Para muchos, el mar es sinónimo de esas vacaciones que ya están a la vuelta de la esquina. Pero también es un inmenso océano de trabajo, riqueza e investigación que da empleo a millones de personas en todo el mundo. Desde la navegación y la construcción naval hasta la biología marina, la pesca o las nuevas energías renovables, la denominada economía azul ofrece un amplio abanico de profesiones y estudios con un futuro muy prometedor. Como la Ingeniería Naval y Oceánica, una titulación clave para el diseño, construcción y transformación tecnológica de buques y estructuras marinas en un sector en expansión y con creciente demanda de profesionales cualificados.En España, siete universidades públicas imparten estos estudios de grado —A Coruña, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria, Cantabria, y las politécnicas de Cartagena, Cataluña y Madrid—, sumando en torno a 470 plazas de nuevo ingreso por curso. En la Politécnica de Madrid el crecimiento de matrículas ha sido exponencial. “En primer curso han pasado de en torno a 120 hace unos años a 162 el año pasado y 184 en este curso que termina”, explica el director de su Escuela de Ingeniería Naval, Antonio Crucelaegui. “Este aumento de demanda se traduce también en una situación de alta competencia por el acceso, hasta el punto de que unos 50 estudiantes se quedan sin plaza”.El perfil del alumnado es el de “buenos estudiantes, con expedientes sólidos”, que “en muchos casos están familiarizados con el entorno naval o marítimo y buscan un desarrollo profesional de alto nivel y proyección internacional”, describe.Crucelaegui subraya el amplio abanico de salidas profesionales, desde astilleros, navieras o consultorías hasta ámbitos en expansión como la digitalización, la simulación avanzada o el gemelo digital. A ello se suman nuevas áreas como las energías renovables marinas, la descarbonización, los combustibles alternativos como el hidrógeno, la ingeniería de sistemas o grandes proyectos como el submarino S-80 y la industria de defensa.Pero destaca especialmente la necesidad de ingenieros navales en España: “Unos 300 ingenieros cada año y solo egresan unos 75 entre todas las escuelas del país”, lamenta el experto.¿Quieres ser capitán de barco? Los barcos no solo hay que construirlos: hay que tripularlos, operarlos y mantenerlos en funcionamiento en condiciones a menudo muy exigentes. Eso es lo que enseña la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas de la Universidade da Coruña (UDC), centro abierto en 1950 y especializado en formar a quienes serán responsables de dirigir y operar los buques. Su oferta se articula en dos grados: Náutica y Transporte Marítimo, que da acceso a ser piloto de la Marina Mercante, y Máquinas Navales, orientado a oficiales de máquinas.El recorrido no termina ahí: quienes aspiran a la máxima responsabilidad a bordo deben completar másteres habilitantes, requisito para ser capitán o jefe de máquinas. Estas titulaciones se imparten en siete escuelas náuticas en España; además de A Coruña, en Gijón, Santander, Bilbao, Barcelona, Cádiz y Tenerife, y su demanda no ha dejado de crecer. La escuela de A Coruña oferta 50 plazas en cada grado, que se cubren curso tras curso e incluso se superan. “Además, cada año llegan estudiantes extranjeros, sobre todo de Latinoamérica, pero también de Marruecos y Argelia”, apunta Manuel Romero, su director. Como ocurre con los ingenieros navales, el principal atractivo son las salidas laborales. “Prácticamente todos nuestros egresados encuentran trabajo en un plazo muy corto de tiempo, con salidas tanto en mar como en tierra”. El principal reto, advierte Romero, es la captación de profesorado por la alta empleabilidad del sector privado. Por ello, “en muchas ocasiones recurrimos a antiguos alumnos para incorporar talento al ámbito universitario”.Pocos países mantienen una relación tan estrecha con el mar como España, tanto por su geografía como por el peso económico de las actividades marítimas. Somos una de las grandes potencias pesqueras de la Unión Europea, una actividad estratégica para el crecimiento sostenible, el abastecimiento alimentario y la cohesión de las zonas costeras. Sin embargo, más del 35% de los profesionales del sector pesquero en España supera los 50 años y el porcentaje de menores de 30 es cada vez más reducido. La flota envejece y se pone en riesgo la transmisión de conocimiento y capacidad productiva.Impulsar el relevo“El principal reto es el necesario relevo generacional”, apunta Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca). “El sector ofrece hoy oportunidades laborales muy distintas de las que muchos jóvenes imaginan”, señala. Para trabajar como marinero basta el título de marinero pescador, una acreditación básica que en algunas comunidades se obtiene con un curso de unas 25 horas, además de formación en seguridad y reconocimiento médico. Para puestos de mayor responsabilidad, como oficial de puente o máquinas, el acceso pasa por formación profesional (FP) marítimo-pesquera. Tradicionalmente, estos estudios combinaban dos años de formación y uno de prácticas, pero Cepesca lleva años trabajando con regiones y centros para impulsar la FP Dual, que alterna aula y embarque desde el inicio. Los alumnos pasan seis meses en clase y seis a bordo, integrando las prácticas en la formación. Así, un itinerario que antes duraba tres años puede completarse en dos. El modelo ya funciona en escuelas de Vigo, Asturias, Lugo o Cádiz.“Los barcos de hoy no son los de hace décadas”, argumenta Garat para atraer vocaciones. “Es cierto que no es lo mismo la pesca artesanal, que regresa a puerto cada día, que un gran atunero congelador que pasa meses frente a las costas de África, en el golfo de Guinea, o en el entorno de Seychelles, Madagascar o en aguas abiertas del Índico. Pero la vida a bordo de esos grandes barcos ha cambiado mucho, sobre todo por las telecomunicaciones y la mejora en las condiciones de habitabilidad, con camarotes más cómodos y espacios comunes renovados”, destaca.A ello se suman los salarios: varían según la flota, pero suelen estar por encima del salario mínimo interprofesional y en muchos casos funcionan con el sistema “a la parte”, por el que los tripulantes reciben un porcentaje de las capturas. “Un joven que llegue a patrón o capitán puede alcanzar niveles salariales superiores a la media”, concluye.Por último, el mar también necesita científicos. El grado en Ciencias del Mar, que se imparte en universidades como las de Vigo, Cádiz, Alicante, Las Palmas o Valencia, forma a los especialistas que estudian los océanos, gestionan los recursos pesqueros y analizan el impacto del cambio climático sobre los ecosistemas marinos. Sus salidas van desde la investigación y la conservación ambiental hasta la participación en campañas científicas embarcadas, cada vez más frecuentes. La demanda de estos estudios no es menor: solo en la Universidad de Cádiz, referente nacional de la titulación, cerca de 800 estudiantes solicitaron una de las 50 plazas ofertadas el pasado curso.Cada vez más mujeres a bordoUno de los desafíos de estas profesiones ligadas al mar es la baja presencia femenina en un sector tradicionalmente masculino. Pero los datos indican cierto cambio de rumbo. “Tras décadas en torno al 27%-30% del estudiantado, el último curso [la presencia femenina] ha alcanzado el 35%, superando por primera vez el techo del 30%”, señala Antonio Crucelaegui, director de la Escuela de Ingeniería Naval de la Politécnica de Madrid. Hay más ingenieras, pero también más interesadas en ser capitanas de barco porque, señala Manuel Romero, director de la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas de la UDC, “en el grado de Náutica y Transporte Marítimo las mujeres representan ya cerca del 40% de los nuevos estudiantes”. Pero sigue habiendo retos: “En Máquinas Navales, sin embargo, el porcentaje se mantiene más próximo al de otras ingenierías, con alrededor de un 10% de alumnas. Para reforzar las vocaciones femeninas estamos desarrollando actividades de divulgación y captación dirigidas a estudiantes de secundaria y bachillerato”, concluye Romero. En ocasiones hay interés, pero se necesitan cambios. El secretario general de Cepesca, Javier Garat, considera que “hay que adaptar instalaciones y barcos, porque aunque sigue siendo una actividad tradicionalmente masculinizada, cada vez son más las mujeres que trabajan como marineras, oficiales, patronas, observadoras científicas o inspectoras a bordo”.Másteres a medidaEl sector se está transformando tanto que hay un vacío de estudios sobre asuntos muy concretos, como derecho marítimo, eficiencia energética o inteligencia artificial. El Instituto Marítimo Español (IME), centro especializado que lleva 40 años ofreciendo formación de posgrado al sector marítimo, “nació para cubrir esa carencia”, según su directora, Mercedes Pardo. “Lo que hacemos es formación muy orientada a lo que las empresas demandan”, resume.El IME concentra su actividad en másteres y cursos dirigidos a profesionales en activo y titulados universitarios que buscan especializarse o reorientar su carrera hacia el ámbito marítimo. Uno de sus programas más consolidados es el máster en Negocio y Derecho Marítimo, desarrollado junto a la Universidad Pontificia Comillas, con perfiles muy diversos, desde ingenieros navales hasta juristas o titulados en ADE. Se trata de un programa de carácter reducido —unas 25 plazas por edición— pero muy asentado, al que buena parte del alumnado llega por recomendación directa. Esa conexión con la industria es también la base de nuevos programas, como el máster en Reparación de Buques y Unidades Offshore, “que impulsamos tras la demanda de un astillero en Canarias ante la falta de perfiles especializados”, recuerda Pardo. El programa se desarrolló junto a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y posteriormente se trasladó a Madrid, en colaboración con Bureau Veritas, para facilitar su reconocimiento internacional. No es el único curso novedoso. Pardo asegura: “Las navieras están viviendo una transformación muy profunda por la regulación ambiental, con un gran impacto de las nuevas exigencias en materia de emisiones y sostenibilidad. Tenemos programas sobre la reducción de emisiones, el comercio de derechos o combustibles alternativos. También se están transformando digitalmente y por eso tenemos una línea de formación en automatización portuaria, buques autónomos, inteligencia artificial aplicada a la logística y digitalización de procesos”. El objetivo, indica la directora del IME, es “adaptar al sector a los cambios tecnológicos que ya están en marcha”.“Formamos cada año en torno a 500 alumnos, con un peso creciente del alumnado internacional, que representa entre el 35% y el 40%. La mayoría procede de Latinoamérica, especialmente de países como Panamá, Ecuador o Chile, aunque también hay presencia de estudiantes de otras regiones”, desgrana Pardo. “En algunos casos, colaboramos incluso en la formación de profesores de universidades marítimas extranjeras, como la de Panamá”.El rango de precios de los programas es amplio: desde cursos de unas horas (en torno a 300 euros) hasta másteres que alcanzan los 19.000 euros. Muchos cuentan además con bonificaciones a través de Fundae o ayudas específicas del sector.La directora del IME capitanea también un proyecto denominado Educación Azul, una asociación sin ánimo de lucro orientada a la promoción del mar, de sus recursos, sus valores, su potencial y empleabilidad a través de la educación. Lo hacen mediante proyectos en colegios, presencia en iniciativas como Aula, elaborando guías informativas y con el lanzamiento de la aplicación BluePath, que ayuda a los estudiantes a explorar distintos perfiles profesionales, conocer qué estudios conducen a ellos y descubrir itinerarios formativos relacionados con el mar.
La economía azul busca relevo
El sector del mar, tan inabarcable en estudios y profesiones como los mismos océanos, ofrece cada vez más grados, posgrados y cursos de todo tipo para una nueva generación de trabajadores que tiene la oportunidad de aprovechar las nuevas tecnologías y la digitalización para revitalizar una actividad relevante para España







