Lamentablemente tenemos que ocuparnos de otros partidos que no son de futbol: los partidos políticos. Ajenos a la algarabía nacional provocada por el Mundial y el emocionante desempeño de su selección, las fuerzas políticas nacionales continúan su vida sin mayores alteraciones pues viven de las desdichas colectivas y en las alegrías tienen poca cabida.Esta semana que concluye hubo noticias de actividades partidistas. En el caso de Morena, comenzaron los procesos de selección de candidaturas para gobernar en 17 entidades que tienen elecciones el año entrante. Asustados por la mala imagen que ha generado desde hace tiempo la militancia del movimiento político, la dirigencia endureció las reglas de la competencia interna. La etiqueta de narcos que se ha generado por el supuesto involucramiento de gobernadores y otros actores con el crimen organizado no se limpiará fácilmente y ha calado en la opinión pública. Si nuestra democracia está sobre reglamentada, Morena dio un paso más allá poniendo requisitos absurdos. En una confesión de que prácticamente todos tienen puestos en algún gobierno, se exige que los aspirantes renuncien al cargo meses antes de la selección. ¿De qué vive esa gente el tiempo que dura la campaña interna? Y luego les exigen honestidad. Pero el problema que enfrentará Morena será el de administrar los conflictos generados por las decisiones que se tomen. Se sabe que en las elecciones internas muchos participantes lo hacen para obtener un premio con un cargo diferente, una costumbre muy mexicana que premia a los perdedores y genera incentivos para acomodarse a la derrota. Tan solo en Guerrero hay 16 precandidatos, no hay manera de ofrecerles algo a todos. Las elecciones internas en los partidos políticos son tremendamente desgastantes, requieren de una institucionalización que en Morena no tienen. En el caso de Chihuahua, por ejemplo, hay dos candidatos potentes en el morenismo: Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar. Ambos están bien colocados y tienen reconocimiento del electorado. El que no gane tendrá el potencial para impedir el triunfo del otro. Ya ha pasado. Morena nació y creció con la fuga de descontentos de otros partidos y todo indica que le tocará ser el surtidor en esta ocasión. En el otro lado del escenario político, el PAN continúa imparable en su carrera al despeñadero. Esta semana se llevó a cabo uno más de sus eventos de relanzamiento que parece que son semanales. Por alguna razón la cúpula panista cree que su misión es realizar eventos como si se tratara de una empresa de relaciones públicas. La práctica de esa insospechada estrategia de desgaste ha conseguido que nadie hable de ese partido. Su evento no tuvo ninguna trascendencia. Nadie sabe de qué se trató. Mientras el panismo refrendaba su nadería política, el INE autorizaba la participación en la próxima contienda electoral de Somos México, un partido que será la natural competencia del panismo. Sin embargo, la directiva panista está muy contenta con el nuevo partido y le parece “una gran noticia” su aparición en la competencia política. No deja de ser extraño que haya gente que festeje a su sepulturero, pero en el PAN las cosas son así. Somos México es un nuevo partido político. Es una expresión más bien urbana y de clase media cuyo eje es el antilopezobradorismo. Va a recoger el voto descontento con el PAN que ha dejado de representar, precisamente, lo urbano, las clases medias y el encono con el oficialismo. El antilopezobradorismo de la dirigencia del nuevo partido está más que probado. En un país en el que el gobierno se manifiesta como una expresión de López Obrador, convertirse en la antítesis de ese movimiento genera réditos, más en una época en la que tener una definición en contra de algo o alguien es más importante que tener propuestas y proyectos de políticas públicas. Es cierto que el nuevo partido –que por orden de la autoridad tendrá que cambiar de nombre y de colores- está compuesto en su dirigencia por políticos reciclados, pero eso es normal y el tipo de contienda en México exige que haya gente experimentada en la política. Sin embargo, algo tendrá que hacer para no tener la imagen de un partido de “60 y más” y ofrecer caras nuevas, expresiones diferentes. No se trata de tener un partido juvenil pero tampoco uno nostálgico. Por lo pronto, varios de sus cuadros tienen habilidad y soltura mediática, lo que les permitirá estar presentes en los debates y en la lucha por encabezar el antimorena, que es precisamente la cancha que está abandonando el panismo para esconderse en el vestidor. @juainzavala