Hay pocas certezas. Pero para llegar a conclusiones, se parte de una verdad: esos dólares algo tenebrosos que se descubren escondidos en el vestidor más famoso del país, no estaban declarados. Esto quiere decir, acercándose de una manera naif a una primera definición, los dólares de la vivienda compartida entre Jesica Cirio y Martín Insaurralde provienen de alguno o alguno de los múltiples mercados en negro que abundaban en la Argentina en aquellos tiempos del comienzo de la década. Para acercarse entonces a la proveniencia de ese dinero, puede hacerse una primera aproximación, a partir de una radiografía de la pornografía visual que arrojan al ciudadano común esos billetes. Comencemos por el primer video de cuatro disponibles. Las prolijas manos de la exvedete recorren unos cajones que al abrirse descubren una cancheras remeras del dirigente peronista del conurbano bonaerense de marcas de shopping seleccionado, que al levantarse con cuidado por parte de la “ex” vedette; otorgan la primera sorpresa. Fajos de dólares dentro de las populares bolsitas ziploc acomodados con cierta desprolijidad y desacomodamiento, como si el guardado fuera una molestia. Se observa como curiosidad la diversidad de estado de los dólares; con unidades más blancas y puntillosas, y otras más amarillas. Igualmente todos valen. Siga siga. Surgen aquí las primeras conclusiones que se repetirán en el resto del material visual. En todos los casos se trata de billetes de 100 dólares ubicados de a 100. Esto es, cada fajo será de 10.000 dólares; fórmula que continuará hasta el fin del documental surgido de un viejo celular de la famosa artista. Nada de unidades de cinco, diez o veinte. Todos de 100. La segunda conclusión del primer video es que en todos los caos se trata de dólares cara grande; con lo que en los mercados alternativos, valían lo que valían: un billete de 100 dólares que vale 100 dólares. Es el billete de US$ 100 emitido desde 1996 en adelante, donde Benjamin Franklin aparece con la cara más grande. Y apetecible. Algo fundamental para dinero que no tenía la alternativa de ser cambiado dentro del sistema financiero legal; único lugar donde a los billetes cara chica se los respetaba como lo que son sin discriminar ni devaluar entre un 5 y 10%. Reflexiones finales sobre ese primer video: el ahorrista del vestidor acomodaba los billetes de a fajos de 10.000 y solo aceptaba cara grande. Por lo demás, bastante desprolijo. Pausa de hidratación, necesaria para el lector que empieza a espeluznarse. El segundo video es una continuidad de lo anterior. Siguen las remeras de camuflaje que al levantarlas descubren el tesoro en efectivo. Predominan los grupos atados con bandas elásticas. Y siguen las ziploc desordenadas con los billetes de numeración de 100 y fajos de 100. Se les pregunta a especialistas de los mercados alternativos del dólar sobre la imagen (siempre se conoce a alguno), sobre el uso de las bolsitas de plástico que cualquier ama de casa utiliza para preservar alimentos; sobre si es normal y cuidadoso guardar un billete en ese producto del día a día hogareño. La respuesta es positiva. Si el ziploc está bien cerrado, termina siendo hermético. Y en consecuencia, seguro para la salud de los billetes para su almacenaje y estibaje futuro. Lo cual no quiere decir que sea habitual su uso en las denominadas cuevas; donde lo más común es (si la cantidad de billetes circulando lo amerita) utilizar las famosas máquinas contadoras de dólares (y cualquier moneda por cierto), en su versión más moderna y sofisticada (existente en el país desde el 2023, año de la filmación del documental del vestidor). Esa máquinas permiten no solo contar, sino acomodar con una cinta blanca cada fajo de 10.000 dólares. En este segundo video comienzan a aparecer dólares de este tipo, aunque aún predominan los contenidos vía banditas elásticas.