Entrevista Exclusivo suscriptores Amado de Andrés, representante de la Unodc en Colombia, explicó que la producción potencial de cocaína volverá a calcularse con nuevas variables.Amado de Andrés, representante de la Unodc en Colombia, explicó que la producción potencial de cocaína volverá a calcularse con nuevas variables. Foto: UnodcPERIODISTA JUDICIAL27.06.2026 23:01 Actualizado: 27.06.2026 23:01

Por primera vez, el representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) en Colombia habla sobre el informe de narcocultivos de 2024, que permaneció retenido durante más de un año en medio de un pulso con el Gobierno por la incorporación de nuevas variables a la medición de la producción potencial de cocaína, que en 2023 se disparó más del 50 %. En diálogo con EL TIEMPO, Amado de Andrés reveló a qué acuerdos llegaron y confirmó que ese indicador volverá a medirse con una metodología reforzada que incluirá variables como la "cocaína evitada".Por primera vez en 20 años, el informe de narcocultivos de la ONU no incluye la cifra de producción potencial de cocaína. ¿Cuál es la razón detrás de esa decisión?En las discusiones metodológicas que hemos tenido en los últimos años, vimos la necesidad de incorporar una hoja de ruta. De hecho, en el informe usted encuentra esa hoja de ruta con diferentes pautas. Una de ellas es precisamente la medición de la producción potencial de clorhidrato de cocaína, y esa medición la estamos fortaleciendo. La razón es que queremos publicar un informe que sirva como antesala al Informe Mundial sobre Drogas, que se publicó el 26 de junio, y que esa medición fortalecida de la producción potencial de cocaína sea la que se incluya en el informe de 2025, que esperamos publicar hacia finales de este año.Hubo filtraciones e incluso cifras atribuidas a la Policía Nacional que hablaban de que en 2024 Colombia habría superado las 3.000 toneladas de producción potencial de cocaína. Según los registros que ustedes tienen, aunque los ajustes metodológicos todavía no han concluido, ¿el país alcanzó esa cifra?Lo que puedo decir es que es importante reconocer que existe una producción potencial de clorhidrato de cocaína, pero nosotros nos basamos únicamente en las cifras publicadas y avaladas. Como esa cifra no fue publicada en este reporte, no vamos a comentarla. Sí lo haremos cuando se publique la nueva cifra de producción potencial de cocaína en el reporte que saldrá de aquí a diciembre.Según el último informe Simci, Colombia tiene 261.000 hectáreas sembradas con coca. Foto:CEET/Juan Pablo RuedaEl informe demoró en publicarse cerca de un año más de lo previsto precisamente por las discusiones metodológicas con el Gobierno colombiano, que incluso presentó notas diplomáticas ante Naciones Unidas para pedir aclaraciones. ¿A qué acuerdos llegaron?Lo primero que quisiera decir es que cualquier discusión metodológica fortalece la metodología. Los reportes de coca son un instrumento científico para valorar la dirección de las políticas públicas. Cada gobierno decide cómo interpreta y utiliza esa información. Si usted revisa la hoja de ruta, verá que el primer punto es la actualización de la producción potencial de clorhidrato de cocaína. Esa actualización se dará en el contexto no solo del fortalecimiento metodológico, sino también de la incorporación de nuevos indicadores. Uno de esos indicadores, que nos parece muy importante, es el de cocaína disponible. Esta discusión no surgió únicamente por parte de Colombia. Países como Perú y Bolivia también plantearon la necesidad de incorporar el concepto de cocaína evitada. Esta variable busca reflejar aquella producción potencial que nunca llegó a los mercados. Allí podrían incorporarse indicadores como las incautaciones, la transformación de los territorios, las políticas de erradicación voluntaria y también las de erradicación forzosa. Además, conformamos un comité científico de seguimiento que trabaja aquí en Bogotá con expertos independientes. Debo decir que los expertos de la UNODC son independientes y ahí radica buena parte de nuestra credibilidad. Ese comité también tendrá asiento en Viena, porque no hay que olvidar que todo lo que analizamos y publicamos pertenece a los Estados miembros. Nosotros somos el instrumento para que cada Estado, a través de su gobierno, mida y caracterice el fenómeno de la coca. Ese trabajo debe pasar por el comité científico, que además coordina la evaluación de las políticas públicas con la Comisión de Estupefacientes, que es nuestro órgano rector. Por eso, la interacción entre lo que ocurre en Bogotá, lo que ocurre a nivel global en Viena y el análisis de los reportes de coca debe tener un impacto a largo plazo. Estoy seguro de que los gobiernos, incluido el nuevo gobierno del presidente electo, entenderán la importancia de continuar este tipo de análisis metodológico.¿Estas nuevas variables, como la cocaína evitada por las incautaciones, reducirán la cifra de producción potencial o funcionarán como indicadores independientes?La producción potencial se refiere exclusivamente a la cantidad de cocaína que podría obtenerse, al 100 % de pureza, de las hectáreas sembradas en el país. Esa seguirá siendo la cifra de producción potencial. Lo que tendremos será un indicador complementario que muestre que una parte de esa producción potencial nunca llegó a los mercados por diferentes razones. La principal seguramente serán las incautaciones, pero también habrá otras causas: la erradicación, la decisión de algunos campesinos de no seguir procesando coca o procesos de paz. Lo que hará ese nuevo indicador será complementar la interpretación de la producción potencial y permitir que empecemos a pensar no solo cuánto se puede producir, sino cuánto realmente llega a los mercados. Si en Colombia se produjera una determinada cantidad de toneladas de cocaína, pero toda fuera retirada del mercado, el escenario sería completamente distinto al que se observa cuando solo se mide el potencial de producción. Ese es el objetivo de este nuevo indicador. El valor de todo esto es que estamos ampliando la información disponible para entender el fenómeno. Ese es un elemento clave para el monitoreo. En ese sentido, aunque la hoja de ruta implica una pausa metodológica en la publicación del dato de producción potencial de cocaína, en realidad es una buena noticia porque vamos a contar con más información, más indicadores y nuevas formas de analizar el fenómeno. ¿Cómo hacer para que estas nuevas variables no alteren la comparación de las cifras entre un año y otro?En realidad, esa pregunta es el centro de toda la discusión que nos ha tomado este año. Es natural que las metodologías tengan ajustes. Si uno compara la forma como medíamos la producción potencial de coca en 2005 con la de 2013 y luego con la de 2019, encuentra cambios. Sin embargo, esos ajustes todavía estaban dentro del mismo rango metodológico; es decir, no implicaban un quiebre de la serie histórica. Hoy el fenómeno está cambiando a un nivel tal que la forma como veníamos midiéndolo ya no es suficiente para capturar esos cambios. Por eso estamos en esta discusión. Esta pausa metodológica busca responder dos preguntas: si estamos ante un quiebre de la serie histórica y, de ser así, cómo garantizamos la comparabilidad de los datos. Hay varias formas de hacerlo. Una es producir información con las dos metodologías durante un periodo de transición. Es decir, se mantiene la continuidad con la metodología anterior y, al mismo tiempo, se comienzan a generar datos con la nueva. Si usted revisa el informe de 2013, encontrará un ejercicio similar: hubo un cambio metodológico y durante tres años se produjeron datos con ambos métodos. Otra alternativa es construir curvas de empalme. Es decir, identificar qué factor cambió, aplicar factores de ajuste y generar una serie comparable. Esa opción será más compleja porque estamos hablando de actividades ilícitas y esos cambios no son fáciles de medir. Lo que sí podemos garantizar es que habrá suficiente información para mantener la comparación entre periodos, aun cuando la metodología evolucione.¿Estas nuevas variables y este fortalecimiento las aplicarán en la medición de las narcosiembras en otros países?Sí. La idea de crear el Comité Científico de Seguimiento es evaluar los resultados que esperamos presentar cuando publiquemos el nuevo reporte de coca. Existe una interacción muy importante entre la forma como medimos y caracterizamos el fenómeno en Colombia y el trabajo que se hace en otros países. Bolivia y Perú siguen muy de cerca lo que ocurre en Colombia. Mi impresión es que lo más probable es que esta metodología reforzada también termine aplicándose en esos países.Hablando de los resultados del informe, varios enclaves registraron un aumento importante de las hectáreas 'contaminadas'. ¿Por qué no lograron reducirse pese a, por ejemplo, las negociaciones de paz en Tumaco?Lo primero que hay que decir es que la dinámica de los cultivos depende de múltiples factores. El papel de los grupos armados es importante, pero también lo es la economía. Si usted cambia a los grupos, pero no cambia las condiciones económicas, eso seguirá afectando la dinámica de los cultivos. Lo mismo ocurre si mejora la economía, pero el territorio sigue teniendo altos niveles de vulnerabilidad, dificultades para acceder a mercados o capacidades humanas insuficientes para impulsar una transformación productiva. En esos casos, esas transformaciones tampoco van a suceder. Por eso no deberíamos esperar una reacción inmediata entre una intervención específica y el comportamiento de los cultivos. Ese ha sido uno de los principales mensajes del Sistema Integrado de Monitoreo y por eso celebramos que la hoja de ruta nos permita analizar el fenómeno desde diferentes perspectivas. Sucede, por ejemplo, con la erradicación. Uno esperaría que se erradiquen cultivos y automáticamente disminuya la coca. En efecto, se erradica y la coca baja, pero detrás existe un problema de sostenibilidad que explica por qué después de erradicar 10.000 hectáreas, pueden volver a aparecer otras 5.000.En 2023, la producción potencial de cocaína superó las 2.664 toneladas al año. Foto:Raúl Arboleda- AFPUna de las explicaciones del aumento del 53 % en la producción potencial de cocaína en 2023 fue la creciente industrialización de los cultivos y de este mercado ilegal. ¿En 2024 ustedes siguieron observando ese mismo fenómeno?Sí, se mantienen los cultivos con un perfil mucho más industrializado y también se mantiene la dinámica de los enclaves. En realidad, ese crecimiento de apenas 3,5 % entre un año y otro no significa que todo el fenómeno haya permanecido estable. Lo que ocurrió fue que los aumentos registrados en las zonas de enclave compensaron las reducciones observadas fuera de esos enclaves. Esa especialización productiva persiste. Y justamente por eso la estimación de la producción potencial de cocaína se vuelve tan importante. Necesitamos entender cómo esos cambios en el fenómeno están afectando la producción potencial. Si uno lee el informe, encuentra pistas muy claras sobre las políticas públicas que deberían implementarse en el futuro. Una de ellas es el incremento de los cultivos en zonas de frontera, como ocurre en Nariño y en Catatumbo. Creo que la política pública de los próximos doce meses tendrá que basarse en esos hallazgos y concentrar la acción del Gobierno en esos territorios. Otro dato muy interesante, que no siempre se presenta en otros países productores de coca, es que de los 1.122 municipios que tiene Colombia, 180 registran presencia de cultivos de coca, pero solo 10 concentran el 50 % de esa afectación. ¿Qué significa eso? Que la política pública puede ser mucho más focalizada.El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha anunciado que retomaría la aspersión con glifosato. ¿Cuál es la posición de Naciones Unidos frente a esta estrategia?Lo primero es que ninguna política, por sí sola, representa una bala de plata. La caracterización del fenómeno requiere respuestas integrales y esa respuesta tendrá que discutirse con el nuevo gobierno. Nosotros, como siempre, estamos disponibles para aportar esa discusión. A la luz de los resultados, y teniendo en cuenta lo ocurrido durante los últimos cinco meses, creemos que una combinación entre erradicación forzosa y erradicación voluntaria puede ser una alternativa interesante. Además, hay un socio indispensable: Estados Unidos. Así como ese país enfrenta el aumento del consumo de cocaína procedente de Colombia, Europa también vive una situación similar. En las conversaciones que hemos sostenido tanto con el Gobierno colombiano como con Estados Unidos, hemos visto una valoración cada vez más positiva de los esfuerzos de erradicación voluntaria.¿Qué observaciones hacen sobre las dinámicas y el control que ejercen los grupos armados sobre los cultivos de coca y el mercado ilegal de la cocaína en Colombia?Ese tema específico quedó por fuera de este informe porque ese análisis depende de la estimación de la producción potencial de cocaína. Analizar la influencia de los grupos únicamente a partir de las hectáreas sembradas nos ofrece una visión parcial. Para entender realmente esa relación necesitamos contar con la estimación de la producción potencial de cocaína. Dicho eso, sí observamos territorios donde existe un mayor control por parte de un solo grupo armado y otros donde ese control está mucho más fragmentado. Eso, por supuesto, tiene implicaciones sobre los rendimientos y sobre la estabilidad con la que puede desarrollarse el mercado ilegal.Al nuevo gobierno seguramente le interesará comprender mejor las dinámicas regionales, no solo en Perú y Bolivia, sino también en Ecuador y Venezuela, ¿cuál es la realidad de la coca en estos países?En Venezuela, por solicitud del Gobierno y de nuestros socios, iniciamos un análisis de riesgos y oportunidades que estará listo en septiembre. Ese estudio permitirá caracterizar no solo el fenómeno de los cultivos, sino también las dinámicas de los grupos criminales en ese país y en la frontera. Esa será una herramienta importante para orientar la política de cooperación entre Colombia y Venezuela. Con Ecuador estamos desarrollando un trabajo similar. Como a cualquier gobierno, al nuevo Ejecutivo le interesará fortalecer la cooperación con los países vecinos. El informe también muestra una tendencia que venimos observando desde hace tres años: la necesidad de fortalecer la cooperación con África subsahariana, África occidental y Asia. Las incautaciones de cocaína en varios países africanos se han multiplicado por siete. No solo en Senegal o Mauritania, sino prácticamente en toda África occidental. Eso plantea un reto importante: definir cómo el nuevo gobierno fortalecerá la cooperación internacional y cómo aprovechará la experiencia de la UNODC en esas regiones.En 2024, Naciones Unidad no publicó la cifra de producción potencial. Foto:JUAN PABLO RUEDAHoy se ha evidenciado que la minería ilegal se convirtió en una de las principales fuentes de financiación de los grupos armados, al punto de que algunos expertos sostienen que las ganancias del oro ilegal ya superan las del narcotráfico. ¿Qué han encontrado ustedes sobre ese fenómeno?Se trata de un fenómeno con un enorme impacto territorial. En muchos lugares los ingresos derivados del oro llegan a ser tan importantes como, o incluso superiores a, los de la cocaína, sobre todo porque algunos grupos criminales han perdido parte de su capacidad para sacar la cocaína del país. Pero ese balance depende tanto de la dinámica del oro como de la dinámica de la cocaína. Si esos grupos lograran llevar la droga hasta los mercados internacionales y venderla a los precios que alcanza allí, probablemente volvería a ser un negocio más rentable que el oro. Por eso son dos fenómenos que no pueden analizarse por separado. Cada vez están más interrelacionados. La principal preocupación es que, en territorios donde históricamente han existido economías ilícitas, cualquier nueva actividad ilegal termina siendo aprovechada por los grupos armados. Si no resolvemos de fondo las condiciones que permiten que en esos territorios prosperen las economías ilícitas, seguiremos viendo cómo los grupos pasan de una renta ilegal a otra, mientras las comunidades continúan sin oportunidades para desarrollar sus capacidades y vivir en condiciones de legalidad.¿Ya han hablado con el presidente electo o tienen prevista alguna reunión de empalme para presentarle este informe?Lo primero que hacemos, por respeto al Estado, es publicar el informe. A partir de ese momento se darán las condiciones para iniciar un diálogo con el presidente electo y con su equipo.Sara Valentina Quevedo DelgadoRedacción Justicia Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.