El PSOE celebró ayer su primer comité federal en un año. Si el de julio del 2025 le pilló en shock por el ingreso en prisión provisional de Santos Cerdán, que hasta tres semanas antes había sido su secretario de organización, el de ayer se desarrolló en una coyuntura política aun más difícil para los socialistas. José Luis Ábalos, en su día secretario de organización del PSOE y ministro, fue condenado el lunes por el Tribunal Supremo a 24 años de cárcel por su implicación en el caso Mascarillas. A este revés hay que sumar la investigación en curso sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y también otras causas que erosionan, con diverso grado de fundamento, pero en su conjunto de modo severo, la imagen del partido que gobierna España desde hace ocho años.Ante este panorama, Pedro Sánchez, secretario general de los socialistas y presidente del Gobierno, pronunció ayer en el comité federal un discurso combativo cuyo objetivo era cerrar filas, recuperar moral ante los desafíos electorales venideros y pedir coraje a los suyos, invitándolos a resistir pese a los ataques de la derecha, que reclama casi a diario el adelanto de las generales, hasta la fecha sin éxito.El afán que tiene Sánchez por contagiar a la dirigencia del partido su optimismo y su característico e indesmayable espíritu de resistencia choca con diversos obstáculos. No es el menos preocupante el resultado que el PSOE ha obtenido en el largo ciclo electoral autonómico desarrollado a instancias de Génova, de Extremadura a Andalucía, entre diciembre del 2025 y mayo del 2026, en el que se han encadenado cuatro victorias para el PP y, por tanto, cuatro derrotas para los socialistas.Un Sánchez combativo pide coraje a sus dirigentes para superar el momento actualConstituye también un obstáculo la sensación de incertidumbre en la que vive el PSOE, ante la posibilidad de que aparezcan nuevas causas o imputaciones, según anuncian los augures del PP, que, al parecer, disponen de un observatorio privilegiado sobre la judicatura e incluso sobre sus decisiones que podrían trascender en un futuro inmediato. Tampocoes cuestión baladí que existan en las filas socialistas líneasde disenso como la encarnada por el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, quien ayer volvió a pedir una moción de confianza o comicios anticipados, divergiendo de Sánchez, que por el contrario reafirma su deseo de apurar la legislatura y de no ir a las urnas hasta el año que viene.Aun así, y pese a la dimensión de los mencionados obstáculos, Sánchez logró ayer cohesionar a los suyos ante la batalla de las generales, que se habrán librado ya con toda probabilidad dentro de un año. Lo hizo lastrado por los casos de corrupción flagrantes, que lamentó y por los que se excusó, recordando que las manzanas podridas habían sido diligentemente extraídas del cesto. Pero le auxilió en tal logro la progresiva consolidación entre los dirigentes socialistas de la siguiente impresión: alguno de los encausados de los juicios más ruidosos –por ejemplo, el de Begoña Gómez, su esposa– están siendo víctimas de “la persecución, la obsesión y la desproporción” de determinados jueces, según apreciación de la Moncloa. Ayer, tras rememorar notorias flaquezas de la instrucción del juez Peinado, Sánchez formuló esta petición, sencilla a la par que elocuente: “Que la justicia sea justa”.El presidente emite una petición sencilla a la par que elocuente: “Que la justicia sea justa”Quiso también Sánchez insuflar ánimos a su partido, instándolo a actuar como él, con el coraje y la determinación precisas para superar este momento –el peor del PSOE, según García-Page–, echando mano de los 147 años de historia de tal formación, de los distintos ataques que ha padecido y de su condición de fuerza “que jamás ha tirado la toalla”.Es legítimo que el presidente quiera seguir hasta cumplir su mandato, mientras no se activen los mecanismos legales previstos para echarle –esa moción de censura que el PP no se decide a presentar– o no le atrapen los escándalos que ya afectan a alguno de sus antiguos colaboradores. En tal caso, su continuidad podría agotarse.Ningún gobernante siente tendencia a abandonar el poder si se ve con fuerza para ejercerlo. Pero la actual tenacidad de Sánchez no le garantiza un futuro mejor. Cabe la posibilidad de que una resistencia numantina, caso de abocar a una derrota en las urnas, deje al partido en una precaria situación parlamentaria, ante un horizonte de lenta recuperación. Entre tanto, el PP domina ya el mapa autonómico, controla el Senado y sueña con una victoria en el Congreso libre del control de Vox y con un PSOE empequeñecido. Veremos.