Jesica Cirio cometió un pecado original: grabar con su teléfono el escondite donde su entonces marido, Martín Insaurralde, guardaba dólares ordenados con prolijidad dentro de bolsas ziploc. La filmación recorre los cajones de un vestidor en la planta alta de la mansión del country Fincas de San Vicente. Se calcula que el botín filmado podría rondar los 10 millones de dólares, repartidos en una valija carry on y entre los cajones del placard. Había tanto efectivo que algunos cajones se cerraban con una sola remera encima de los fajos: de otro modo no encajaban.

Ese registro doméstico, fechado en 2023, es hoy el eje de una historia con dos extorsiones encadenadas. En una, Cirio aparece como autora. En la otra, como víctima. Las dos giran sobre el mismo objeto: el video.

Extorsión I. La primera línea la abrió el entorno de Elías Piccirillo, el financista involucrado en el escándalo de las SIRA, que se casó con Cirio en 2024 en el Palacio Duhau y que cumple prisión domiciliaria acusado de armar un operativo para imputar de forma falsa por narcotráfico a Francisco Hauque, un acreedor al que le debía dinero. Su abogado, Gastón Francone, lo dijo en Radio Mitre: "Ese video lo tenía un montón de gente, se negoció el divorcio de ella en su momento con ese video". La frase ubica al material como moneda de cambio en la separación de un funcionario cuyo patrimonio ya estaba bajo la lupa.