La página de servicios, como se conoce internamente a la antepenúltima plana del periódico de papel, ha dejado de reflejar desde el pasado 12 de junio tres indicadores medioambientales: la predicción meteorológica, la calidad del aire en seis ciudades españolas y la concentración de dióxido de carbono. Varios lectores han coincidido en lamentar este cambio, ya que para ellos la consulta de estos datos se había convertido en un hábito. “Contemplo con preocupación la desaparición en EL PAÍS de la información sobre la concentración de CO2 en la atmósfera”, escribe uno de ellos, Javier Berasaluce, quien atribuye un sesgo ideológico a esta ausencia y lo considera una traición a la línea progresista del periódico. El rediseño de esta página obedece a una cuestión más mundana. El responsable hasta ahora de estos registros, el físico experto en meteorología Jorge Luis Ron, se ha jubilado y, al buscar un relevo, el periódico ha hecho un análisis de los datos que se reflejaban hasta ahora. “La información meteorológica se sigue dando en formato mapa y hemos optado por añadir un día más de predicción (pasado mañana, para el lector), en lugar de glosar en un breve texto el mapa del día, con independencia de que sigamos tratando informativamente episodios como la reciente ola de calor”, explica el director adjunto del periódico, Miguel Jiménez. Al analizar la fuente sobre la composición del aire, se comprobó que la información que se estaba dando era muy limitada y simplificada e incluso podía llevar a confusión. “La calidad del aire es muy diferente en distintos lugares de una misma ciudad dentro de un continuo que no se corresponde con los límites municipales, ni con las tres categorías del gráfico (buena/regular/mala), ni con los tres periodos fijados (mañana/tarde/noche). Con frecuencia, en diferentes partes de una misma ciudad, por ejemplo, hay estaciones que miden simultáneamente calidad del aire buena, regular y mala. Y una misma estación ofrece diferentes lecturas a lo largo de una misma mañana”, aclara este mando. Algo parecido ocurría con la tabla de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, añade el director adjunto. Esta solo se actualizaba semanalmente y no resultaba útil: “Las variaciones semanales dicen muy poco al lector, pues tienen que ver sobre todo con la estacionalidad, y la tendencia de aumento a largo plazo es bien conocida y la cubrimos editorialmente desde el punto de vista informativo”. El aviso de lectores como Fernando García, Joaquín F. Oviedo o Luis Armenta, entre otros, me permite poner el foco en una cuestión de calidad de la información que no resulta menor. Cuando la página de servicios fue rediseñada en el verano de 2019, precisamente el argumento que ofreció el periódico a los lectores fue que se iba a introducir un contexto medioambiental a la información del tiempo, para que también ayudara a comprender cómo está cambiando el clima. “Se quiere concienciar al lector del calentamiento global”, afirma la noticia que explicó entonces los cambios. Si los registros que ha reflejado esta página desde entonces no eran los idóneos, como indica el director adjunto del periódico, la respuesta no debería ser que desaparezcan estos datos, sino buscar mejores fórmulas para mostrarlos. Por ejemplo, hacer series de periodos más largos que una semana para exponer mejor la concentración de dióxido de carbono en el aire, aunque no se publiquen diariamente. No solo sería bueno escuchar a estos lectores y atender sus deseos en este aspecto, sino también desbrozar el fondo de sus argumentos. Creo que Javier Berasaluce tiene razón cuando afirma que hay un factor ideológico en esta información, aunque su diagnóstico no sea certero, porque el cambio de la página no está relacionado con una postura política del periódico. Poner el foco en la crisis climática es una bandera levantada por este periódico, al igual que se han enarbolado las del feminismo, la inmigración o los problemas de la vivienda como señas de identidad. Una apuesta informativa se basa en una manera determinada de mirar el mundo y forma parte de la línea editorial de un periódico. En este caso, supuso también inaugurar un área de Clima y Medio Ambiente, con un espacio propio en la web, en octubre de 2020. Englobada en la sección de Sociedad, en ella trabajan en la actualidad cuatro periodistas especializados. Esta semana han sido los responsables, junto al equipo de Nuevas Narrativas, de explicar los efectos de la ola de calor, con informaciones de servicio diarias, mapas y buscadores de las zonas más afectadas. No hay por tanto ningún abandono editorial de la preocupación sobre la crisis climática como sugiere este lector. Pero esta inquietud por el rediseño de la página de servicios revela hasta qué punto, incluso los espacios que en apariencia son los más rutinarios, condensan las expectativas, los hábitos y hasta una específica visión del mundo de quienes son fieles al periódico. En 2022, dos años después de abrir el modelo de suscripciones, EL PAÍS hizo una encuesta entre sus abonados para conocer las razones que los habían llevado a formar parte de su ecosistema y una de las que explicaban era justamente la apuesta por contar la emergencia climática. En un momento en el que la crisis medioambiental exige más, y no menos, contexto y pedagogía no parece que retirar datos imperfectos sea lo más afortunado, más sin haberlo aclarado antes al lector. El desafío es justamente afinar las herramientas para explicar mejor el mundo en transformación. Como demuestran estos lectores, también la página de servicios forma parte del compromiso del periódico con la realidad que pretende describir. Por eso, no debe darse ningún paso atrás. Para contactar con la defensora puede escribir un correo electrónico a defensora@elpais.es o enviar por WhatsApp un audio de hasta un minuto de duración al número +34 649 362 138 (este teléfono no atiende llamadas).