan Flavin tiene que estar encendida. Recibió una educación católica estricta, tuvo una vocación religiosa, estudió para sacerdote pero abandonó todo, cuando ingresó a la Fuerza Aérea y fue técnico meteorológico en Corea. Luego, a fines de los años 50, cursó la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Columbia. Ese detalle de su formación religiosa no es menor: en lo más obvio de la serie de los Iconos (1961–1963) que marca su transición desde dibujos y collages influenciados por el Expresionismo Abstracto a estos tubos de luz sobre cajas de madera de un solo color en alusión irónica a las imágenes religiosas de su infancia. Aunque de manera un poco más diferida hay algo devocional en la constricción y estrechamiento de materiales para la construcción de sus obras. Si bien no buscaba misticismo ni servir a dios, pero fueron el catálogo limitado, su cilicio apretado alrededor de su cuerpo creativo. Su lenguaje visual se redujo a cinco formas (cuatro longitudes de tubo recto y una circular) y diez colores (azul, verde, rosa, rojo, amarillo, ultravioleta y cuatro tonos de blanco).